Guillermo Moreno
Este Gobierno no tiene oposición
Lo que hace fuerte al actual gobierno es la debilidad de la oposición, y no al revés. Con mucha astucia, el Presidente Hipólito Mejía, desde el inicio de su gobierno, se ganó el favor del Dr. Balaguer, neutralizando al Partido Reformista como fuerza de oposición. Para ello, el presidente permitió que Amable Aristy se mantuviera dirigiendo la Liga Municipal Dominicana, a pesar de la ilegalidad de su elección. Además puso la dirección de la Cámara de Diputados en manos reformistas, entre otras concesiones.
Esta alianza entre el PRD y el PRSC, aisló al Partido de la Liberación Dominicana, de la dirección del Estado, enfrentado por demás, a su propia defensa, frente a las múltiples acusaciones de corrupción de su gestión gubernativa.
Con todo, asimilado el PRSC a la gestión perredeista, al PLD le quedaba el campo abierto para convertirse en la principal fuerza opositora del gobierno.
Sin embargo, luego del significativo triunfo del gobierno y del PRD, en las recién pasadas elecciones congresionales y municipales, el presidente Mejía varió el rumbo de sus relaciones con el PLD.
Primero se reunió con el Síndico y senador electos del PLD en el Distrito Nacional. La opinión pública sintió el desconcierto que esta iniciativa del presidente había causado al interior del PLD.
A muchos peledeistas les parecía hasta una traición esta reunión porque la misma se produjo estando latentes las denuncias sobre las graves irregularidades cometidas, durante el proceso electoral, en especial en la senaduría de la provincia de Santiago.
Era el mismo presidente que apenas hacía una semana denostaba al PLD, a los peledeistas y al presidente de ese partido. Sus expresiones fueron de que no le merecían ningún respeto. Luego dijo que los peledeistas eran simuladores. Ya anteriormente había afirmado que poco faltó para que se llevaran el Palacio Nacional para sus casas, entre muchas otras expresiones fuertes, sobre todo por provenir del Presidente de la República.
Pero resulta, que de buenas a primera, luego del triunfo electoral en las recién pasadas elecciones, el Presidente descubre la necesidad de lo que llaman gobernabilidad. Entonces sin ambages, propició una reunión con el ex-presidente Fernández, siendo recibido por una cohorte peledeista, a excepción de la Lic. Alejandrina Germán. Al finalizar el encuentro, el Dr. Fernández tuvo a bien encomiar lo que llamó gesto de nobleza por parte del Presidente de la República, por su visita a la sede de ese partido.
Al verificarse comportamientos políticos tan destemplados, la ciudadanía percibe que se trata de cúpulas partidarias pusilánimes y asimiladas entre sí. Que a todas luces, la iniciativa política la tiene el Presidente Hipólito Mejía y es él quien marca el ritmo. Se hace evidente que estas direcciones y liderazgos políticos carecen de la visión, la voluntad y la moral para asumir el papel que les corresponde jugar. Que la nación y el pueblo están solos frente a este gobierno.
En el régimen democrático, los partidos políticos están llamados a jugar un papel de contrapeso a la gestión de gobierno. El seguimiento y críticas que formulan continuamente, permite a los que dirigen el Estado, corregir el rumbo cada vez que se desvían, y si no lo hacen, pagar el costo político de su testarudez.
El sueño de todo gobierno es poder gobernar sin oposición o que esta sea complaciente. Para lograrlo, los gobiernos buscan neutralizarla con prebendas y funciones en el Estado. Otras veces la avasallan amenazándola con pisarle sus colas, colocándola a la defensiva y manteniendo sus dirigentes en ascuas.
En uno y otro caso, el objetivo es el mismo, debilitar al contrario para poder gobernar sin oposición.
Lo que ha quedado evidenciado es que los otros dos partidos mayoritarios del país, más allá de los escarceos politiqueros, sin ningún prurito, son capaces de entenderse entre si con el gobierno, no en función de la solución de los grandes problemas nacionales que agobian a nuestro pueblo, si no a cambio de negociar posiciones en el Estado o asegurarse impunidad.
Si algo necesita la República, es de un nuevo liderazgo político y social, construido desde los intereses de la nación y para la defensa de nuestro pueblo, con la moral y firmeza suficientes para no venderse ni quedar asimilado a las lógicas de los grupos de poder tradicionales.
El vacío de un liderazgo así, que juegue el papel de contrapeso, es lo que hace omnipotente a este gobierno, y será lo que le permitirá disponer, a su exclusiva voluntad, de las instituciones del Estado, sobre las que ya tiene el control absoluto. A menos que... |

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