8 de Abril del 2002 • Edición número 1,249
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El exilio cubano:
El gran calumniado



A los cubanos del exilio se les insulta con el calificativo de "gusanos". Los castristas menos extremistas tratan de trazar una división entre lo que denominan "lo peor" del exilio cubano y el resto, el exilio "menos malo".

Cuando miles de dominicanos tuvieron que huir de la dictadura de Trujillo y se establecieron en Estados Unidos, en Cuba, Venezuela y Puerto Rico, entre otros países, los adláteres del dictador Trujillo también crearon epítetos contra ellos: les llamaban traidores, comunistas y pordioseros ("recogiendo limosnas no lo tumban....").

En uno de sus discursos el dictador Trujillo comparó a los dominicanos que no estaban con el gobierno con la basura que las olas del mar expulsan hacia la tierra.

De esos que el gobierno cubano llama "gusanos" viven en gran medida el régimen y el pueblo de Cuba. Los millones de dólares que envían desde el exterior los cubanos a sus familiares ha permitido un respiro al gobierno de Cuba en materia de divisas, y ha permitido a millones de sus compatriotas el acceso a las diplotiendas, en donde hay los productos que no puede obtener el cubano que no obtenga dólares.

Quien trabaja y produce bienes y servicios no es gusano. Gusano es aquél que vive del sudor de los demás, como hace la dirigencia oficial cubana, que se da la gran vida mientras el pueblo vive en la miseria. Y que no venga nadie con el cuento de los "logros de la revolución" en materia de salud y educación.

Si bien es cierto que en educación el cubano promedio supera a la mayoría de los ciudadanos de los países de Centroamérica y el Caribe, no es menos cierto que esa formación no le sirve para elevar su nivel de vida dentro de su propio país.

Es decir, Cuba es de los pocos países en donde la educación no permite ni sirve al ciudadano para obtener el mínimo de riqueza necesaria para vivir satisfactoriamente, porque el propio gobierno no lo permite. En la salud ya se sabe que el pueblo común no tiene acceso tan fácil a los mejores hospitales, los cuales se han convertido en fuentes de generación de divisas, pues el gobierno propaga y vende al exterior estos servicios. Además, ¿de qué sirve que el médico haga el diagnóstico correcto si en el hospital ni en las farmacias hay medicamentos disponibles?

Sólo hay que comparar a Cuba con Costa Rica e incluso con la propia República Dominicana en cuanto al Indice de Desarrollo Humano, que aparece en las publicaciones anuales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sin revolución ni dictadura, Costa Rica supera a Cuba en la mayoría de los renglones medidos, incluyendo la seguridad social. República Dominicana está prácticamente al nivel cubano.

Después de 40 años hablando toda clase de disparates contra pueblo y el gobierno de Estados Unidos, el gobierno cubano terminó recientemente por comprar alimentos a empresarios norteamericanos, con el permiso de la administración Bush.

Porque el fracaso de la producción cubana no viene del embargo que ha impuesto EEUU, sino del desaliento que el socialismo genera en los productores del campo y en los obreros. Esto lo saben muy bien los rusos y los chinos.

Y son los representantes y propagandistas de ese régimen despiadado los que pretenden imponer a otros gobiernos la obligación de reprimir a los cubanos que desde el exilio luchan por la libertad de su pueblo.

¿A cambio de qué se pretende que el pueblo cubano siga soportando tantas limitaciones económicas? ¿Vale la pena sacrificar la libertad para obtener unas migajas sociales? ¿Negociaría un dominicano su libertad sólo para que se le garantice comprar con las limitaciones de una libreta de racionamiento en una especie de puesto de ventas populares del Inespre?


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