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Músic[a]
Sin embargo Son, con embargo Salsa
Por Antonio Gómez Sotolongo
contrabajo12@hotmai.com
Muy pocas veces se dedica la tinta necesaria para abordar las aristas políticas que inciden en la creación artística. Pocos han sido los autores que, hablando de la música popular cubana, llegaron a hurgar lo suficiente en las causas que originaron la creación de un género imaginario, la creación de una marca comercial llamada Salsa, una marca que durante los primeros años de la década del setenta comenzó a reabastecer los mercados de un producto que siempre se llamó, sin embargo, Son.
El primero de enero del 1959 Cuba amaneció con un nuevo gobierno, un Gobierno Provisional. Un ejército guerrillero, encabezado por el doctor Fidel Castro Ruz acababa de sacar del poder a Fulgencio Batista Saldívar. Entonces nadie pudo imaginar que aquel acontecimiento político iba a propiciar las condiciones para que nada volviera a ser igual, para que la música cubana, con embargo, se metamorfoseara en Salsa.
El 17 de mayo de 1959, aquel Gobierno Provisional promulgó una Ley de Reforma Agraria y miles de caballerías de tierra fueron expropiadas. El ocho de mayo del 60 estableció relaciones con la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En agosto del mismo año se nacionalizaron propiedades por toda la isla y el 19 de octubre el gobierno de los Estados Unidos decretó un embargo comercial contra la República de Cuba.
Tal diferendo político propició que, durante la segunda mitad del siglo XX, un gigantesco muro creciera entre ambos países. Un muro que haría perder de vista uno de los productos más preciados, un producto que entonces debió seguir su vida detrás del muro. Fuera del muro, el género, se había hecho tan necesario que, al no poseerlo, decidieron reinventarlo.
El artículo no pudo nacer de un día para otro, los procesos que discurren entre la inteligencia y la naturaleza, entre la conciencia y la vida material se toman su tiempo, nunca, por más que se quiera, una etapa termina en la víspera. Las leyes de la naturaleza y la sociedad son verdaderamente inviolables; por eso, no fue hasta el 1973, catorce años después de decretado el embargo contra el régimen que se instauró en Cuba, que apareció en el mercado un artículo llamado Salsa.
La producción musical cubana había establecido su hegemonía en el mundo desde el siglo XIX y era bien acogida por el público en Europa y en toda América. Algunos géneros eran tomados por compositores en diversas latitudes como modelos a seguir y así trascendieron al siglo XX habaneras creadas en diversos confines de la tierra, tangos, congos, danzas y danzones. En las regiones orientales de Cuba, es decir Santiago de Cuba, Guantánamo, Bayamo y toda esa zona que hasta 1975 se conoció como provincia de Oriente, confluyeron elementos melódicos y rítmicos que ya a finales del siglo XIX tuvieron la palabra Son como distintivo genérico. Hacia los primeros años del siglo XX llegó a La Habana el Son y desde allí, como centro en el que se disponía de los medios de difusión apropiados, comenzó a difundirse por el resto de las Antillas y el mundo. En compás de dos por cuatro, con un diseño en el acompañamiento generalmente con el bajo adelantado, las claves haciendo el ritmo de clave cubana o cinquillo cubano, y ocho semicorcheas por compás en el rasgueado de la guitarra cantaron de una manera diferente los trovadores a dos voces. Una forma que sintetizó los elementos culturales llegados de África con los elementos criollos. En sus bailes, en el monte se sonaban guitarras, claves y bongoes y se bailaba con soltura y desenfado. Desde La Habana, donde se encontraban las grandes difusoras (prensa, radio, cine y televisión) el Son cubano comenzó a colarse en todas partes y a expandirse por todo el orbe, a calar además todos los demás géneros de la música cubana y a convertirse en la columna vertebral del complejo cuerpo cultural cubano. |
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