10 de junio del 2002 • Edición número 1,258
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Guillermo Moreno
El ocaso del Partido Reformista


Estamos siendo testigos del proceso de descomposición y de desaparición del Partido Reformista, como fuerza política significativa del país.

Este partido, constituido en el 1964, en torno al liderazgo de Joaquín Balaguer, fue el refugio natural de los sectores trujillistas, luego de la caída de la dictadura. Puede afirmarse que la dirigencia tradicional de ese partido, o sus ascendientes, hicieron su proceso de acumulación a la sombra de la dictadura de Trujillo, o lo han hecho por ellos mismos en los dos ejercicios de poder del Dr. Balaguer.

En el Partido Reformista se ha desarrollado una verdadera casta política, que ha derivado su vigencia de un prolongado ejercicio del poder, y desde él ha sido la beneficiaria de la más despiadada corrupción, permitiendo el enriquecimiento de muchos de sus dirigentes y de su entorno, y el fomento del clientelismo como medios de reproducción política.

El otro factor de la vigencia política de este partido ha sido el indiscutible liderazgo del Dr. Balaguer entre los sectores conservadores del país.

En las últimas tres décadas, dentro y fuera del poder, el liderazgo del Dr.Balaguer se consolidó, en la misma medida en que se atrofiaron todos los otros liderazgos potenciales dentro de su Partido.

Pero hoy día la fuerza del Dr. Balaguer, en su partido, es más testimonial que real. Cada vez, con más frecuencia, personas y dirigentes reformistas denuncian que una claque es la que controla la Máximo Gómez 25, siendo ésta la que toma las decisiones.

Es palpable que prescindiendo del Dr. Balaguer, en el Partido Reformista no hay un liderazgo con capacidad de aglutinar a la dirigencia y militancia de ese partido o por lo menos a una parte significativa de ella. Son evidentes las serias dificultades existentes entre los diferentes grupos que accionan al interior de ese conglomerado político para constituir una dirección colegiada.

Estas dificultades internas están siendo aceleradas desde fuera del Partido Reformista. Desde sus inicios, el gobierno de Hipólito Mejía, hizo del líder reformista y del grupo que controla la Máximo Gómez 25 sus aliados. Por vía de Hipólito Mejía el Partido Reformistaha tenido el control de parte del poder del Estado, lo que le ha servido para la reproducción de su clientela política y le ha dado cierta vigencia en la toma de decisiones del Estado. Para el gobierno el beneficio ha sido inmenso, porque así ha mantenido dividida la oposición y neutralizado al PLD.

Luego de las elecciones congresionales el presidente Mejía se dispone, según ha declarado, a mantener en manos del Partido Reformista la presidencia de la Cámara de Diputados y la Liga Municipal Dominicana, contando para ello con la anuencia del Dr. Balaguer.

Lo verdaderamente significativo es el costo político que esta alianza tendrá para el partido Reformista. Con ello, este partido facilita que el PLD se convierta en la cabeza de la oposición al gobierno. Pero además, reducido a la condición de sombra del gobierno, el Partido Reformista pierde la oportunidad de consolidar un liderazgo propio, con capadidad de ser aglutinante a lo interno y competitivo externamente.

La dirigencia de ese partido parece ignorar que sólo el desempeño de una definida labor de oposición al gobierno podría crear las condiciones para el desarrollo de un liderazgo que le dé continuidad a ese partido, más allá de la desaparición física del Dr. Balaguer. Esa oportunidad se presenta ahora, de cara a las elecciones del 2004, y es posible que nunca más.

Pero en ese partido más pueden las prebendas del poder que el sentido de misión. Por eso es previsible que la alianza con el gobierno se profundice. Mientras tanto, seguirán apertrechados los varios grupos antagónicos que operan internamente y que se disputan su control, todos a la espera de la muerte del Dr. Balaguer.

Cuando ésta se produzca, todas las condiciones estarán dadas para el fraccionamiento de ese partido. Algunos se quedarán ostentando el nombre, pero, carentes de condiciones para sustentar un liderazgo propio, sólo contarán con la clientela política que les permita los recursos acumulados. Otros, formalizarán su paso hacia el PRD o hacia el PLD, iniciado desde hace varios años.

La muerte del Dr. Balaguer supondrá para el Partido Reformista su atomización y la pérdida del papel jugado en el escenario político, en las últimas cuatro décadas. Pero el proyecto político iniciado el 23 de febrero de 1930 no terminará con él. Continuará reproduciéndose bajo la piel de aquellos partidos que otrora surgieron para combatirlo.



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