7 de Octubre del 2002 • Edición número 1,275
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Capotillo
entre la lucha social y la delincuencia

Pero Capotillo no sólo es violencia y marginalidad. Por sus calles también transitan jóvenes con intenciones de salir adelante, que estudian y luchan por alcanzar sus metas, así como más de 20 organizaciones que tienen en común lograr el avance del barrio




Por Ariel Parra

Casitas apiñadas con techos de zinc oxidado ubicadas en laderas y barracones que amenazan con derrumbarse; callejones y calles maltrechas e interminables sin asfaltar; niños semidesnudos que desafían las enfermedades correteando alrededor de cañadas, son las escenas que describen el populoso barrio de Capotillo, donde los enfrentamientos entre bandas, y entre éstas y la Policía, son el pan nuestro de cada día.

Como incontables son las manifestaciones de las que han sido testigo los residentes en este barrio, algunas con sobradas justificación, otras por puro vandalismo. La gente común narra sin rubor cómo el adolescente de la esquina vende el kilo de droga o cómo miembros de la Policía sucumben ante el encanto del dinero fácil, producto de la extorsión, el robo y la venta de sustancias prohibidas.

Pero en Capotillo no todo es delincuencia y desorden, allí también hay gente que se preocupa por echar hacia delante el barrio y sacarlo del atolladero en que se encuentra. Basilia Reyes, oriunda de Bonao, narra que llegó al barrio junto a su familia en el 1964. Para ese entonces sus calles estaban casi despobladas. “Yo llegué a los doce años aquí, en esta calle sólo habían cuatro casas. Nos tratábamos como una sola familia, jugábamos pelota en un estadio que nosotros hicimos, brincábamos mucho. La vida en ese entonces era sana completamente”.
Muchos de estos barrios de la parte alta de la capital nacieron tras los traslados de familias pobres de sectores metropolitanos como Bella Vista, La Julia y otros cercanos.

Esas familias fueron desalojadas y ubicadas en zonas aledañas a los ríos Ozama e Isabela.

El fenecido ex presidente Joaquín Balaguer, a mediados de los años 60, dio continuidad a la política de construcción del tirano Rafael L. Trujillo Molina, creando sectores como Mirador Sur, Mirador Norte y Los Jardines, reubicando a esas familias en zonas cercanas al río.
En la actualidad se estima que la población de Capotillo llega a más de 90 mil habitantes por kilómetro cuadrado, provocando el hacinamiento global de la zona. Está atravesado en un 70% por ríos y cañadas, algunas de las principales son: Las Tres Cruces, Cañada de la Muerte y Santa Clara.

VIOLENCIA SOCIAL
El sociólogo Carlos Andújar explica que en Capotillo existe una tradición de lucha social y política que encuentra en la violencia una forma de hacerse sentir.

Su accidentado terreno, lleno de callejones y calles estrechas, facilita a los manifestantes enfrentarse a miembros de la Policía, así como el enfrentamiento entre grupos de antisociales.

Las manifestaciones de tinte político que se realizan en el sector, según Carlos Andújar, en ocasiones buscan deteriorar la imagen del Gobierno.

“En Capotillo se han producido luchas internas disfrazadas de movimientos sociales, como las realizadas por los narcotraficantes disputándose terrenos para la venta de droga. Otras organizaciones fieles a sus ideales trabajan para el desarrollo de la comunidad y ven en las manifestaciones un medio de presión para que el Gobierno cumpla con acuerdos establecidos. Ese grupo minoritario es quien paga los platos rotos de los demás, es al que las autoridades pasan factura de las acciones violentas que en diferentes ocasiones se producen”, opinó el sociólogo.

DROGADICCIÓN
La droga es uno de los flagelos que más corroe a los barrios de Santo Domingo, y Capotillo no es la excepción. Aquí se distribuye y vende droga en la calle como si fuese yaniqueque o café. Todo el mundo conoce a quienes la venden y a quienes la consumen, pero nadie se atreve a decir nada.

Pero este es un mal que no viene solo. La falta de empleo y oportunidades, la falta de educación y conciencia, hacen que familias completas se envuelvan en el negocio de las drogas como una forma de salir de la pobreza en que viven, sin importarles las consecuencias que puedan traerles. José Reyes, técnico del Instituto Dominicano de Desarrollo Integral (IDDI), opina que la comercialización y consumo de las drogas es un problema del Estado, porque aunque se quieran hacer cosas favorables nunca se va a la raíz del asunto. “Tienen que crear mecanismos que incorporen a esos individuos a la sociedad y los haga sentir como personas útiles”, dijo Reyes. Una situación que alarma a los moradores, tal y como lo explica Arístides Arroyo, dirigente barrial de Capotillo y administrador del proyecto ESCOBA, es la participación de la Policía en actos delincuenciales. “Cuando realizan redadas para apresar a los distribuidores de drogas y logran atrapar algunos la Policía soborna para que les paguen a cambio de la libertad. Los que no pagan el peaje, entonces son llevados presos”.

