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Los acuerdos de aposento
han marcado el devenir del PRD
Para Enmanuel Esquea Guerrero, expresidente del partido y precandidato presidencial, esa cultura de los acuerdos ha sido y seguirá siendo funesta para esa entidad política
Por Carlos O. Pérez
El Partido Revolucionario Dominicano, fundado en el exilio en el 1939, se ha consolidado como la principal fuerza política del país gracias a una cultura de negociaciones que se ha puesto de manifiesto en cada una de las 19 convenciones que ha realizado esa entidad. Las arreglos entre los principales dirigentes le han dado mejores beneficios al PRD que el no ceder ante los conflictos que caracterizan su consulta interna, porque los tranques han terminado en expulsiones de dirigentes, muertes de militantes y divisiones. Los acuerdos entre los dirigentes perredeístas suelen colocarse por encima de la voluntad de la militancia, que elige a unos, pero mediante los conciliábulos se impone a otros.
La primera de esas negociaciones se produjo en el 1962, cuando Juan Bosch, líder y candidato presidencial, desconoció la voluntad de la militancia que seleccionó a Buenaventura Sánchez como candidato vicepresidencial. Bosch se negó y optó por escoger él a Segundo Armando González Tamayo. El último de los acuerdos entre los dirigentes perredeístas fue en la pasada convención, cuando Hatuey Decamps anunció que había negociado con el jefe del Estado para colocar en puestos públicos a los dirigentes que no obtuvieron una canditatura.
No hay forma de organizar una convención en el PRD en la que impere la voluntad popular. Inclusive, el presidente Hipólito Mejía y las actuales autoridades del partido son el fruto de acuerdos de aposento que tuvieron lugar en el proceso del año dos mil. Mediante ese acuerdo el entonces precandidato Hipólito Mejía, ganador del certamen con 74% de los votos, ocupó la nominación presidencial; a Milagros Ortiz Bosch le correspondió la candidatura vicepresidencial; mientras que a Hatuey Decamps y Rafael Suberví Bonilla les tocó la presidencia y secretaría general del partido, respectivamente. También un 10% de los cargos en gobierno para cada participante.
El fenecido líder José Francisco Peña Gómez fue el auspiciador de las negociaciones en cada proceso. Esta práctica la llevó hasta su muerte y, al parecer, ha sido continuada por el actual presidente del partido blanco, Hatuey Decamps.
UN HISTORIAL FUNESTO
Para Enmanuel Esquea Guerrero, expresidente del PRD y organizador de la convención del 2000, la cultura de los acuerdos de aposento ha sido y seguirá siendo funesta para la entidad política.
Entiende que, mediante la práctica de los acuerdos unilaterales, personas que no han tenido ninguna posibilidad de alcanzar posiciones electivas o de dirección logran finalmente su objetivo creando situaciones de crisis interna.
Para el precandidato presidencial perredeísta el futuro de la entidad dependerá de las acciones que encaminen sus dirigentes por lograr su democratización, donde se respete la voluntad de la militancia.
"La cultura de las negociaciones ha sido funesta para el PRD y seguirá siendo funesta si la continuamos. Lo que tenemos que hacer es adecuarnos a la cultura de la democracia y de respeto de la militancia cuando deciden en una convención votar por la persona que quiere la represente", sentenció Esquea.
Después de la convención de 1962, cuando Bosch impuso su candidato vicepresidencial, aconteció el certamen del 1969, donde hubo una repartición de cargos, llevándose la mayor tajada la tendencia del extinto presidente Antonio Guzmán Fernández, que logró la mayoría de miembros en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN).
Bosch estaba fuera del país y retornó con el propósito de "quitarle las garrapatas al buey", lo que provocó la expulsión de dirigentes importantes como el actual secretario de organización, Rafael Gamundi. A raíz de este conflicto Bosch rompe definitivamente con el PRD y funda el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Para el certamen de selección del candidato a la nominación presidencial en el 1978 se presentaron como candidatos Antonio Guzmán Fernández, Salvador Jorge Blanco y Jacobo Majluta. Ninguno logró obtener la primaria.
Para la segunda ronda de votación, Peña Gómez, entonces secretario general, propuso que el que quedara en segundo lugar ocupara vicepresidencia y el tercero la senaduría del Distrito Nacional. A tal efecto, fruto de ese acuerdo, Guzmán ocupó la presidencia, Jacobo la vice y Jorge Blanco la senaduría del Distrito.
En el 1981 se presenta la novena convención y el tranque se centró entre Jorge Blanco y Majluta. La salida propuesta por Peña Gómez fue la de otorgar la dirección perredeísta al primero; la presidencia del PRD y la senaduría de la Capital a Majluta y la mayoría de los cargos congresuales y municipales a la tendencia de Guzmán Fernández.
En el 1986 Peña Gómez y Majluta mantuvieron en vilo al país durante varios meses, dado que los dos se declararon ganadores de la nominación presidencial. El entonces presidente Jorge Blanco propuso el "Pacto de la Unión", el cual le daba la presidencia a Majluta, la dirección del PRD al extinto Peña Gómez, más el mayor porcentaje en los cargos legislativos y municipales, y a Jorge Blanco la senaduría de la Capital, que recayó en su esposa, Asela Mera de Jorge.
Pero las fuerzas no se aglutinaron, Majluta abandonó el PRD y fundó el Partido Revolucionario Independiente (PRI), mientras Peña Gómez fundó el Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS).
EL LÍDER MÁXIMO
Luego Peña Gómez aglutina las fuerzas dispersas del PRD y se convierte en el líder absoluto que manejaba a su antojo la organización. Lo que decía Peña era lo que se hacía, sin importar la voluntad popular.
Para las elecciones congresuales y municipales del 1998 Hipólito Mejía, Decamps y Suberví Bonilla apoyaron para la sindicatura de la Capital a Eligio Jáquez, Miguel Vargas Maldonado y a Rafael Suberví Bonilla, respectivamente. Se produce un tranque porque todos creían haber ganado, lo que provocó que Peña se impusiera como candidato y muriera seis días antes de las elecciones. El PRD estaba al borde de otro caos y su líder se inventó el famoso "2 y 2", que consistía en que los candidatos al Congreso y los ayuntamientos ocuparon por dos años los cargos para los que fueran elegidos, en vez de cuatro años.
El gran reto del PRD fue la convención del 2000, sin la presencia física de su líder. La convención fue organizada por Esquea Guerrero, quien ocupaba la presidencia del PRD y renunció, tras el acuerdo que dio como resultado a las actuales autoridades partidarias y al presidente y vicepresidente de la República. El pasado 17 de febrero fue la última convención y después de una serie de escarceos de los que no ganaron, Decamps informó que llegó a un acuerdo con el Presidente Mejía, mediante el cual se les daría puestos públicos a los que no fueron favorecidos por la militancia. |
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