10 de Junio del 2002 • Edición número 1,258
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Rafael Peralta Romero
Roberto y los talibanes


El día en que fue proclamado candidato a síndico del Distrito Nacional, Roberto Salcedo proclamó con sobrado énfasis: “Vamos a sacar los talibanes blancos del Ayuntamiento”. Conocedor, por su profesión, de la actuación escénica, sabía que expresiones como ésa habrían de incentivar el entusiasmo de su auditorio. El recién ingresa al Partido de la Liberación Dominicana y todavía no ha hecho su curso de sangruismo.

Más adelante, en el curso de su campaña para alcanzar la sindicatura, Salcedo se refirió al Partido Revolucionario Dominicano con denuncias y acusaciones, algunas de ellas muy extrañas. Por ejemplo, el destacado humorista dijo que el PRD se dedicaba a robar cadáveres en los cementerios, asunto que pocos entendieron. Por igual denunció que una caravana suya fue atacada por militantes perredeístas, pero nadie comprobó eso.

Al parecer, Roberto procuraba asumir el papel de peledeísta en su discurso para andar a tono con los demás “líderes” y candidatos de su partido. Cuando se postuló por primera vez a la sindicatura, hace sólo cuatro años, Salcedo era un miembro de la sociedad civil y de ésta pasó a un “partido tradicional”. Los partidos pretenden dar la misma forma a sus militantes y dirigentes, y al PLD hay que reconocerle el mérito de ser la organización que mejor logra ese objetivo.

El dieciocho de mayo, a unas horas del cierre de las votaciones, la lentitud con que la Junta Central Electoral emitía los boletines con los resultados de los comicios, en adición a la tendencia desfavorable que mostraban los mismos hacia el PLD, un grupo de militantes de ese partido protagonizó un tremendo desorden en la avenida Independencia en el que quebrantó la paz ciudadana y dañó propiedades públicas.

¿Talibanes morados? No sé, pero me hizo recordar la proclama de Roberto de sacar “los talibanes blancos” del cabildo. La violencia y el vandalismo no figuran en el perfil de Salcedo. Más bien se trata de un hombre cuyo sello distintivo es una sonrisa. Aparecer sonrientes es una primera intención de todos los candidatos a cargos públicos, incluyendo a los que nunca sonríen con nadie.

Roberto Salcedo incurrió en el fenómeno contrario. Como la risa es parte de su diario vivir quiso aparecer un poquito sangrú, quizás para que los electores tomaran más en serio sus aspiraciones políticas. Justamente cuando los boletines de la JCE lo declaran ganador reaparece el hombre que es Roberto Salcedo: inteligente, sensato y capaz de entenderse con los demás.

Sus pronunciamientos como síndico electo contribuyen a diluir los temores que pudieron originar su retórica de candidato. La prensa del 21 de mayo reseñó declaraciones de Salcedo en las que éste decía que él y su organización política van al Ayuntamiento sin actitud de confrontación con nadie y le garantizó al Gobierno central que no recibirá ningún tipo de hostilidad de su parte.

La correspondencia del presidente Hipólito Mejía no sólo fortalece esa apreciación, sino que reafirma la premisa de que nuestra democracia madura. El Presidente dijo que es amigo de Roberto Salcedo y su familia, y que no escatimará los recursos que necesita el cabildo de la Capital para su funcionamiento. Con ello el Presidente ha descartado la mala fe política que algunos esperaban se aplicase, dada la rivalidad entre PRD y PLD.

A la Capital le conviene un gobierno municipal que trabaje en armonía con el Gobierno central, preferible del mismo partido de quien ejerce el Poder Ejecutivo. Los votantes capitaleños han preferido al candidato del partido morado y ahora hay que confiar en su experiencia gerencial en el sector privado y en su don de gente para enfrentar los problemas que le esperan.

El no ha dicho “yo arreglo esto”, sino que ha prometido “una ciudad posible”. La ciudad posible quizás sea la misma que dejará Johnny Ventura, pero que sepa el destacado empresario artístico que los habitantes de la Capital no quieren excusas ni malasangres. Se ha elegido un síndico alegre para que aplique soluciones, en vez de formular quejas y denuncias.

Ha dicho que reducirá la nómina del cabildo y me luce un acto de sinceridad el decirlo como el hacerlo. Se trata éste del primer acto en el que habrá de hilar fino. No es lo mismo adaptar la nómina a las posibilidades y necesidades del ADN que sacar de allí a “los talibanes blancos”. Menos sensato sería que se produzcan cuadros como el de los “talibanes morados” que reclamaron el triunfo del PLD aquella tarde de mayo en la avenida Independencia.

La gestión de Roberto Salcedo al frente del gobierno edilicio del Distrito Nacional resulta una magnífica oportunidad, tanto para él como para su partido, de demostrar la eficiencia peledeísta. De seguro que, aunque expulse a los “talibanes blancos”, Roberto controlará a los “talibanes morados”. El éxito de su gestión conviene a todos quienes vivimos en esta “ciudad posible”.



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