17 de Marzo del 2003 • Edición número 1,297
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

565-5581, extensiones desde 391 hasta 400 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
Encuentro con el optimista regresivo




Por Jacinto Gimbernard Pellerano.

Me he encontrado con un antiguo optimista mesurado y culto que, decepcionado del valor del pensamiento y la palabra para contribuir a una mejoría nacional, se tornó en optimista hazañoso. Sacando fuerzas de flaquezas se envolvió en un movimiento Concientizador, destinado a elevar los valores morales de la política nacional. Lo encuentro eufórico hace algunos meses y él, calificándome de optimista irreductible, me informa a borbotones de sus propósitos.

Yo, abatido por un interminable encadenamiento de actitudes contrarias a la buena función nacional, lo sorprendo con una apática frialdad que apenas puedo disimular por más esfuerzos que hago para no desinflar tan patriótico altruismo.

Me han pisoteado el optimismo, me lo han arrastrado por el suelo, me lo han vapuleado. Llego a la conclusión de que los altos cargos parecen estar untados de venenos de ineficiencia, egoismo y descaro. Naturalmente que hay excepciones que permiten que sobreviva un rescoldo de esperanza.

Posteriormente percibo que mi patriótico amigo me está evadiendo. Cuando le pregunto cómo andan sus planes, me responde con un gesto ambiguo y el asomo de una sonrisa triste. Es que todo se había desmoronado. El descreimiento de aquellos con quienes hablaba y a los cuales les hacía propuestas nobles, le había aplastado su caudal de buenos sueños.

Me he tropezado nuevamente con él la semana pasada y lo encuentro con su aureola de entusiasmos reverdecida. No puedo ocultar mi sorpresa y le pregunto: ¿Qué hay de nuevo? Todo va bien —responde con alegre alertidad-. Ya se le está haciendo daño a todos las clases…ricos, pobres medianeros y miseriosos. Así las cosas tienen que cambiar, inevitablemente. Si bien es cierto que la mentira repetida se convierte en verdad, también es verdad que el cúmulo de mentiras genera un descreimiento que necesariamente desemboca en cambios. En cambios buenos, en transformaciones positivas. No podemos caer más, endeudarnos más, manejar el Estado caprichosamente y al desgaire. He vuelto al optimismo— me dice con los ojillos brillantes.

Me brincó a la memoria con esa erraticidad con que ella me da y me quita, con que escribe y borra, una conversación de Sancho Panza con Don Quijote (Parte II, capítulo 19): Dios, que da la llaga, da la medicina; nadie sabe lo que está por venir; de aquí a mañana muchas horas hay y en una, y aún en un momento, se cae la casa; yo he visto llover y hacer sol, todo a un mesmo punto; tal se acuesta sano en la noche, que no se puede mover al otro día….He dicho y escrito muchas veces que, para mí, este país está “condenado” al progreso y lo más que pueden hacer sus gobernantes y funcionarios es retrasarlo.

No estoy enterado de las razones que se manifiestan en un auge de la construcción, de la inversión industrial, de una suntuosidad que por magnitud, misterio de origen y relampagueante aparición, pero uno espera que todo eso permee beneficiando con fuentes de trabajo a una población que está debajo.

¿Es simple lavado de dinero? ¿Se trata de negocios sucios con apoyo oficial? ¿Tiene que ver con el tráfico de drogas?

Poco a poco se nota una creciente indignación por el descaro con que ladrones de altos niveles civiles y militares se pasean por todas partes a pesar de comprobadas culpabilidades, arropados de impunidad.

Los próximos gobiernos tienen que pensar muy bien hasta donde llevan la permisividad al delito, movidos por un entramado de intereses muy complejos, en los cuales hay de todo.
Menos inocencia.


Otros
artículos


Encuentro con el optimista regresivo

Sin embargo Son, con embargo Salsa
LIBROS


VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados