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Al son son y al vino vino
Los eufemismos del mercado para no mencionar la música cubana
Por Antonio Gómez Sotolongo
Durante una glamorosa ceremonia, el pasado 18 de septiembre, se otorgaron por segunda vez los premios Grammy Latino y en ella volvieron a estar ausentes, entre los nombres de las categorías, los géneros de la música cubana, una música que se posesionó de los mercados durante la primera mitad del siglo XX y que en la segunda mitad le llamaron salsa y la produjeron fuera de la isla por dos razones fundamentales: la abolición en Cuba de la propiedad privada y el bloqueo comercial impuesto a Cuba por los Estados Unidos.
Ambos acontecimientos propiciaron la salida de los mercados de los nombres genéricos que se les daba a los productos de la música cubana, tales como rumba, mambo, son, guaracha y muchos otros, y que estos mismos productos a partir de los años setenta, bajo la etiqueta única de salsa y elaborados fuera de la isla, volvieran con fuerza renovada a los mercados.
El son, que durante los primeros cincuenta años del siglo XX penetró en todos los géneros de la música cubana y que se convirtió en uno de los más aceptados por todos los públicos, comenzó en los setenta a ser facturado fuera de la isla desde una nueva perspectiva: se le presentó al público como un producto nuevo procedente de los barrios neoyorquinos a los que había llegado procedente de África.
Esa triquiñuela comercial dura hasta hoy y ha propiciado entuertos tales que pocos van a comprar un disco de sones, rumbas, guarachas o de música cubana de los sesenta, setenta, ochenta o noventa, sobre todo en los mercados dominados por los Estados Unidos. Para algunos, la música cubana se quedó en los grandes de la primera mitad del siglo XX y ésta es toda la música cubana; para otros, después vino algo parecido, pero que se llamó salsa. Para mucha gente Juan Formell y los Van Van, Adalberto y Son 14, Revé y su Charangón, Chucho Valdés e Irakere, La Charanga Habanera, o NG la Banda no existen o no son tenidos francamente como cultores de la música cubana.
DIVERSIONISMO IDEOLÓGICO
Tamaño diversionismo ideológico es estimulado hasta nuestros días incluso por los más reputados especialistas del mercado del disco, por quienes dictan las pautas de lo bueno y lo malo en música y por quienes la etiquetan por sus nombres. Así, los miembros de la Academia insisten en utilizar eufemismos diversionistas para referirse a lo que en esencia no es más que música cubana y, por mejor definición, son.
Esta vez el Grammy Latino premió, en la categoría de Mejor Álbum Instrumental Pop, canciones inéditas de Chucho Valdés; Mejor Álbum de Salsa, La negra tiene tumbao, de Celia Cruz, y Mejor Álbum Tropical Tradicional, El arte del sabor, de Bebo Valdés y su trío con Cachao y Patato.
Tres categorías, que ni por asomo representan el contenido musical de los discos, que no dan ni la menor idea de lo que se grabó en ellos, categorías que alejan al público de lo que en realidad contienen estos fonogramas, categorías que impiden entender que estas producciones contienen excelentes ejemplos de música cubana.
El bloqueo comercial impuesto a La Habana desde hace más de cuatro décadas, con tanta tozudez como la que muestra La Habana en asfixiar todo vestigio de propiedad privada, obliga a quienes bregan con la música a no llamar el son por su nombre, a utilizar eufemismos tales como tropical (¿Trópico de Cáncer o de Capricornio?), pop (¿de los Beatles o de Michael Jackson?) o salsa (¿de espaguetis?) para de ningún modo inducir al consumidor a que vuelva su mirada hacia una región del globo que está vedada y de la cual no proceden más que malas costumbres.
No tengo idea de cuáles son los parámetros que utilizan los miembros de la Academia para crear sus categorías musicales, pero de lo que sí estoy seguro es que éstas se fundamentan en todo menos en la música.
El son se definió en Cuba como género musical y allí adoptó las formas y contenidos estéticos que lo caracterizan. En Cuba el son evolucionó y penetró toda la cultura de ese país y desde allí se proyectó al resto del mundo y se posesionó de los mercados durante la primera mitad del siglo XX, y durante la segunda mitad continuó su evolución dentro de Cuba hasta nuestros días, cuando tiene un nuevo estilo al que le llaman timba. La música y la cultura cubanas no pertenecen a ningún sistema político y mucho menos a ningún político en particular, sino que son patrimonio de todos los cubanos, por lo que al escamotearle el son a unos se les escamotea a todos.
Estas afirmaciones, que se sustentan en un enorme caudal de documentos, aun son negadas por algunos y omitidas por otros. El objetivo de tales desconsideraciones es manejar los mercados, y el Grammy Latino, al igual que su hermano mayor, hace lo mejor que puede para que no sean todos los que estén ni estén todos los que son. |
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