13 de Mayo del 2002 • Edición número 1,254
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
¿Líderes o partidos?

Quién es quién en la búsqueda del voto. Un gran liderazgo no garantiza la victoria




Por Gustabo Olivo Peña

Al involucrarse en la campaña electoral el presidente Hipólito Mejía y el ex presidente Leonel Fernández, líderes del Partido Revolucionario Dominicano y del Partido de la Liberación Dominicana, respectivamente, ponen en riesgo su prestigio político ante sus parciales y ante el país.

Analicemos las razones de este punto de vista. En las elecciones que se celebrarán la próxima semana, el jueves 16, la fidelidad hacia los partidos políticos será determinante en los ciudadanos a la hora de votar.

Por lo menos esa es la tendencia que han mostrado hasta el momento las encuestas independientes, como las que han publicado el diario Hoy, El Caribe, la revista Rumbo y Diario Libre.

En el caso de la Hamilton-Hoy, más del 70 por ciento de los ciudadanos que están decididos a votar lo haría en principio por fidelidad a su partido, sin importar cuáles sean los candidatos.

Esta realidad cobra mayor importancia en partidos como el Revolucionario Dominicano y el de la Liberación Dominicana, en los cuales la fidelidad al partido ha estado por encima de la que se guarda hacia los líderes.

El peledeísta, sin importar cuán disgustado o alegre esté por la selección interna de los candidatos, siempre termina votando morado. ¿O no fue la actitud asumida por norgistas y euclidistas al ser derrotados por los leonelistas en las elecciones internas de 1995? ¿No votaron los jaimistas por Danilo Medina en los comicios del 2000?

En casos extremos, cuando el disgusto o la desilusión lleve a negar el voto al candidato peledeísta, lo más que se podría esperar de un miembro o simpatizante duro del partido morado es que se abstenga.

De igual manera, al perredeísta se le hace sumamente difícil votar por un partido que no sea el Revolucionario Dominicano. Esta fidelidad es más fuerte aún en los militantes y simpatizantes duros del PRD. Sólo hay que recordar que en el 1990, con un PRD desgarrado por la división, los votos blancos rondaron los 445 mil. Unos 136 mil votos perredeístas se fueron al Partido Revolucionario Independiente (PRI), al cual se había ido como candidato Jacobo Majluta, quien se disputaba el liderazgo del PRD con José Francisco Peña Gómez.

Una gran parte de los votos perredeístas, de los disgustados con Peña Gómez y Majluta por los conflictos que estos dos líderes encabezaron hasta dividir al PRD, se fueron al Partido de la Liberación Dominicana. Y hay que recordar que el PLD es hermano paterno del PRD, pues tuvieron como líder y forjador al profesor Juan Bosch, y durante muchos años se diferenciaron notablemente del Partido Reformista y el quehacer político de Joaquín Balaguer.

Pero pocos meses después de los comicios del 1990 la mayoría de los majlutistas comenzó a retornar al PRD, pues pesaba más su perredeísmo que su majlutismo. Incluso el propio Majluta terminó por apoyar a Peña Gómez en los comicios de 1996. El PRI ha terminado tan perredeísta, que ha asumido la cuestión de la reelección con más entusiasmo que los propios dirigentes del PRD.

Sin embargo, parece que los líderes del PLD y del PRD, Leonel Fernández Reyna e Hipólito Mejía, no han tomado en cuenta esta tendencia y se han involucrado directamente en la campaña en favor de sus compañeros de causa que aspiran a cargos en el Congreso Nacional y los ayuntamientos.

No se acaban de convencer de que por más popular que resulte un líder, como candidato o no, no llegará muy lejos si su partido no tiene la suficiente fortaleza para sustentarlo.

BALAGUERISTAS Y REFORMISTAS

Aunque el doctor Joaquín Balaguer, líder del Partido Reformista Social Cristiano, ha ejercido un liderazgo mucho más fuerte y centralizador que Leonel Fernández e Hipólito Mejía su poder de convocatoria no ha evitado las derrotas electorales.

Ciertamente, Balaguer ha sido un líder que ha dirigido su partido, el PRSC, como le ha parecido mejor, sin tomar en consideración los organismos de dirección ni a las bases.

Se podría argumentar que para las presentes elecciones lo que ocurra no tendrá que ver con el nivel de influencia que ejerza Balaguer, porque él está prácticamente retirado.

Sin embargo, incluso en los años cuando todavía Balaguer estaba activo y al frente de su partido, cuando era seguro y permanente candidato presidencial, su liderazgo no fue suficiente para hacer que su partido ganara unas elecciones.

