27 de Mayo del 2002 • Edición número 1,256
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¿Y ahora qué?

El PRD es el gran ganador, el PLD el gran perdedor, mientras que el PRSC se fortalece




Por Gustavo Olivo Peña

No hay dudas, el Partido Revolucionario Dominicano es el gran triunfador de las elecciones congresionales y municipales celebradas el pasado jueves 16.

Pero debe tener presente que la población en general, perredeísta y no perredeísta, será ahora más exigente con el gobierno del presidente Hipólito Mejía y con sus representantes en el Senado, la Cámara de Diputados y los ayuntamientos.

En cierto modo una gran interrogante se abre ahora sobre el comportamiento que seguirán el PRD y el gobierno con esta ratificación de apoyo de una parte importante de la población.

Al perredeísmo el pueblo no sólo le ratificó su mayoría absoluta en el Congreso Nacional y los ayuntamientos, sino que le permitió ampliarla cómodamente en el caso del Senado de la República y los ayuntamientos. Hasta el momento, el PRD se proyecta para aumentar de 24 a 28 ó 29 el número de senadores; de 95 a más de 100 el número de síndicos, y deberá por lo menos mantener en más de 80 el número de diputados.

Y si el PRD ha obtenido una contundente victoria, el presidente Hipólito Mejía ha sido en gran medida el artífice de ese triunfo.

El mandatario declaró recientemente que los comicios congresionales y municipales serían una especie de examen evaluatorio que el pueblo le haría a su gobierno, y que de esa manera se comprobaría cuán acertadas o erróneas habían sido las políticas públicas puestas en práctica por su administración.

El presidente Mejía ponía el ejemplo del gobierno del presidente Leonel Fernández y el Partido de la Liberación Dominicana, que en los comicios de medio término del 1998 y en los presidenciales del 2000 fue evaluado, examinado por el pueblo, y recibió un evidente rechazo, una especie de reprobación a sus políticas públicas.

Quiérase o no aceptar esta realidad, la mayoría de los dominicanos que ejercieron su derecho al voto el pasado jueves 16 está convencida de que el gobierno del presidente Mejía y el PRD está haciendo una buena administración del Estado. Se podría argumentar que los ciudadanos que se abstuvieron, más los que votaron por otros partidos, constituyen igual o mayor número que los que ratificaron su apoyo al gobierno del PRD.

Pero este argumento no necesariamente se corresponde con la verdad, porque nadie puede garantizar que entre los abstencionistas no se encuentre una gran parte de perredeístas (que no son atraídos por elecciones de medio término o no gustaban de los candidatos de sus demarcaciones).

Supóngase que no sea perredeísta la mayoría de quienes se abstuvieron, pero por lo menos no son opositores vehementes al gobierno y al PRD, porque de haber sido así se habrían animado a votar por el PRSC, el PLD, Unidad del Pueblo u otro cualquiera de los partidos de oposición.

Está claro que una parte importante de la población está de acuerdo con la manera de gobernar del presidente Mejía y el PRD. Como también es evidente que la oposición, encabezada por el PRSC y el PLD, no ha logrado la empatía necesaria con la población para convencerla de que vote en su favor o, por lo menos, que retire el apoyo al partido oficialista.

EL PLD Y SU LÍDER
El gran perdedor de estos comicios ha sido el Partido de la Liberación Dominicana, y con él los dirigentes que han conducido a esta organización en los últimos años.

No puede ser una simple cuestión de coyuntura el hecho de que el PLD haya perdido tres elecciones consecutivas después de haber ganado las elecciones presidenciales de 1996. El PLD, bajo el liderazgo del doctor Leonel Fernández Reyna, ha perdido las elecciones congresionales y municipales de 1998, las presidenciales del 2000 y las congresionales y municipales celebradas el pasado jueves.

En los comicios de 1998 los dirigentes del PLD argumentaron que no habían sido derrotados en los hechos, porque de un senador aumentaron a 4, de unos 7 diputados subieron a 49, y ganaron algunos síndicos y decenas de regidores en todo el país.

Asimismo, la dirigencia peledeísta buscó una salida baladí y cómoda a su derrota de 1998: el fallecimiento del líder del PRD, doctor José Francisco Peña Gómez, apenas 6 días antes de los comicios, habría volcado a la mayoría de los votantes en favor de los candidatos perredeístas, talvez como un homenaje final al gran líder.

