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Las nuevas Valkirias

Por Jacinto Gimbernard Pellerano
Las veo, jovencitas resueltas, ambiciosas, abejoneando con sus libros y preocupaciones en las cercanías de los centros educativos. Hay más muchachas que muchachos, y los escasos varones lucen apocados frente al torbellino de faldas cortas o largas con reveladoras aberturas, vientre al aire, ombligo agresivo, a veces decorado con un tatuaje o un aro metálico. Son las nuevas Valkirias, aquellas poderosísimas mujeres de la mitología escandinava y alemana, que vencían a los guerreros, los sometían a duras pruebas y sabían humillarlos.
No vamos a referirnos a mujeres excepcionalmente fuertes y brillantes, porque el fenómeno que estamos observando no es el de los casos aislados, como la habilidad política de Cleopatra o Golda Meir o Margaret Thatcher (La dama de hierro) y tantas otras como Jiang Quing, la viuda de Mao Tse-tung, a quien llamaban La Emperatriz roja y encabezaba la temible banda de los cuatro, junto a tres colaboradores que trataron de mantener, si no ampliar, la dureza de la Revolución Cultural de Mao y, habiendo perdido el poder tras la muerte de éste en 1976, es condenada a muerte, pero la pena es conmutada a cadena perpetua y ella decide acortar su prisión suicidándose en 1991.
Vamos a referirnos al panorama de la mujer común de nuestros días.
Prefiero decir: la heroína del presente, la que, abandonada y desprotegida, se hace cargo de sus hijos, trabaja como una bestia para nutrirlos y proveerles una educación y un porvenir sin grandes agobios.
Por eso la gratitud de los hijos, estrellas del beisbol de Grandes Ligas, políticos, profesionales exitosos, se desborda sobre la madre y, en muchos casos, ignora al padre irresponsable.
Lamentablemente, por un proceso de inercia, las madres no suelen educar a sus hijos de modo que sepan apreciar adecuadamente el valor de la mujer y continúan fomentando un machismo, una subordinación al hombre que resulta inexplicable. Muy a menudo se nota que la madre apoya y defiende la conducta abusiva de su hijo hacia su esposa o compañera.
Mantiene el conocido doble estándard: la conducta adecuada para el hombre no es la adecuada para la mujer, las libertades de uno no son las libertades de la otra. Pero todo se va moviendo y acercándose a un punto más justiciero. La mujer común, la que no es una feminista a ultranza enferma de un empeño de igualdad verbal, que se conforma con que los políticos hablen de dominicanos y dominicanas o que no quieren que las llamen poetisas (si lo son), sino poetas, y se conforman con una consideración muy relativa, superficial y débil, aunque envuelta en papel de celofán, la mujer común -repito- la que apunta a las esencias de un justo tratamiento, va ganando terreno. Entiende que ha de estar bien preparada. Por eso abarrota las aulas de profesionalización y sabe jugar con las diferencias entre los sexos. Gracias a Dios.
Así puede combinar una agresividad ascencional fuerte con una vulnerabilidad emocional y una variabilidad desconcertante y potente.
Según refiere el doctor Ruben Gur, director del Laboratorio de Comportamiento Cerebral de la Universidad de Pennsylvania, recientemente se han encontrado diferencias sumamente interesantes en la estructura cerebral y fisiológica de ambos sexos. Si bien el cerebro de la mujer es once por ciento menor que el del hombre, el cerebro femenino está más finamente desarrollado. El cerebro está compuesto de materia gris (donde se procesa la información), materia blanca (compuesta de fibras largas cubiertas de grasa que transmiten impulsos eléctricos del cerebro al cuerpo) y líquido cefalorraquídeo (que funciona como amortiguador del cráneo).
Las investigaciones revelan que los varones tienen una proporción menor de materia gris que las mujeres y esto puede significar que el cerebro femenino tiene ciertas ventajas en el procesamiento de la información. Los varones tienen mayor cantidad de materia blanca, lo que permite que la información se mueva con más facilidad de una región del cerebro a otra. El mayor volumen de líquido cefalorraquídeo permite que el cerebro masculino sea más resistente a los golpes. Por otra parte, el cuerpo calloso -un haz de nervios- comunica los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y ayuda a ambos lados a comunicarse. Este haz es más grande en las mujeres. Esto facilita, entre otras cosas, la habilidad verbal. De esto estábamos enterados.
Sí, el cerebro de la mujer es diferente al del hombre, y hay muchas diferencias aún desconocidas.
Lo importante es que el grueso de las mujeres empieza a descubrir sus auténticas potencialidades, y a usarlas.
Sin apoyarse en tonterías superficiales.
Apuntando a las esencias. |
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