30 de Septiembre del 2002 • Edición número 1,274
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Guillermo Moreno

El discurso del Presidente


Las medidas que, para enfrentar la grave crisis de energía eléctrica, dispuso el Presidente de la República, en su discurso del pasado martes, no parece que sorprendiera a ningún dominicano.

No está en discusión la necesidad de que todo el mundo, en la forma que sea, pague su factura de electricidad.

En el caso de los grandes consumidores, se prevé un programa de fiscalización permanente para detectar las múltiples formas de fraude.

Para los sectores más pobres, es necesario desarrollar un programa basado en una cuota básica subsidiada. El objetivo debería ser identificar el usuario eléctrico, definir una relación contractual y promover el hábito de pagar la electricidad.

El gobierno dispuso un aumento, traspasando a los sectores que pagan su consumo eléctrico, el subsidio a los más pobres. Tal vez lo más sorprendente del incremento dispuesto, es la aceptación por el gobierno, del actual precio del kilo de electricidad. Ha sido el propio gobierno el que se ha encargado de señalar las condiciones onerosas para el país en que fueron concertados estos contratos. Incluso, unas de las medidas anunciadas fue la contratación de una empresa extranjera para auditar todo el proceso de capitalización, por sospecha de irregularidades. ¿No debió esperarse el resultado?

Una debilidad del discurso del Presidente está en que no mostró tener una visión de mediano y largo plazo frente al problema energético.

Un país como la República Dominicana, que no produce una sola gota de petróleo, su política energética no puede descansar en esa sola fuente, a sabiendas de la continua inestabilidad de su precio y con claras tendencias alcistas a causa de la crisis política permanente del Medio Oriente.

El Estado y gobierno dominicanos, tienen que asumir ahora la definición de una política energética que incluya la producción de energía no proveniente del petróleo. Es necesario desarrollar programas de mediano y largo plazo para aprovechar el sol y los vientos en la producción de electricidad, que por nuestra ubicación geográfica, son muy abundantes y con la cual se podría satisfacer parte del consumo en campos y poblados. Además, con un programa más firme de reforestación, concentrado en nuestras cuencas hidrográficas, se aumentaría y estabilizaría la producción de energía en nuestras presas, sin mencionar los beneficios para el medio ambiente.

Siempre que se plantea el tema de la producción de energía por medios alternativos al petróleo, se presenta la excusa de que sus resultados se obtienen a largo plazo. Se olvida que el plazo se hace mayor, porque nuestros gobiernos siempre tienen una visión cortoplacista, que le imposibilita planificar el desarrollo, más allá de su mandato. Nuestros gobernantes son corredores de corta distancia y el desarrollo es una carrera de larga distancia y de relevos en que cada quien debe preocuparse por recorrer su tramo del modo más eficaz, para asegurar el triunfo final en el menor tiempo posible.

Se dice también que la producción alternativa de energía es muy costosa. Lo importante es que para este tipo de programas se pueden obtener ayuda internacional y préstamos en condiciones muy blandas y a largo plazo. Costoso para el país es el elevado porcentaje del Producto Interno Bruto que representa anualmente el consumo de petróleo, una parte de ello en áreas no productivas.

El otro gran vacío de las medidas anunciadas en el discurso, es la no definición de una política nacional de ahorro de energía. Se piensa que con el hecho de aumentar el costo de la tarifa eléctrica de por si, se va a ahorrar. Lo que normalmente sucede es que se incrementa el fraude de electricidad.

El primero que debe dar ejemplo en el ahorro de electricidad es el propio gobierno, fiscalizando institución por institución el consumo mensual de energía y adoptando estrictas medidas para su disminución. De igual modo deben proceder los empresarios. Además, es necesario crear conciencia en los ciudadanos de la importancia del ahorro de energía. Involucrar a la niñez y juventud en las escuelas y universidades.

El gobierno puede crear estímulos para el ahorro. Por ejemplo, desarrollar programas para el uso de bombillas de bajo consumo. También podría disponerse, que por cada kilo menos de consumo, de una factura a otra, al consumidor se le aplicará un determinado porcentaje de rebaja en la facturación de ese mes.

En definitiva, es tiempo ya de que el Estado y gobierno dominicanos se doten de una política energética que tenga como perspectiva solo producir del petróleo la energía que en cada momento no podamos producir por otro medio, y ahorrar la energía cuyo consumo carezca de utilidad.



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