Balaguer perdió las elecciones generales (presidenciales, congresionales y municipales) de 1978 y 1982, a pesar de que era el candidato presidencial. Estando en el poder vio perder a su partido en 1996. Se podría argumentar que en los comicios de 1996, forzados a celebrarse con dos años de anticipación por la crisis política que se originó a raíz de los comicios de 1994, Balaguer no era el candidato y prefirió al candidato del PLD en detrimento del PRSC.

Pero en los comicios de medio término, de 1998, Balaguer salió a hacer campaña en favor de los candidatos reformistas, y de todas maneras el PRSC fue derrotado. De igual manera, en el 2000 Balaguer fue candidato presidencial, y no pudo evitar una nueva derrota. En el presente, aunque las encuestas registran una alta calificación positiva sobre el ex presidente Balaguer, de ninguna manera quiere decir que este bajo rechazo que expresa la población hacia su persona influya en la decisión de votar el jueves 16.

MEJÍA Y FERNÁNDEZ EN LA VALORACION DE LA GENTE

Para los comicios de medio término de 1998, los primeros en 30 años que se celebran separados de los presidenciales, el entonces presidente Leonel Fernández comprometió su prestigio personal y su popularidad e influencia para ayudar a los candidatos de su partido, el PLD.

Incluso apareció en comerciales de televisión pidiendo a la ciudadanía que votara por los candidatos del PLD para que el gobierno aumentara su poder en el Congreso Nacional, a fin de poder hacer pasar los proyectos que se consideraban de interés nacional. v
El error residió en que el doctor Fernández Reyna se lanzó a la campaña en momentos en que su popularidad personal era superior a la de su gobierno, pero en realidad descendía en relación con el inicio de su gestión.

En efecto, del 23 al 29 de abril de 1998 se llevó a cabo el trabajo de campo de la Encuesta Hamilton & Staff-Hoy, y el doctor Fernández Reyna registraba una tasa de rechazo, con 44 puntos porcentuales de opinión "desfavorable", contra sólo un 37% de aceptación. (Cfr.: La Otra Dimensión, periódico Hoy, 22 de mayo de 1998). Quizás por no hacer caso a baja de su popularidad el presidente Fernández se arriesgó a encabezar la campaña de su partido, y los resultados no pudieron ser peores.

Con el presidente Mejía está pasando un fenómeno similar, en cuanto a las mediciones del rechazo y la aceptación por parte de la ciudadanía. Según la Encuesta Hamilton Beattie & Staff-Hoy, publicada el miércoles 10 de abril recién pasado, el presidente Mejía registra una tasa de rechazo del 49 por ciento, exactamente el mismo porcentaje que reúne en la aceptación popular (ver periódico Hoy del 10 de abril de 2002, página 10).

Si se compara esta relación entre aceptación y rechazo con la registrada en mayo del 1999, cuando el mandatario registraba una tasa de aceptación popular del 67 por ciento, contra sólo un 27% de rechazo, es evidente que la popularidad de Mejía ha descendido.

El presidente Mejía, aunque no ha pronunciado discursos ni ha participado en anuncios televisivos en favor de los candidatos del PRD, sí ha proferido palabras ofensivas contra el PLD y el ex presidente Fernández.

Asimismo, ha alentado a los perredeístas a derrotar a los candidatos peledeístas. El mandatario hasta ha dicho que si el PLD gana más de 2 senadurías se iría para Gurabo a sembrar yuca. En ambos casos (PLD-Leonel Fernández Reyna y PRD-Hipólito Mejía) se trata de un riesgo innecesario que podría resultar en un costoso error político. No se puede decir lo mismo de Balaguer en esta ocasión, pues se trata de un líder que prácticamente está retirado.

Aunque en política no es aconsejable jugar a la adivinanza, habría de esperarse que los dirigentes altos, medios y de las bases del PRD y el PLD, por separado, cuestionen seriamente al presidente Mejía y al ex presidente Fernández Reyna. Al doctor Fernández Reyna se le acumularían tres derrotas consecutivas (1998, 2000 y 2002), y al presidente Mejía se le pondría más lejos la posibilidad de hacerse aprobar una reforma constitucional a su medida para reintroducir la reelección. Si el Congreso Nacional aprueba la reforma constitucional antes de la juramentación de los nuevos legisladores, el 16 de agosto, entonces Mejía se vería enfrentado a una fuerte oposición interna en el PRD, pues los perredeístas no querrían correr el riesgo de llevar como candidato a un recién derrotado.

De la misma manera, al PPH (el grupo de Mejía dentro del PRD) se le haría difícil hacer pasar a uno de los suyos como candidato presidencial.

Y es que la historia electoral dominicana ha demostrado que más que cuestión de liderazgo es cuestión de partidos bien organizados, con recursos y presencia nacional.


Otros
artículos


¿Líderes o partidos?
Hamlet Hermann
daría prioridad como síndico a las compañías recolectoras



VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados