13 de Mayo del 2002 • Edición número 1,254
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Guillermo Moreno
La renovación del proyecto nacional


Nuestra generación tiene la tarea impostergable de producir una renovación del proyecto nacional. Su pertinencia no parece estar en discusión.

Por un lado, es indiscutible el fracaso de la minoría que ha dirigido los destinos del país y de sus partidos en la concreción del proyecto nacional al haber propiciado, desde la fundación de la República, regímenes autoritarios y corruptos, sin equidad social. Esa carencia de las élites dirigentes de definir metas y estrategias colectivas, que pudieran ser respuestas efectivas a nuestros padecimientos sociales e institucionales, es lo que ha llevado a la nación a deambular sin rumbo, sometida al juego de intereses de buscavidas locales y a los vaivenes e influencias externas.

Por otro lado, dado que estamos en la etapa de la globalización y de la integración, hoy como en ningún otro momento se hace un imperativo nuestra reafirmación, como país, en nuestros propósitos e identidades porque de no hacerlo corremos el riesgo de quedar desdibujados y hasta desintegrados al cabo de unos años. Al referirme a la renovación del proyecto nacional estoy aludiendo de modo concreto a la necesidad de formular una propuesta que en sus ejes centrales articule, al mismo tiempo, una respuesta a las necesidades insatisfechas con las aspiraciones colectivas, comunes a todos o a una gran parte de los dominicanos y dominicanas. Esta propuesta no viene a ser otra cosa que una plataforma, en base a la cual se pueda producir una gran convergencia social y política, que defina las grandes metas, las grandes estrategias, y en torno a ellas empujar hacia la renovación de la nación y la unidad de la patria.

Hacer conciencia de la necesidad de unificarse en una propuesta de renovación del proyecto nacional es apenas el primer nivel del problema que se nos plantea en la actual coyuntura.

El siguiente nivel es aún de mucho más compleja solución: identificar los ejes centrales sobre los cuales se debe definir el proyecto nacional. La democracia es lo primero. No se trata aquí de contentarnos con el perfeccionamiento de la versión electoral de la democracia, que reduce la soberanía ciudadana a los escasos minutos en que el elector permanece en la urna ejerciendo el derecho al voto.

La renovación del proyecto nacional supondrá el desarrollo de una democracia más participativa. La soberanía ciudadana no puede estar limitada a la elección de los representantes, cada cuatro años, sino que además deben implementarse en todas las esferas en que sea posible formas directas de ejercicio de poder por los ciudadanos. Junto al control inter-poderes es necesario someter a toda función pública, y a todo representante, a la rendición de cuentas y al control social directo, incluyendo la capacidad de revocación del mandato.

El desarrollo integral y sostenible es otro aspecto esencial. Utilizo el término integral para distanciarlo de una de las características de nuestros países, y es la coexistencia, dentro del mismo territorio, de sociedades duales, con antagonismos extremos. Lo más llamativo es que se trata de sociedades que cohabitan en paralelo, con serias dificultades para su integración. Se produce a su interior una profunda escisión social. La renovación del proyecto nacional supone la búsqueda de la articulación posible de la nación en su diversidad de sectores y partes. Esto tiene como primera condición crear las condiciones que brinden a todos y todas la oportunidad de una vida en dignidad. Decir esto significa principalmente la universalización de la educación gratuita de calidad; garantizar a todos el derecho a un sistema de salud y de seguridad social; asegurar la oportunidad del empleo a cada dominicano y dominicana en edad de trabajar; protección integral del medio ambiente.

Otro eje importante se refiere a asumir como principio cardinal de la propuesta de renovación del proyecto nacional la moralización radical de la práctica política y del ejercicio del poder. Hay que extirpar de cuajo el cáncer de la corrupción que ha hecho metástasis en todo el cuerpo político y social. El tumor matriz se encuentra en el sistema de partidos. Prácticamente en todas las funciones del Estado se cometen actos de corrupción ante la mirada cómplice de las autoridades. La impunidad no es otra cosa que la forma de retribución, desde el gobierno, de los favores de campaña. En la propuesta de renovación de la nación no se trata de prometer simplemente nuevas leyes anticorrupción que luego se aplicarán o no según las conveniencias, sino de desarrollar nuevos métodos y prácticas que transfieran a los representados el control de los representantes, única garantía de que aquellos, ya electos, no podrán utilizar el poder para su propio beneficio.

La renovación del proyecto nacional, por último, tiene que fundarse en la unidad nacional. Más allá de la división en clases y grupos sociales, y sus naturales contradicciones entre los dominicanos y dominicanas existen notables coincidencias e intereses que nos identifican y unifican como nación. Por eso uno de los ejes centrales de la renovación nacional es la superación de la división artificial creada por los partidos tradicionales al interior del pueblo dominicano. Durante años un conjunto de políticos simuladores, demagogos y corruptos han “partido” el pueblo en muchas banderas y símbolos sin verdadera significación que no sea poderle manipularle mejor. La renovación del proyecto nacional sólo será posible si el pueblo dominicano es capaz de unificarse en torno a sus problemas compartidos como nación, y en torno a ellos elaborar una estrategia y agenda común para encarar el futuro.

Sólo falta decir que un proceso así demandará del desarrollo, en el país, de un nuevo liderazgo social y político.



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