8 de Abril del 2002 • Edición número 1,249
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Los incidentes de Montecristi
O cuando una dictadura quiere ser tratada como una democracia




Por Gustavo Olivo Peña

El sábado 24 de marzo fueron innecesaria e inhumanamente reprimidos amigos y correligionarios del gobierno de Cuba que asistieron a la casa-museo de Montecristi que honra a José Martí y a Máximo Gómez.

Se conmemoraban 107 años del Manifiesto de Montecristi, acontecimiento mediante el cual el Apóstol de la Libertad de Cuba y el Generalísimo dominicano trazaron un camino sin retorno hacia la independencia del pueblo cubano.

Como ha sido costumbre, dominicanos y cubanos (contrarios y partidarios del gobierno de Fidel Castro) rendirían homenaje a los dos principales forjadores de la independencia y libertad de la República de Cuba: José Martí y Máximo Gómez. Por lo que hemos sabido, se había programado que ese sábado acudiesen a la casa-museo los cubanos del exilio y al día siguiente irían los partidarios del gobierno y la representación diplomática.

Lo que ocurrió fue que, no sabemos si por falta de coordinación o tozudez de una de las partes, coincidieron en Montecristi los pro y anticastristas.

La Policía Nacional sacó por la fuerza de la casa-museo a los partidarios del gobierno cubano. El error fue reprimirlos con una dureza inhumana e innecesaria.

El domingo 24 de marzo una representación del gobierno de Cuba, encabezada por el embajador en República Dominicana, Miguel Pérez Cruz, fue apedreada por presuntos cubanos del exilio y simpatizantes de su causa.

GANANCIA DE PESCADORES
"Río revuelto, ganancia de pescadores", reza el viejo refrán. Y tras los acontecimientos del sábado 23 y el domingo 24 de marzo el gobierno cubano, desde La Habana y desde Santo Domingo, no ha cesado en su empeño de sacar ganancia política de un hecho de escasa importancia y trascendencia.

Que uno, dos o tres fanáticos de ambos bandos (anti y pro castristas) lancen una piedra o vociferen alguna consigna, en modo alguno significa que exista distanciamiento entre los pueblos de Cuba y la República Dominicana.

Tampoco quiere decir que exista interés en uno u otro gobierno en dañar las relaciones diplomáticas y comerciales.

Como tampoco quiere decir que el Gobierno dominicano esté auspiciando ni permitiendo que desde el territorio nacional se organicen conspiraciones armadas contra el régimen cubano. Sin embargo, los medios de comunicación de Cuba (todos controlados por el gobierno bajo el sistema de estricta censura previa) no han cesado en propagar la falsa especie de que en el país se permite a los exiliados armar conspiraciones y hasta formar un gobierno paralelo.

Se ha llegado al ridículo de señalar al periodista dominicano de origen cubano, Mario Rivadulla, como cabecilla de un movimiento de exiliados que busca conformar y proclamar un gobierno cubano paralelo desde el territorio de la República Dominicana.

Nada más incierto y ridículo.
Mario Rivadulla vive en la República Dominicana desde 1970 y aunque no está de acuerdo con el sistema de gobierno que sufre el pueblo cubano desde hace más de 40 años se ha limitado a sus labores privadas, desde las cuales ha prestado gran servicio al país que ha adoptado como su patria.

Rivadulla nunca ha sido un hombre extremista ni ha vivido amargado ni lleno de rencor hacia sus antiguos compañeros de causa, quienes le encarcelaron y maltrataron injustamente cuando él decidió luchar por la democracia dentro del territorio cubano.

En 1974, en ocasión de celebrarse en el país los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, Rivadulla y otros cubanos residentes aquí evitaron que un compatriota proveniente de Estados Unidos materializase un atentado terrorista contra la delegación cubana. Este hecho demuestra su vocación pacifista y su sentido de la justicia y el equilibrio, porque nunca ha sido un extremista. El Gobierno dominicano no tiene ninguna obligación de pedir excusas por unos hechos que no provocó ni auspició. Se trató de incidentes aislados, sobre los cuales nadie nunca ha tenido control.

Si hay un país que ha dado buen trato al gobierno cubano ése es la República Dominicana. En momentos difíciles, cuando establecer relaciones comerciales y diplomáticas con Cuba era un riesgo, los dominicanos mantuvieron constantes las exportaciones hacia Cuba. Y si bien las relaciones diplomáticas no se reanudaron sino durante la administración del doctor Leonel Fernández Reyna (1996-2000), de hecho se mantuvieron a todos los niveles, aunque de manera informal, desde principios de los años 70. De esa manera se permitió al gobierno cubano expandir sus vínculos comerciales y culturales con otras naciones a través de la República Dominicana. Cuando nadie quería comprar ni vender al gobierno cubano, desde la República Dominicana se le permitió obtener alimentos, muebles, bebidas gaseosas norteamericanas, libros y turistas.

Incluso cuando la zafra azucarera caía por debajo de sus expectativas para la exportación, el azúcar dominicano, obtenido a buenos precios, le permitió cumplir con sus compradores.

CUANDO SE EXIGE LO QUE NO SE MERECE
Los países democráticos se comportan con excesiva condescendencia cuando aceptan compartir en igualdad de condiciones, en cumbres y foros internacionales, con representantes de gobiernos dictatoriales como el cubano.

A Fidel Castro se le permite hacer uso de la palabra sin ninguna restricción, aunque exija sin ningún rubor todo aquello que él ha negado a su pueblo durante 40 años.

Provoca indignación escuchar a Castro exigir equidad y democracia a las grandes potencias industrializadas, a la Organización de las Naciones Unidas, al Fondo Monetario y a la Organización Mundial del Comercio, pero nadie le impide que agote sus turnos.

Al gobierno cubano se le ha permitido en la República Dominicana lo que a muy pocos o ninguno de los países democráticos: enviar al territorio dominicano a sus agentes de seguridad y espionaje cuando el doctor Castro Ruz ha visitado el país.

Puede ser cierto que desde muchos lugares en el mundo el exilio cubano trate de forzar la caída del gobierno dictatorial cubano. De la misma manera que hicieron los dominicanos en el exilio durante los 31 años de dictadura de Trujillo; como hicieron los españoles del exilio durante la dictadura franquista; como hicieron los venezolanos durante la dictadura de Pérez Jiménez; como hicieron los chilenos del exilio durante la dictadura de Pinochet; como hicieron los haitianos del exilio durante la dictadura de los Duvalier.

¿O acaso se puede tratar con los dictadores con las reglas de la democracia, cuando ellos no las respetan ni las comparten?


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