Max Puig
Mientras se quema nuestra casa...
La Cumbre Mundial de la Tierra concluyó en días pasados. A la vista de los resultados alcanzados, la tónica es de decepción. En Johannesburgo hubo un diluvio de textos y pronunciamientos que incluyeron reproches, actos de contrición, llamados vehementes, discursos encendidos, manifestaciones de cinismo y promesas de ayuda. Pero, al final de cuentas, hay muy pocos compromisos concretos. Temas cruciales quedaron sin respuesta. Los acuerdos con plazos y montos precisos fueron escasos y débiles.
¿Cuáles fueron algunos de los resultados de la reunión cimera? Para la ong Ecologistas en Acción, el Acuerdo sobre pesca sostenible fue el único logro de importancia alcanzado. Este prevé la restauración de los recursos pesqueros en los caladeros de todo el mundo antes de 2015, mediante la reducción de capturas y la implementación de una gestión sostenible hasta lograr su recuperación.
El acuerdo se cumplirá sólo en la medida de lo posible, gracias a una cláusula introducida por los Estados Unidos. Se estima que la emisión de gases generadores del efecto invernadero debe ser reducida en un 50%, con referencia al año 2000, tan sólo para impedir que se empeore la situación de calentamiento del planeta. El Protocolo de Kyoto, en el que se establecen compromisos al respecto, es uno de los grandes ausentes del Plan de Acción de la Cumbre. No obstante, con la ratificación de 81 países, este protocolo entrará en vigor a partir de ahora. Los Estados Unidos, el mayor contaminador del mundo, no está entre los países que lo han ratificado.
Los países latinoamericanos, con Brasil a la cabeza, habían propuesto que para el 2010 el 10% del suministro de energía primaria procediera de energía renovable. La Unión Europea planteó que este porcentaje llegara a 15%. Los Estados Unidos, apoyados por los países de la OPEP, el Japón y Canadá, se opusieron a la aprobación de cualquier objetivo cuantificable al respecto. Para Philip Clapp, del National Environment Trust, el lobby del carbón y del petróleo manejó el expediente directamente desde la Casa Blanca.
Se llegó a acuerdos para ampliar el suministro global de agua potable para el 2015 y se formularon promesas de ayuda para el continente africano, pero no se avanzó de manera notable en relación a los medicamentos genéricos y las vacunas. 17 millones de personas mueren cada año de enfermedades infecciosas, el 90% de las cuales vive en los países del Sur, mientras los del Norte acaparan el 82% del mercado mundial de medicamentos. En Río se firmó una convención para preservar los genes, las especies y los ecosistemas. Estados Unidos fue el único país en no ratificarla. Hoy día 11,000 especies de plantas y animales están amenazadas de extinción y la mitad de éstas podría desaparecer antes del final de siglo. El compromiso establecido en Johannesburgo se limita a intentar disminuir la tasa de pérdidas. Se rechazó indemnizar a los países víctimas del saqueo de su biodiversidad.
La ausencia del presidente Bush se acompañó de la negativa a establecer objetivos claros y los Estados Unidos se opusieron a cualquier acuerdo comprometedor en cuestiones de responsabilidad corporativa. Rechazaron el establecimiento de estándares altos sobre cuestiones ambientales y sociales para las agencias de crédito para exportaciones. Se pronunciaron también en contra de la Organización Mundial del Medio Ambiente, concebida como una agencia internacional al estilo de la OMC con el objeto de impulsar normas mundiales para la protección del medio ambiente.
La actitud de la Unión Europea fue más abierta, a pesar de haber hecho causa común con los Estados Unidos en su oposición a comprometerse a disminuir las subvenciones agrícolas en beneficio de sus agricultores. A partir de su Consejo de Gotemburgo, los Estados europeos declararon como prioritario el fomento de modelos sostenibles de consumo. El presidente francés Jacques Chirac se distinguió en la Cumbre, a la que calificó como una cita de la humanidad con su destino. Previno que no podremos decir que no sabíamos. Cuidémosnos que el siglo XXI no se convierta, para las generaciones futuras, en el siglo de un crimen contra las futuras generaciones.
Llamó a los grandes países industrializados a ratificar el Protocolo de Kyoto. Planteó que si estos países no emprenden una revolución en sus modos de producción y de consumo requerirían de dos planetas suplementarios para satisfacer sus necesidades. Propugnó por el cobro de un impuesto de solidaridad sobre las riquezas engendradas por la globalización, en la línea que ya había asumido en la Cumbre de Monterrey. De este modo Francia es el primer país del G-8 en manifestarse oficialmente a favor de un impuesto mundial que afecte las transacciones financieras internacionales. Advirtió Chirac que mientras se quema nuestra casa estamos mirando para otro lado. |

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