24 de Junio del 2002 • Edición número 1,260
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Indignación pública
Rafael Molina
Morillo


Quisiéramos un Congreso integrado por gente
confiable y honesta.
¿Es demasiado pedir?
La nación tiene que estar indignada ante el desplante del, hasta hace poco, cónsul dominicano en Cabo Haitiano, quien tuvo que ser destituido por los graves hechos que se le imputan por emitir visados irregulares para que ciudadanos chinos penetren ilegalmente al territorio nacional, en abierta violación a los reglamentos establecidos para ello por la Cancillería y las autoridades de Migración.

Se da el caso, sin embargo, de que el mismo señor fue elegido diputado por la provincia La Vega en los pasados comicios y se supone que habrá de asumir esas funciones el próximo 16 de agosto. Lo que la ciudadanía se pregunta, perpleja, es si será posible que una persona destituida de un cargo público por inconducta, pueda ser investido con la representación de una provincia en el Congreso Nacional.

Tratándose, por otra parte, de un miembro del partido oficialista, el Partido Revolucionario Dominicano, ¿permitirá ese partido estar representado así ante las cámaras legislativas?

Estamos acostumbrados a presenciar y a convivir con muchas situaciones que chocan contra los más elementales principios éticos, pero no creemos que podamos llegar a tanto. Esperemos a ver.


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