10 de Junio del 2002 • Edición número 1,258
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Max Puig
La caja negra: error humano o falla técnica


A medida que pasan los días se hace cada vez más importante esclarecer los hechos acaecidos en torno al proceso electoral del pasado 16 de mayo.

Lo que debió ser un momento más en la consolidación del sistema institucional democrático se ha venido revelando como un evento marcado por muchas fallas e irregularidades.

Más allá de las dudas y suspicacias los hechos van apareciendo a la luz y se acumulan las evidencias. La mancha de Santiago, como designó con acierto Juan Ducoudray los abusos cometidos en esa provincia, parece haber cubierto una buena parte del territorio nacional. La regularidad que se ha podido constatar en la comisión de infracciones a la Ley Electoral induce a descartar lo casual y fortuito y a concluir que se produjo una acción concertada en esa dirección.

Luego de décadas de elecciones tormentosas, el sistema electoral dominicano empezó a acusar mejorías notables a partir de las elecciones de 1996, que se confirmaron en 1998 y 2000. Sin embargo, las elecciones que acaban de tener lugar parecen probar una vez más que los avances en la vida social no se dan sin dificultades ni retrocesos.

Si no se esclarece debidamente lo que pasó antes, durante y después del último certamen las consecuencias pueden ser muy negativas para la sociedad dominicana. El riesgo es grande de que los defectos manifiestos del sistema electoral contribuyan a acrecentar la desconfianza y el pesimismo que ya se anida en importantes sectores de la nación.

El descreimiento en la dirigencia política se ha generalizado y el pesimismo es un enemigo peligroso del progreso de las sociedades. Se les alimenta cuando no se es capaz de respetar las reglas básicas de convivencia institucional sobre las que se asienta un país.

En el caso de las catástrofes aéreas las empresas del sector y las compañías aseguradoras recurren a un dispositivo técnico especialmente diseñado para contribuir a dilucidar las causas de las tragedias. Se procura encontrar, lo más rápidamente posible, la caja negra de la aeronave. En ésta se encuentran registrados todos los movimientos realizados dentro avión, los mandatos que le fueron dictados, las conversaciones de los pilotos y del personal técnico de control y, en sentido general, una gran diversidad de informaciones útiles para determinar lo realmente acontecido.

El estudio e interpretación de los datos obtenidos en los registros de la caja negra permite a los expertos llegar a conclusiones. Error humano o falla en el sistema es una de las preguntas fundamentales a la que están obligados a responder.

Hay que abrir la caja negra del sistema electoral dominicano, y mientras más pronto mejor. Urge determinar si fue el personal el que falló y establecer en este caso las responsabilidades de lugar. Si, por el contrario, el sistema presenta defectos y limitaciones graves que lo hacen vulnerable hay que detectarlos con rapidez a fin de que la sociedad dominicana pueda emprender el vuelo electoral del 2004 sin temores ni sobresaltos.

La transparencia es uno de los pilares básicos sobre los que se establece la confianza. De ahí la necesidad de que sean atendidos, dentro de los plazos y con las garantías que acuerda la ley, todos los reclamos de las fuerzas políticas que se consideran lesionadas por la ejecución de delitos electorales.

Si la Ley Electoral prevé que los recursos han de conocerse públicamente, no hay razón alguna para que éstos se diluciden en ausencia de las organizaciones políticas. Hacerlo de esta manera, lejos de contribuir a aclarar las cosas, conduciría a oscurecerlas.

A partir de ese momento las sospechas se harían cada vez más espesas. Y para muchos quedarían confirmadas las serias dudas que tuvieron cuando el Senado produjo la elección unilateral de los actuales integrantes de la Junta Central Electoral.

Para el futuro inmediato hay que pensar desde ya en las garantías que deben rodear al próximo evento comicial del 2004. Nada sería más contrario al espíritu democrático que los vencedores de las elecciones legislativas pretendieran designar una Junta Central Electoral a su servicio, prevaliéndose de la mayoría absoluta que le otorgó el 42.5 por ciento de los votos que obtuvieron.

La elección de jueces electorales probos, capaces e independientes es lo que más debe preocupar ahora a todo el país. Jueces que se comprometan a hacer todo cuanto esté a su alcance para la realización de un proceso electoral limpio y sin tachas en 2004. Mientras se abre la caja negra, vayamos pues pensando en la selección de buenos pilotos para el aparato electoral dominicano.



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