8 de Abril del 2002 • Edición número 1,249
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Boca Chica
Un polo turístico que necesita más atención de las autoridades

En enero de los años 2001 y 2002 la tasa promedio de ocupación de Boca Chica y Juan Dolio tuvo una variación de –28.5 por ciento. En enero del 2001 fue de 85.5, mientras que en ese mismo mes en el 2002 fue de 61.2 por ciento



Por Petra Rondón


Boca Chica es un ejemplo de que las cosas no son como aparentan. Siempre se ha hablado de la actividad turística de esta zona resaltando los aspectos negativos, pero no se menciona que el polo turístico número I, que incluye a Juan Dolio, genera cerca de siete mil empleos directos e indirectos, aporta al Estado unos 100 millones de dólares anualmente y destina entre 400 y 500 millones de pesos al año a la compra de mercancías nacionales.

En esta zona turística, con cerca de tres mil habitaciones, existe una población de jóvenes que trabajan y estudian, participan en actividades deportivas y buscan la manera de superarse para cambiar la situación económica en que viven. También tratan de que se deje de estigmatizar a este municipio, hablando sólo de la prostitución y la delincuencia.

En la actualidad la ocupación hotelera de Boca Chica se encuentra en la misma situación de los otros polos turísticos: existe una situación de baja con respecto al año pasado, pero en la categoría de “aceptable” para la mayoría de sus hoteles, cuyos niveles de ocupación estuvieron entre 60, 70 y 80 por ciento.

Henry Pimentel, director ejecutivo de la Asociación Pro-Desarrollo Turístico de Boca Chica, expresa que en lo que se refiere a esta zona el descenso en el nivel de ocupación no se debe sólo a los acontecimientos ocurridos a finales del año pasado, sino que está directamente relacionado con los problemas que enfrenta esta comunidad, entre los que destaca la poca frecuencia con que se recoge la basura.

A pesar de que no tiene esa responsabilidad, la asociación se ha visto en la obligación de organizar operativos de limpieza. En algunas oportunidades, cuando realizan este tipo de actividad, cuentan con el apoyo de la Marina de Guerra y de la Policía Turística, a pesar de que en el último operativo no recibieron una respuesta positiva a la petición de ayuda.

DELINCUENCIA Y PROSTITUCIÓN
Aunque éstos son los dos principales problemas que afectan a la mayoría de los polos turísticos del país, Boca Chica es uno de los que más se conoce por el auge de la delincuencia y de la prostitución, quizás por la cercanía que tiene con la ciudad de Santo Domingo. Se trata de problemas que se encuentran latentes y que Henry Pimentel entiende necesitan de una mayor atención de las autoridades.

“Hay un problema innegable que las autoridades no están tomando las medidas que tienen que tomar para resolverlo. No es tan difícil y si hay una voluntad real se resuelve en poco tiempo. En el caso de la prostitución hay dueños de negocios que mueven eso y se sabe quiénes son, la Policía Turística lo sabe pero debe tomar las medidas de lugar”, destaca Pimentel.

A su entender si no existe una participación activa de las autoridades de Boca Chica, no se hace nada con desarrollar actividades aisladas, porque quienes tienen la potestad para resolver esos problemas son la Policía Turística, la Marina de Guerra y la Secretaría de Turismo, entre otras instituciones.

LA ARRABALIZACIÓN
Otro de los problemas que enfrenta este polo turístico es la falta de control que existe en las playas, así como en los restaurantes y en los negocios que se encuentran a su alrededor, los cuales no presentan niveles óptimos de higiene.

Pimentel afirma que la idea no es que estos lugares cierren sus puertas, sino que mejoren los servicios que ofrecen a los turistas.

Los servicios básicos con que cuenta esta comunidad son deprimentes, hasta el punto que existen lugares donde en muchas oportunidades no llega el agua. La Asociación Pro-Desarrollo Turístico de Boca Chica tiene una planta de bombeo a la que están conectadas la mayoría de los moradores, además de una planta de tratamiento, que de no ser sometida a chequeo comenzará a presentar problemas.

Mejorar el entorno de la zona es una de las metas de la asociación, ya que de esto depende que los turistas se sientan motivados a volver a visitar este polo turístico. La mayor parte de su población vive de la actividad turística y cuando se presenta una baja en el nivel de ocupación hotelera se siente una disminución en el movimiento de la economía.

EL MEGAPUERTO
No sólo la campaña negativa desatada en contra de esta comunidad amenaza su actividad turística. En el futuro, con la construcción de un megapuerto, existe la posibilidad de que el turismo desaparezca por completo de Boca Chica. Henry Pimentel entiende que en el momento en que el megapuerto se convierta en una realidad la industria turística tendrá que dividirse en antes y después.

“La construcción del megapuerto es una sentencia de muerte para el turismo. No es sólo la parte ecológica, sino también la arrabalización visual que va a significar para los turistas que vienen desde el extranjero y para los dos millones de habitantes de la capital que visitan esta playa”, afirma Pimentel.

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