13 de Enero del 2003 • Edición número 1,288
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Una reforma incompleta
Rafael Molina
Morillo


El nuevo Estatuto del Ministerio Público no garantiza para nada
la anhelada independencia de
los fiscales y procuradores.
Es una ficción que permite
que la Iglesia siga en manos
de Lutero.
Como si se tratara de un gran triunfo, algunos sectores de la sociedad han recibido con beneplácito la noticia de que, a finales de la semana pasada, la Cámara de Diputados aprobó en dos lecturas el Estatuto del Ministerio Público que, entre otras cosas, hace inamovibles por cuatro años a los fiscales y procuradores. Consideran que esta medida contribuye a garantizar la independencia de los fiscales.

Nosotros, por nuestra parte, pensamos que se trata de una reforma muy tímida, bastante incompleta, si lo que se busca es una verdadera independencia del Ministerio Público. Ello así, porque comoquiera que sea, los fiscales y procuradores continuarán siendo nombrados por el Poder Ejecutivo, el cual, lógicamente, elegirá a sus parciales, a aquellos que le serán incondicionalmente leales. En otras palabras, la Iglesia seguirá en manos de Lutero.

Se dirá, en defensa del nuevo Estatuto, que el Presidente de la República tendrá que elegir entre los previamente seleccionados en una terna que le someterá el Consejo de Procuradores… Pero ¿quién presidirá ese Consejo? Nada más y nada menos que el Procurador General de la República, designado también por el mismísimo Presidente de la República, y por lo tanto, un funcionario que indudablemente responderá a los intereses políticos y personales del jefe del Estado.

En otras palabras, no habrá tal independencia del Ministerio Público. Lo ideal sería un procedimiento similar al establecido para elegir a la Suprema Corte de Justicia, procedimiento que debe extenderse también para la selección de los miembros de la Cámara de Cuentas y el Contralor General de la República.

Mientras no se les dé total independencia a esos funcionarios, la mentada separación de los poderes del Estado seguirá coja, pero muy coja, en nuestro país.


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