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El secretario de Estado de Interior y Policía, Pedro Franco Badía, ha dicho y se supone que él debe estar bien enterado- que en la calle hay 366,000 armas de fuego con licencia de porte, o sea legales. Lo que no dijo el funcionario, porque obviamente no puede saberlo a ciencia cierta, es cuántas otras armas de fuego andan por ahí sin la licencia correspondiente, ya sea en manos de personas que sólo buscan poder defenderse de un ataque delictivo o en manos de gente mala que actúa al margen de la ley.
Nosotros nos aventuramos a pensar que por cada arma legal debe haber en el país dos clandestinas. Del más diverso calibre. Quiere decir que más de un millón de instrumentos mortales acechan día y noche a la población dominicana, sin contar con los armamentos de reglamento que portan los miembros de las instituciones oficiales, como las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
¿Para cuál guerra nos estamos preparando? ¿Dónde están los campos de batalla? ¿O nos decidiremos, algún buen día, por desarmar por completo a toda la ciudadanía, cancelando todos los permisos otorgados y castigando severamente a todo aquel que sea sorprendido en posesión de un artefacto mortal?
Sabemos que estamos soñando. Primero, porque aquí hay mucha gente desarmable. Segundo, porque no hay autoridad que le marche a ciertos personajes intocables. Y tercero, porque el Gobierno no va a renunciar a los chelitos que le entran por concepto de los permisos para portar armas.
Pero aún a sabiendas de todo ello, por lo menos nos hemos dado el gusto de plantear aquí la utopía de ver a nuestra nación desarmada, como debe ser. Después de todo, soñar no cuesta nada. |