7 de Octubre del 2002 • Edición número 1,275
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Rafael Núñez

Globalización en la red


Los productores nacionales y los de aquellos otros países en vías de desarrollo tienen una legítima preocupación por el impacto que sobre este sector tendrá el proceso de globalización que vive la humanidad actualmente. Esas ansiedades se manifiestan en cada encuentro con dirigentes políticos, colegas del agro, empresarios y técnicos agropecuarios.

Para los productores dominicanos, cuya rentabilidad ha descendido en los últimos años, es pertinente saber si con la apertura de los mercados sus negocios –zarandeados por la crisis económica– van a desaparecer por la fuerte competencia que se registrará en los próximos diez años.

A buena parte de los componentes del sistema de producción agropecuario les asalta el temor cuando piensan en el futuro. Hay incertidumbre y temor, un miedo que se fundamenta en bases legítimas, pero una parte de sus preocupaciones tienen respuestas en la capacidad creativa que cada uno de esos subsectores demuestre en los próximos años.

En un encuentro con productores agropecuarios de la provincia Altagracia un criador de reses y cerdos preguntaba al ex presidente de la República, doctor Leonel Fernández, si la globalización significará el funeral de todos los productores dominicanos, pues él era un fiel ejemplo de que el subsector al que pertenecía no le podía ir peor. La respuesta del doctor Fernández fue aleccionadora y edificante. Por dondequiera que se recorre el país no sólo hay preocupación, sino incertidumbre. Incertidumbre porque no se ve, desde el poder, una voz orientadora, conocedora del proceso de cambios que vive el mundo. En la República Dominicana toda persona ligada al sector agropecuario conoce los pro y los contra que enfrenta esa actividad productiva. El suelo, el clima, el financiamiento, el asesoramiento técnico, la comercialización e infraestructura son factores que se han estudiado para sacarle rendimiento a la producción nacional. Se debe aclarar que el criterio de que la economía dominicana debe descansar en la producción agropecuaria es discurso del pasado. Ningún país en el mundo sustenta hoy su desarrollo y expansión económica sobre la base de la producción agropecuaria.

El tema de estos tiempos, al que se le debe poner atención, es el de la convertibilidad de transferencia tecnológica hacia el sector agropecuario, de modo que éste no se convierta en la primera víctima de la globalización en los próximos diez o quince años. Hay que crear una infraestructura social para poder introducir nuevas tecnologías. Si la humanidad necesita cada día más alimentación no es gracioso sugerir que se abandone la producción de alimentos. Partiendo de ese hecho es que se plantea la necesidad de reformar la investigación agrícola y la educación para poder cubrir las necesidades de nuestro pueblo. Si no hay desarrollo de las nuevas tecnologías, aplicadas a la agropecuaria, ese sector quedará rezagado y los productores serán absorbidos por los sectores de bienes y servicios, o sencillamente se desplazarán a las zonas urbanas para integrarse al “motoconcho”.

La creatividad juega un papel fundamental para que el sector agropecuario y toda la industrial nacional hagan conciencia de que la globalización, a diferencia de la Guerra Fría, implica la inexorable integración de mercados, Estados y tecnologías, llevados a un nivel nunca antes visto. Es decir, la globalización es una realidad que llega desde fuera. La República Dominicana tiene dos caminos: o se cruza de brazos a maldecir el proceso de globalización o lo enfrenta como un reto que puede crear nuevas oportunidades. Hay que ser sinceros y señalar que la globalización perjudicará algunos sectores. Pero hay que señalar que ningún proceso de cambios tan revolucionario ha sido perfecto. El símbolo de la Guerra Fría era un muro, la Cortina de Hierro que nos dividía a todos. El símbolo de la globalización es un mundo interdependiente, que nos une a todos. Si los productores de jeans no quieren desaparecer, por ejemplo, no deben preguntarse a qué mercados deben exportar después de haber decidido fabricar tres millones de pantalones. Hay que estudiar el entorno global dentro del que se opera y luego se decide producirlos. El mundo de hoy pertenece a las personas creativas, reemplaza la innovación por la tradición. En la época de la globalización usamos la Internet. Todos estamos conectados, pero nadie es dueño de nada. Es la época de los mercados globales, compuesto por millones de inversionistas que mueven dinero por todo el mundo con un simple clic en el ratón de su PC. Estos son los ganados electrónicos. Thomas L. Friedman, con dos premios Pulitzer por sus columnas en The New York Times, cita como ejemplo de que vivimos otros tiempos el hecho de que Estados Unidos tuviera que lanzar ataques misilísticos contra Osama Bin Laden como si él fuera otra nación. Cambiamos o nos quedamos rezagados.



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