Ramón Jiménez, médico y director del Centro para el Desarrollo de Capotillo, comentó que cuando los consumidores de drogas son sorprendidos por miembros de la Policía, éstos sin ton ni son les dicen: “nos vemos ahorita”. El peaje que muchos cobran es casi siempre de veinte pesos. El actual Gobierno invitó a las instituciones de Capotillo para que participaran en una reunión con el Consejo Nacional de Drogas, en la cual se acordaron algunas acciones tendentes a frenar el consumo y tráfico de estupefacientes en este sector. El Centro para el Desarrollo de Capotillo presentó un proyecto para ayudar a jóvenes que salen de la cárcel a rehabilitarse y aprender un oficio. Estas negociaciones, sin embargo, se quedaron a medio camino.

LOS DESECHOS SÓLIDOS
En la zona de Capotillo la principal fuente de contaminación se atribuye a la incorrecta disposición de los desechos humanos. La basura se lanza en las cañadas, ríos y basureros improvisados que producen aguas negras y contaminan el ambiente.

En la parte más baja del barrio y en las zonas próximas a los ríos se dificulta la retirada de la basura, contribuyendo a contaminar sus márgenes. La Empresa de Saneamiento Comunitario (ESCOBA) es un proyecto gestionado por el IDDI que nació para solucionar el problema de la recogida de basura en el sector. Actualmente trabaja en el barrio, pero enfrenta grandes limitaciones económicas.

El proyecto contaba a su inicio con la ayuda de organismos internacionales como el Ayuntamiento de Madrid y Cánovas del Castillo. Pero esta ayuda terminó en abril y desde entonces se mantiene con los treinta pesos de renta que cobra a las familias a las que brinda el servicio.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional delegó en Proaseo la recogida de basura del sector, pero esta empresa la recoge de manera esporádica y sólo en un diez por ciento del barrio por la difícil topografía del terreno. ESCOBA trabaja en las zonas de más difícil acceso. Pero se da el problema de que las familias no contribuyen en nada.

Ramón Jiménez, miembro de ESCOBA y del Centro para el Desarrollo de Capotillo, dice que este hecho no permite que el proyecto pueda avanzar. Aristide Arroyo explica que se acercaron al nuevo síndico, Roberto Salcedo, cuando éste se encontraba en campaña y le presentaron el proyecto a fin de llegar a un acuerdo para que sea la misma comunidad la que recoja la basura, a cambio de que se les pague. Salcedo, en esa ocasión, les dijo que el proyecto de empresas comunitarias era el tipo de idea que quería desarrollar. Los dirigentes de Capotillo esperan porque se materialice esa idea.

UNA LUZ DE ESPERANZA
En Capotillo no sólo existe violencia y marginalidad. Por sus calles también transitan jóvenes con intenciones de salir adelante y abrirse paso en la sociedad, que estudian y luchan por alcanzar sus metas.

Allí existen más de 20 organizaciones que tienen en común lograr el avance del barrio, algunas de ellas son: Asociación para el Desarrollo de los Manguitos, Brigada de Rescate de Capotillo, Movimiento Escoba, Centro para el Desarrollo de Capotillo, Movimiento Cultural Gregorio Luperón, juntas de vecinos El Caliche” y Domingo Moreno Jimenes.

Estas organizaciones han elaborado más de sesenta proyectos comunitarios logrando la construcción de callejones, puentes, escalones, muros de contención, más de 200 unidades sanitarias, dotación de agua potable, construcción de rampas para peatones, cañadas encajonadas, así como el trabajo de promotoras de salud, entre otros proyectos. Todas estas obras han contado con la intervención de agencias internacionales tales como el Ayuntamiento de Madrid, Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), Fundación Interamericana y Cánovas del Castillo. La ayuda se gestionó a través del IDDI, única ong presente en el barrio.
Aunque los logros obtenidos por esta comunidad son loables todavía quedan muchas cosas por hacer y obras por construir. Para ello necesitan el compromiso y ayuda del Gobierno.

El barrio necesita la terminación de una escuela laboral, de un centro donde los jóvenes puedan capacitarse en un oficio, la construcción de escuelas, un área deportiva que mantenga a los jóvenes alejados de las drogas, dispensarios médicos, así como buscar una solución definitiva al problema de la luz. Esta comunidad espera salir de la marginalidad en la que se ha visto inmersa por años y espera pacientemente el día en que pueda ser conocida por su gente honesta y trabajadora.

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