13 de Mayo del 2002 • Edición número 1,254
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Juan Tomás se refería al grupo de combate que eliminaría a Trujillo. Hasta ese momento el grupo fue formado, en principio, por todos los hermanos De la Maza, además del español Manuel de Ovín Filpo, Tunti Cáceres, Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Huáscar Tejeda, Roberto Pastoriza y el teniente Amado García Guerrero. Y quienes ya estaban realizando prácticas de emboscada militar.

1961. En ese instante entra Antonio de la Maza.

Antonio: Claro que hay hombres, buenas noches, caballeros. Lo que dice Huáscar es verdad, pero no escuché todo, ¿cuál era el tema?

Modesto: Qué tal, Antonio. Planteaba que después de eliminar a Trujillo, ¿quién gobernaría? Es simple, lógico, este complot debe tener un sentido político, debe traducirse en un golpe de Estado con un plan que satisfaga nuestras aspiraciones dentro de un contexto político aceptable, conservador, democrático. Fíjense, aquí hay muchos grupos trujillistas y ya hemos visto que existe el embrión de una oposición fuerte que trabaja en silencio, subrepticiamente. Nadie puede con Trujillo ni la OEA, ni los norteamericanos que lo pusieron ahí.

Juan Tomás: Ya hemos visto cómo se burla de todo el mundo, puso a un títere, a Joaquín Balaguer, como Presidente y asimismo sigue dando órdenes. Necesitamos un alto jefe militar. Hemos estado analizando la situación, quién puede ser, se habló de Luis Amiama Tió para que tanteara a Pupo Román.
Fifí Pastoriza: Ahí sí, con Pupo estaríamos del otro lado.

Antonio: No cantes victoria, Fifí. Tranquilo. Dime, Modesto, ¿cuándo hablarán con el general Román?

Casa de Pupo Román

Conocido como Pupo, se trataba del general José Román Fernández, el militar de mayor rango después del Generalísimo Trujillo. Emparentado con la familia Trujillo por haber contraído matrimonio con una sobrina del tirano, sin embargo sufría los excesos y autoritarismo del Jefe. Enrolarse en el complot le fue posible debido a su entrañable amistad con Luis Amiama Tió, de quien era compadre. Tió habría comentado con Pupo su descontento del regimen, siempre en privado. Pero la conversación definitiva se produjo en una hacienda de Pupo, pocos días antes del 30 de mayo.

Pupo Román: Nunca me había visto en esta situación, con tantas deudas. Me está matando ese préstamo del Banco Agrícola y el Jefe parece que disfruta eso, el otro día le pedí que me ayudara hasta que yo pueda resolver y pagar, pero se hizo el que no me oyó. Coño, cuánta humillación.

Tió: Te entiendo, ya pasé por eso. Sin embargo, tú con la posición que tienes deberías tener mayor suerte.

Pupo: ¿Dónde tú crees que vives? Trujillo da y quita todo aquí, si él quiere tú te jodes en un pestañar, no mi querido Luis, parece que la vejez le está cogiendo con hacer más maldad, goza todo lo mal que la pasamos, incluso quienes le servimos. Disfruta que tú no te imaginas, yo que lo veo todos los días sé lo que pasa, cómo se ríe del mal ajeno. Primero él, y los demás que se jodan, que se los lleve el mismo diablo.

Tió: Podrías ocupar su lugar. Te voy a confesar lo siguiente y si no estás de acuerdo te pido que en honor a nuestra amistad me guardes el secreto.

Pupo: No, no, no, espera. ¿No me digas que tú también estás…?

Tió: ¿Conspirando? Sí, y no sólo yo, te asombrarías de la cantidad de gente con la que estoy.

Pupo: ¿Por qué me dices esto? ¿Tú te estás volviendo loco?

Tió: Te lo digo porque te necesitamos.

Pupo:
¿A mí?

Tió: Compadre, esto es muy serio, no es cosa de muchachos, ni estoy loco, estoy igual que tú desesperado con esta situación. Tú no quieres este régimen, ¿o estoy equivocado?

Pupo: No, no estás equivocado compadre. ¿Quién más sabe que estamos hablando de esto, de lo que tú propones?

Tió: Hay mucha gente valiosa, es una necesidad patriótica…

Pupo: ¿Quién? Dígamelo o cortamos aquí mismo el tema…

Tió: Juan Tomás, Modesto…

Pupo: ¿Los hermanos Díaz?

Tió: También Salvador Estrella Sadhalá, Pedro Livio Cedeño…

Pupo: Ya está bueno de nombres. Ahora, ¿qué hay de los norteamericanos?

Tió: Hay contactos. Después de la condena de la OEA, Trujillo se quedó sin el apoyo de los norteamericanos, está como la arepa. Nosotros ya estamos hablando de un golpe de Estado.

Pupo: ¿Y ustedes creen que hay condiciones para darle un golpe de Estado a Trujillo?

