2 de Septiembre del 2002 • Edición número 1,270
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Frenen el dólar
En los últimos meses hay una tendencia alcista en la cotización del dólar en el mercado local. No basta que el Banco Central inyecte fondos para presionar una baja, cuando la moneda extranjera sigue su curso especulativo a toda marcha. La mayor preocupación radica en que el alza constante del dólar genera incrementos en artículos vitales como los combustibles, que tienen incidencia en otros renglones de nuestra economía, lo que en cierto modo podría provocar una escalada inflacionaria que el Gobierno no pudiera controlar. Esta preocupación proviene del sector empresarial, que reclama una medida urgente de parte de las autoridades.

El voto hispano en EU
Conscientes de que los hispanos componen el mayor grupo minoritario de los Estados Unidos, los candidatos de los partidos Demócrata y Republicano se interesan cada día más por ese voto y no es para menos. De acuerdo a un reportaje que aparece en esta misma edición, esos candidatos gastan gruesas sumas de dinero en institutos como el Berlitz para aprender el español. Los republicanos, que el pasado fueron totalmente hostiles ante los latinos, han comenzado a cambiar esas posturas y el propio presidente de esa nación, George W. Bush, incluye frases en español en sus discursos cuando se dirige a grupos hispánicos con la intención de probar afinidad con esas audiencias.

Siguen los robos de vehículos
Dicen los propios aseguradores que en los primeros seis meses del año se registraron 120 casos de robo de vehículos y de este total sólo el 3 por ciento fue recuperado. No contaron la cantidad extraordinaria de vehículos robados en diciembre del año pasado, la mayoría en el área comprendida entre las avenidas Luperón y Núñez de Cáceres. En el primer semestre del 2002 los robos se mudaron de la avenida Núñez de Cáceres a la Churchill. Sin embargo, ¿qué medidas preventivas adoptaron las empresas aseguradoras y la propia Policía?

Dejen los intereses
Los magistrados electorales sólo aguardan por una decisión del Senado: por su ratificación o su reemplazo, total o parcial. Y cualquiera que sea la decisión ya crea incertidumbre y conjeturas en el país. La oposición quiere un consenso y el oficialismo quiere a los actuales jueces. Y entonces, ¿en qué estamos? Lo deseable es que se impongan la sensatez y la prudencia, porque el país demanda y urge por un proceso presidencial transparente el 16 de mayo del 2004. Y en esto, deben estar comprometidos el Gobierno, los empresarios, los partidos y la sociedad civil, ya que no se puede jugar por el bien de la democracia. Hay que dejar de lado las pasiones y los intereses partidistas, porque el país no es de los partidos, sino del pueblo en general.

Hay que apelar al consenso
El Senado de la República debería evitar, por cualquier medio, repetir lo mismo que se hizo en el pasado cuando escogieron a los miembros de la Junta Central Electoral, hoy en discusión. Miembros de la sociedad civil y algunos de los partidos insisten en la necesidad de que haya cambios en la composición actual de la JCE. El PRD y los legisladores de este partido, sin embargo, favorecen la reelección completa de los actuales jueces electorales. Independientemente del gran trabajo desarrollado, lo ideal es que haya una discusión mucho más amplia, con participación de los diversos sectores de la sociedad, y si la corriente de opinión apunta hacia la reelección ganó el consenso.

El lenguaje presidencial
En el pasado reciente, el Presidente de la República se veía como a una figura faraónica, revestido de poderío, solemnidad y de una admiración tal que rayaba en la idolatría y la adulación. Con la llegada de Hipólito Mejía al poder esas posturas y hasta el protocolo se fueron al “carajo”. Y no es que estemos criticando esa posición de penetrar al pueblo, de sentirse con olor a pueblo y con el lenguaje del pueblo. Sin embargo, el Presidente raya en lo excéntrico con sus pronunciamientos refiriéndose a ex funcionarios y a periodistas que lo abordan a la hora de hacer su trabajo. Además, se ha caracterizado por su sensibilidad a las críticas tanto de la oposición como de los medios de comunicación. Un grave error, pues pensamos que todo el mundo tiene derecho a expresar lo que siente y a ser respetado, siempre y cuando no atente contra la soberanía nacional.

El lenguaje presidencial
En el pasado reciente, el Presidente de la República se veía como a una figura faraónica, revestido de poderío, solemnidad y de una admiración tal que rayaba en la idolatría y la adulación. Con la llegada de Hipólito Mejía al poder esas posturas y hasta el protocolo se fueron al “carajo”. Y no es que estemos criticando esa posición de penetrar al pueblo, de sentirse con olor a pueblo y con el lenguaje del pueblo. Sin embargo, el Presidente raya en lo excéntrico con sus pronunciamientos refiriéndose a ex funcionarios y a periodistas que lo abordan a la hora de hacer su trabajo. Además, se ha caracterizado por su sensibilidad a las críticas tanto de la oposición como de los medios de comunicación. Un grave error, pues pensamos que todo el mundo tiene derecho a expresar lo que siente y a ser respetado, siempre y cuando no atente contra la soberanía nacional.




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