Para los comicios presidenciales del 2000 el PLD se mostraba confiado en que las cosas serían totalmente diferentes y se ufanaba en mostrar unas estadísticas comparativas entre los gobiernos del PRD y el suyo. Obviamente que de esa comparación el gobierno del PLD salía muy bien parado. "Nunca se había hecho tanto en tan poco tiempo" repetían una y otra vez los dirigentes peledeístas. Y tanto lo repitieron que llegaron a hacer de esa expresión una especie de dogma de fe, incuestionable e irrebatible. Pero esa convicción sólo alcanzó a los peledeístas más furibundos, la gran mayoría de la población no alcanzaba a disfrutar el mundo de bonanza que se presentaba en la propaganda gubernamental. De la misma manera que no convenció la propaganda contra el entonces candidato del PRD, Hipólito Mejía, que pretendía mostrarlo como un peligro para el país y como un político incapaz y desconocedor de los asuntos de Estado.

Porque era tanto el rechazo al gobierno peledeísta, que la gente prefirió perdonar la franqueza imprudente del candidato Hipólito Mejía, que a preguntas de periodistas afirmaba que no sabía de dónde iba a sacar dinero para responder a una serie de necesidades sociales. (Por ejemplo, la respuesta a la pregunta que le fue hecha en el programa Uno más Uno de Teleantillas, a la cual Mejía decía que no sabía, y le pedía a Calderón --actual secretario Técnico de la Presidencia-- que dijera de dónde saldrían "los cuartos").

De la misma manera el pueblo perdonó, acogió y celebró la forma tan particular de hablar de Mejía, con frases populares y hasta algunas palabras poco apropiadas para ser pronunciadas en público.

Mejía se mostró tal cual era, sin poses, y ha seguido así desde la Presidencia de la República, dentro y fuera del país. Y fue ese Hipólito Mejía quien propinó la segunda derrota humillante al PLD en los comicios del 16 de mayo del 2000. El PRD obtuvo casi 1.6 millones, contra aproximadamente 800 mil del PLD y poco menos de esa cantidad del PRSC. Desde esa fecha el PLD volvió al tercer lugar en las preferencias de los votantes. Porque si bien es cierto que Danilo Medina superó como candidato al doctor Joaquín Balaguer, del PRSC, con aproximadamente 60 mil votos, éstos fueron aportados por los pequeños aliados del PLD, sobre todo el Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS), dirigido por José Francisco Peña Guaba, hijo del doctor Peña Gómez.

Con la salida del poder, el PLD vivió un proceso interno de renovación en el cual se enfrentaron, en general, los conservadores y los renovadores. Y hubo más: el doctor Leonel Fenrnández se consolidó como líder único e indiscutible del PLD. Los demás líderes (Danilo Medina, Jaime David Fernández Mirabal, Temístocles Montás, Félix Jiménez, Norge Botello y Euclides Gutiérrez Félix) declinaron ante el ex presidente Fernández Reyna cualquier posibilidad de erigirse en los guías de la militancia peledeísta.

A todo esto contribuyó la popularidad del ex mandatario en sectores de la clase media y media alta, sobre todo entre los más jóvenes. Incluso en las encuestas el líder del PLD registraba la más baja tasa de rechazo y la más alta de aceptación.

Pero una cosa es el bajo rechazo y la alta aceptación, y otra el poder de convencimiento de un líder para conseguir que un ciudadano vote por un determinado partido o candidato.

El PLD se acomodó demasiado en la figura del doctor Fernández Reyna, pensando que era suficiente. De igual manera, apostó a que el PRD sería perjudicado por el desgaste que suelen sufrir los partidos cuando están en el poder.

Esto explica, en gran medida, el fracaso del doctor Fernández Reyna en tanto que sustentador y guía de las candidaturas del PLD. Sus discursos y participaciones en caravanas, marchas y mítines no aportaron mucho a los candidatos del PLD. De los 4 senadores que ganó en 1998 el PLD podría terminar en estos comicios con uno o dos (al momento del cierre de esta revista se había determinado el triunfo de José Tomás Pérez, en el Distrito Nacional, y se esperaba el veredicto sobre la senaduría de Santiago).