Tió: Por supuesto. Claro, habría que ir más lejos…

Pupo: Hablemos claro. Un golpe de Estado sólo da resultado si Trujillo muere y todos sus familiares son exiliados, ya sus hermanos hay que hacerlos presos o sacarlos también de aquí, eliminar todo el aparato represivo, el SIM, Johnny Abbes…

Tió: Estamos de acuerdo. Pero las condiciones, éste estado de cosas, él mismo se las buscó. Cometió muchos errores. Ese atentado al presidente venezolano, Rómulo Betancourt, ahora romper con la Iglesia Católica, la OEA presionándolo con sanciones… aquí no se sabe lo que va a pasar, a Trujillo se le están cerrando todas la salidas.

Pupo: ¿Cuál es el plan de ustedes? ¿Qué esperan ustedes de mí?

Tió:
Bien. Una vez desaparecido Trujillo, se crearía una Junta Cívico-Militar encabezada por ti. Pupo, es una necesidad patriótica. ¿Tu trabajo? Mantener el control del ejército. Bueno, ¿entonces podemos contar contigo?

Pupo: Dos condiciones. Debo estar al tanto de cada paso del complot.

Pupo Román hace un largo silencio. Tió no habla nada, apenas espera que diga su otra condición, casi lo adivina cuando el general menciona con firmeza extrema la demanda que suena como una sentencia.

Pupo: No me muevo hasta no ver con mis propios ojos el cadáver del Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina.

El general citó al tirano con el grado militar, nombres y apellidos. Lo hizo casi deletreando cada sílaba. In crescendo. Mirando fijamente a su interlocutor. Tió movió ligeramente la cabeza, con aquel gesto característico de afirmación. Sus manos diestras se acercaron lentamente hasta alcanzarse una a la otra, apretándose fuertemente. Ambos pronunciaron la palabra siguiente como si la hubiesen practicado muchas veces:

Pupo/Tió: ¡Hecho!

1961. Finca de Pupo Román

En la fiesta de cumpleaños de Pupo Román estaban varios de los complotados para derrocar a Trujillo y su régimen. Presentes estaban Pupo, su esposa Chana y sus hijos; Modesto, Juan Tomás, Miguel Angel Báez Díaz, Amiama Tió, algunos familiares de los conspiradores y convidados de confianza. Alguien coloca un disco y se inicia el merengue “Salve San Cristóbal”, algunas parejas dan los primeros pasos y la música es cortada. Es Pupo el de aquella acción.

Pupo: Perdónenme. Es que ya la hemos oído mucho. Vamos a poner otro merenguito bastante bueno, dedicado a mi amigo Juan Tomás.

Se escuchan las cadenciosas notas de “Compadre Pedro Juan”.

Pupo: Hay que variar la música…

Se le acerca el grupo de complotados.

Juan Tomás: Claro Pupo. Hay que variar la música. Tiene mucho tiempo. Ya es hora.

Modesto: Felicidades Pupo. Me gustaría celebrarlo contigo como Presidente algún día. Tenemos buenas noticias: la CIA está cooperando con nosotros. El cónsul norteamericano dice que su gobierno acepta que seas tú el sucesor de Trujillo…

Pupo: ¿Cómo?

Juan Tomás: Por supuesto, en una eventual desaparición del Jefe. En realidad esa fue nuestra única propuesta, pues no queremos a más nadie en ese puesto.

Pupo: Baja la voz

Miguel Angel Báez Díaz inicia el “celebro tus cumpleaños…” Era uno de los más cercanos colaboradores de Trujillo, pero también se había colocado del lado contrario y trabajaba en el complot subrepticiamente. La simulación era su mejor arma y la dispuso a favor del complot vigilando cada paso del Jefe.

Por un instante, Pupo recordó el momento más amargo que le había tocado vivir. Cuando visitó el lugar donde habían sido asesinadas las hermanas Mirabal.

1960. Lugar del crimen de las hermanas Mirabal

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por orden del tirano el 25 de noviembre del 1960. Semanas después del asesinato a manos de esbirros del tirano, Trujillo visitó el lugar en compañía de Pupo Román.

Trujillo: Entonces, fue por aquí que cayeron las Mirabal. Lamentable. Un horrible accidente que los enemigos del régimen me atribuyen.

Nadie dijo nada. Pupo Román apretó los labios. Conocía ese tono de Trujillo. Entendió que decir algo, cualquier cosa, aun corroborando lo que decía Trujillo, sería malinterpretado. Aquel tono del tirano era inconfundible, pues hablaba en voz alta y no esperaba la opinion de nadie, apenas el silencio cómplice.

Casa de Pupo Román

Obviamente, siendo una operación militar el cerco y eliminación de las tres hermanas Mirabal, Pupo era uno de los sospechosos del crimen. Se desahoga con su hijo José René, también militar.

Pupo: Si es así como Trujillo quiere mantenerse en el poder, que no cuente conmigo.

José René: ¿Pero fue o no fue un asesinato?

Pupo: Un asesinato cruel, bueno todos los asesinatos son crueles, pero éste… Mi hijo, tú sabes que él es un criminal, un loco, un sicópata… Bueno, pero aquí ya las cosas no serán más las mismas… Trujillo y su régimen están en el principio del fin.

José René: ¿Qué usted quiere decir con eso, papá? El principio del fin…

Pupo: Olvídalo. Déjame solo, quiero pensar. Cuántas intrigas, Dios mío.

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