13 de Mayo del 2002 • Edición número 1,254
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“Tenemos que construir la casa en la que debemos vivir”
Rafael Molina
Morillo


Ni el antihaitianismo
ni el antidominicanismo conducen a nada bueno en esta isla. Dominicanos y haitianos somos
hermanos siameses, imposibles de ser
separados, y tenemos que aprender a vivir
con esa idea.
La frase es atribuida por un diario local al embajador dominicano en Haití, Alberto Despradel. Se refería el diplomático, obviamente, a la “casa” en que debemos convivir para siempre –léase y óigase bien: para siempre- dominicanos y haitianos.

Clara visión la del representante de nuestro país en el país fronterizo. La Historia y sus primeros narradores se han encargado de sembrar una semilla de desconfianza, por no decir de animadversión y hasta de odio, en no pocos casos, en el corazón de haitianos y dominicanos. Las realidades económicas y políticas de hoy también ponen cierta distancia entre ambos pueblos, a lo que contribuyen grandemente los arraigados prejuicios adversos que perduran de lado y lado.

Como expresa el embajador Despradel, “el nacionalismo dominicano no hay que validarlo contra los haitianos”. Al endosar ese concepto corremos el riesgo de ser agregados –si no lo estamos ya- a la lista de los “traidores” o “ciegos” que no somos capaces de ver a un enemigo en cada haitiano. Pero corremos el riesgo e insistimos en que es necesario cambiar de mentalidad y vivir en armonía y dentro de un clima de respeto recíproco con nuestros vecinos.

Poco a poco, quizás demasiado lentamente, estamos viendo algunos signos positivos en lo que a las relaciones bilaterales entre ambos Estados se refiere. Pero también desearíamos notar cambios de actitud entre los dos pueblos. Esto no quiere decir que dejen de aplicarse las leyes, específicamente las que tienen que ver con el tema de las migraciones ilegales en ambas direcciones. Cada uno en su casa impone sus reglas, pero por encima de ellas debe alimentarse el pragmatismo de que inexorablemente tenemos que compartir la isla y el sentimiento de que somos hermanos siameses y vamos a vivir pegados por el resto de la eternidad.


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