De sus 49 diputados el PLD podría perder algunos o subir sólo unos cuantos. En las sindicaturas ganará, porque el PLD nunca había obtenido el Ayuntamiento del Distrito Nacional, una plaza emblema del PRD. Asimismo, hasta el momento de escribir esta columna, se había reportado también el triunfo del PLD en Licey al Medio (Santiago) y 5 municipios más.

Pero lo más preocupante para el PLD es que en los votos para las congresionales han caído por debajo del PRSC, es decir, en un tercer lugar. En las municipales el PLD podría llevar una ligera ventaja al PRSC o quedar en un empate.

Con estas tres derrotas consecutivas el PLD está obligado a replantearse su ejercicio político. No sólo como partido de oposición, porque su pérdida de popularidad viene desde 1994 cuando bajó del primero al tercer lugar, y siguió cuando ocupaba el poder en 1998.

En 1996 el PLD fue favorecido por el antagonismo que entonces separaba al PRSC del PRD. Pero no logró crecer con sus propias fuerzas, y desde entonces ha seguido de mal en peor.

Una revisión interna del PLD, un serio cuestionamiento, deberá tocar de alguna manera al doctor Fernández Reyna como máximo líder y guía de los peledeístas.

Esas tres derrotas son tanto del PLD como del doctor Fernández Reyna. Si antes de los comicios de la semana pasada existía en importantes sectores de la población la convicción de que Fernández Reyna sería un candidato duro de vencer en los comicios del 2004, ahora afloran muchas dudas.

Un líder que pierde tres elecciones consecutivas demuestra debilidad, escaso poder de convocatoria, carencia de argumentos para convencer a los votantes. O, lo que sería peor, ha perdido la sintonía, la empatía con el pueblo, no logra comunicarse con el ciudadano común y corriente.

¿TIENE FUTURO EL PRSC?
Si difícil es la situación del PLD y el doctor Fernández Reyna, para el Partido Reformista Social Cristiano el panorama de su futuro político no luce esperanzador.

El PRSC salió más o menos bien parado de estos comicios: logró conservar sus dos senadores (San Pedro de Macorís y La Altagracia); consiguió el triunfo en 12 ó más ayuntamientos; aumentó el número de sus diputados, que hasta el momento era de sólo 17.

Pero, sobre todo, el PRSC ha recuperado espacio político, ha superado al PLD en el número de votos provinciales, y le ha superado en el número de senadores.

El problema del PRSC es que no cuenta con una dirección clara. Aunque todos los grupos tratan de mantenerse afectos al líder indiscutible, doctor Joaquín Balaguer, ninguno logra convencer a la generalidad de los reformistas de que cuenta con el aval del ex mandatario para dirigir al partido.

En el reformismo hay un problema de legitimidad y credibilidad de su dirigencia con sus militantes. Los mensajes y declaraciones que se suelen dar como oficiales y aprobadas por Balaguer terminan por ser desmentidas y desautorizadas por el propio líder o por quienes en un momento u otro fungen de voceros.

El pasado sábado, por ejemplo, se vivió una situación muy delicada en el PRSC. Un grupo de dirigentes convocó a la prensa a la casa del doctor Balaguer, en nombre del líder, para entregar una declaración sobre el proceso electoral. El documento prácticamente desconocía la legitimidad del resultado de los comicios y pedía una revisión general de las actas y un reconteo. Al poco rato, altos dirigentes del PRSC, e incluso el propio doctor Balaguer, se encargaron de aclarar que la primera declaración carecía de veracidad y se solicitaba que no fuese tomada en cuenta para fines noticiosos.

En estas circunstancias el PRSC no está en condiciones de aprovechar el crecimiento relativo obtenido en los presentes comicios para relanzarse con miras al futuro inmediato.

De hecho, el PRSC está por encima del PLD en el favor popular, o por lo menos se encuentran al mismo nivel. Pero esta condición no podrá ser aprovechada por el PRSC para convertirse en la principal fuerza de oposición porque no cuenta con la disciplina y la estructura organizativa del PLD.

En consecuencia, la interrogante sobre lo que vendrá en el país abarca no sólo al PLD, que ha sido conmovido por una derrota que no esperaba, sino al PRSC, que deberá replantearse cuál es el modelo de partido que quiere ser y cómo va a lograrlo.

De igual manera toca al PRD, que tendrá sobre sí los ojos del país exigiéndole que pague con un buen ejercicio de gobierno la confianza y el respaldo que le ha reiterado e incrementado la ciudadanía.


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