27 de Mayo del 2002 • Edición número 1,256
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Guillermo Moreno
 ¡Más PRD!


¿Cómo interpreta el grupo asentado en el Palacio Nacional, el indiscutible triunfo del PRD, al ganar en las elecciones del pasado 16 de mayo, en 29 de las 32 provincias del país?

Para ellos, se trata de una muestra de respaldo absoluto al gobierno que preside el ingeniero Hipólito Mejía.¿Hay motivos constatables en la obra de este gobierno que justifiquen este respaldo? ¿Qué se ha hecho que sea verdaderamente significativo, contra la pobreza o en favor de la educación o de la salud o contra la corrupción o en la creación de empleo o en el respeto de las libertades públicas y el estado de derecho? ¿Qué factores explican que después de dos años de gestión, el gobierno mantenga un apoyo, tan solo disminuido en un 7 %, al que tuvo al ganar las elecciones?

Cuando se examina la gestión gubernativa, se comprueba que en todas estas áreas, este gobierno, o ha mantenido los estándares de los gobiernos anteriores o simplemente los ha reducido. No hay uno solo de estos renglones en que pueda decirse que el cambio haya sido tan profundo que explique por si mismo el resultado de las recién pasadas elecciones.

Las razones de este aparente fenómeno no hay que buscarla, pues, en la obra de gobierno, sino en el manejo político que ha desplegado el grupo que nos gobierna.

Los resultados de las recién pasadas elecciones, tienen mucho que ver con la política clientelar desarrollada por este gobierno. Nóminas públicas abultadas, asistencialismo, demagogia de los caciques locales, repartición de prebendas. Esta historia se repite en toda la geografía nacional.De manera particular, este estilo de gobierno se exacerbó durante la campaña electoral. Desde el gobierno, por todos los medios que permite el poder y el manejo de los recursos del Estado, los candidatos oficiales recibieron más que estímulos en el desarrollo de su campaña. Se dirá, no sin razón, lo mismo que han hecho todos los gobiernos.Podrá el lector estar pensando que esta abundancia solo puede ser el reflejo de una situación de bonanza económica creada por este gobierno. Es cierto, solo que se trata de una prosperidad artificial, fruto de una política irresponsable de endeudamiento externo.

Hoy puede verse con toda claridad que la implementación de los llamados Bonos Soberanos, más que responder a una estrategia para el desarrollo económico, fueron concebidos como una estrategia de cara a las presentes elecciones. Por eso la avidez, insaciable de dinero fresco, rápido y no sujeto a condicionamientos y controles. Este gobierno ha tenido la osadía de endeudar el país, de un modo abusivo, para fines electorales.

Lo que más duele de esta deuda y los intereses que genere, no es solo que tendrán que pagarla las presentes y futuras generaciones, sino que la misma se contrajo para asegurarle el triunfo a los candidatos del perredé.

La otra causa razón del triunfo perredeista estuvo en el eficaz manejo del Presidente de la República, con el líder reformista y sus allegados en la Máximo Gómez No.25, que imposibilitó un acuerdo entre los otros dos grandes partidos de la oposición. ¿Qué consecuencias traerá para el país, este triunfo electoral del grupo que controla el Palacio Nacional?

En términos inmediato el objetivo es modificar la constitución con el actual congreso, es decir, antes del 16 de agosto. Se pretende reintroducir en nuestra carta magna la reelección presidencial y reducir a un 40 % el porcentaje para ganar en la primera vuelta. Con ello se salva, el obstáculo jurídico para la reelección de Hipólito Mejía, y se asegura el triunfo del PRD, aún en una eventual alianza de la oposición.
Introducir de nuevo la reelección es crear una crisis política cuyo alcance no podemos cuantificar aún. Lo peor será que si hubo endeudamiento externo para la presente campaña, también lo habrá para la reelección. Si el gobierno elige este camino se puede encontrar con grandes sorpresas, en los dos años que le restan. El PRD no puede ignorar que a pesar de su resonante triunfo, en las elecciones se operó una abstención, ligeramente mayor del 50% de los dominicanos en edad de votar. De los que votaron, el PRD obtuvo cerca de un 43 %, lo que representa menos de un 25 % del total de personas en edad de votar y menos de un 15% de la población general dominicana.

Es decir, que a pesar de su victoria, el PRD no puede olvidar que su legitimidad no deja de ser relativa. Muy cercanos a nosotros hay demasiado ejemplos de gobiernos que en unos cuantos meses se han deteriorado, a pesar del apoyo aparente que en algún momento tuvieron.
En los próximos días sabremos si nos esperan unas pascuas navideñas en paz, o de nuevo, el desasosiego reinará entre los dominicanos.



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