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Entrevist[a]
Monseñor Antonio Camilo
El sacerdocio para mí es como si lo estrenara cada día

Por Enilda Torres
Desde que tuvo uso de razón el hoy obispo de la diócesis de La Vega, monseñor Antonio Camilo, demostró actitud y vocación religiosa. Era un niño normal como los demás, le gustaba jugar pelota, canicas y brincar, pero siempre fue atraído por el catecismo, que también le era inculcado por sus padres Antonio Camilo Pantaleón y doña Caridad González de Camilo -ambos están vivos- al igual que la maestra que lo alfabetizó, Emelinda Rodríguez, en su natal Ojo de Agua, Salcedo.
Es el mayor de cinco hermanos, cuatro varones y una hembra, los cuales por su edad nunca influyeron en su decisión de ser sacerdote. Sin embargo, tuvo que enfrentar los comentarios de allegados a su familia que llegaron a interferir ante sus padres para que desistiera del camino que estaba eligiendo. Cuenta que hubo gente que se le acercó para decirle que el sacrificio no valía la pena, que se casara y formara una familia.
¿Ustedes van a permitir que su hijo se convierta en un sacerdote?, cuestionaban, mientras sus padres respondían: Que haga lo que dicte su voluntad
que realice sus sueños
, recuerda, y así fue. Antonio Camilo ingresó al seminario a los 9 años de edad y de esa fecha para acá sólo se ha entregado a la Iglesia y a la gente. Hoy, satisfecho de la labor realizada, asegura muy convencido: Todo este tiempo lo he dedicado a la Iglesia, porque me gusta y pienso que ha valido la pena. No me siento defraudado, por el contrario, estoy agradecido de Dios, de la sociedad y de esta ciudad de La Vega, donde llevo 9 años como obispo. En sus 40 años dedicados al sacerdocio, el padre Camilo dice que no necesita vacaciones para descansar, porque siempre hay algo nuevo en su vida y todo lo que hace se convierte en un gozo que lo lleva a reafirmar su vocación y a sentirse seguro de sí mismo.
Yo me maravillo de esos años, porque el sacerdocio para mí es como si lo estrenara cada día, con el trato de la gente, me encanta hablar con los adultos, jóvenes, niños y personas mayores, de quienes aprendo cosas nuevas.
40 AÑOS DE SERVICIO
He hecho muchas cosas que me enseñaron a ser persona. Mi trabajo pastoral comenzó en la parroquia Santo Cura de Ars, en el ensanche Luperón, por el año 1962; luego en el colegio La Salle como orientador y motivador espiritual de la juventud.
En el 1966 me fui a Cambita, San Cristóbal, cuya experiencia me marcó la vida, pues fue en ese tiempo cuando me enfrenté a los problemas que me llegaban. Fue una época difícil, pero Dios me ayudó a nadar, cuenta el padre Camilo.
De 1966 al 1971 trabajó en el seminario Santo Tomás de Aquino, donde se ocupaba de la formación de los futuros sacerdotes. Fue párroco de San Isidro, en la Fuerza Aérea. Allí se graduó de paracaidista llevando un mensaje cristiano a las familias de los militares, encontrando mucho respaldo y respuesta de la gente.
De ahí volvió a Cambita por dos años más y ayudó a construir una iglesia y más tarde en la hoy parroquia Nuestra Señora de Regla, en Baní, durante cinco años. Allí vivió momentos de dificultades durante el paso del ciclón David y la tormenta Federico, sin embargo esa situación le dio la oportunidad de estar cerca de la gente y responder a sus necesidades. A pesar de los momentos tristes, monseñor Camilo plasmó su paso por este municipio con la publicación de un libro sobre la historia de la iglesia y su gente, que hoy conserva en su biblioteca.
Cuando salió de Baní se fue a trabajar a un santuario de Cristo en Bayaguana, lugar donde estuvo año y medio. Desde 1984 a 1992 trabajó en la parroquia San Pablo, de Cristo Rey, un barrio abarrotado por problemas sociales y económicos. Allí, recuerda, la experiencia fue muy interesante porque la comunidad se integró en una campaña de limpieza, sobre todo durante las fiestas de Navidad y la Cuaresma. Al mismo tiempo se desempeñaba como vicario general de la arquidiócesis de Santo Domingo, convirtiéndose en la persona más cercana del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, hasta que el Papa Juan Pablo Segundo lo nombró obispo de la diócesis de La Vega, en 1992.
Ese fue el momento más cumbre de su vida, porque fue nombrado obispo durante la visita del Santo Padre a la República Dominicana, en la Catedral Primada de América, en presencia de todos los sacerdotes.
LABOR PASTORAL
Cada lugar y su gente me han proporcionado una satisfacción distinta y un gozo particular que han enriquecido mi experiencia con una huella indeleble, dijo monseñor Camilo cuando celebró sus 25 años de sacerdocio.
Hoy, su expresión sigue siendo la misma. Su trabajo con los jóvenes, los estudiantes, campesinos, con los presos, enfermos es el mismo o mucho más intenso que antes. Desde aquí me dedico a la formación de jóvenes sacerdotes, dice con una leve sonrisa.
La diócesis que preside cuenta con más de 100 seminaristas, en la que invierten cerca de dos millones de pesos al año aportados por las comunidades. A la diócesis pertenecen 50 parroquias distribuidas entre las cuatro provincias de Sánchez Ramírez (Cotuí), Monseñor Nouel (Bonao), La Vega y Salcedo.
El padre Camilo se levanta todos los días sin mancar a las 5:30 de la mañana, hace su acostumbrada oración y se dirige a la Catedral, donde permanece aproximadamente hasta el mediodía. La tarde la dedica a las visitas pastorales. Va a las escuelas o los pueblos apartados y deprimidos económicamente, siempre con una solución espiritual para ofrecerle a la gente.
SU VISIÓN DE LA REALIDAD
Monseñor Antonio Camilo se define como un hombre humilde que no le interesa el lujo. Vive en una modesta casa en el barrio La Lotería, en La Vega, donde convive con sus recuerdos. Las imágenes de la Virgen de la Altagracia y San Luis Gonzaga sus libros sobre teología y catecismo, y una vitrina repleta de estampas y piezas que incluye una pelota que le fue autografiada por el lanzador Pedro Martínez, en 1995.
[A]. Usted que siempre realiza visitas pastorales ¿cuáles son los peligros que acechan a los jóvenes?
MAC. La juventud vive momentos de peligro no sólo aquí, sino en el mundo. Lo más preocupante es querer conseguir las cosas de manera fácil. Nosotros debemos hacer un trabajo consistente, porque la juventud es el futuro de la sociedad. Sin embargo, es bueno decir que cuando uno conoce gente de otros lados y ve la realidad nos damos cuenta que tenemos gente con mucho valor, a pesar de los problemas.
[A] ¿Siente que desde el gobierno hay preocupación para impulsar los valores y ayudar a la gente?
MAC. La tarea no es fácil y no dudo que haya buena voluntad, pero con buenos propósitos, buenos escritorios y buenos vehículos no se llega a ningún lado, eso es necesario, pero hay que remangarse y hacer un plan de trabajo organizado. La Iglesia con dos mil años de historia y de vida no ha podido, entonces hay que dar seguimiento, acercarse y examinar por uno mismo los problemas de la gente. La falta de trabajo es lo que hace que muchos jóvenes se refugien en la delincuencia, en buscar lo fácil; es decir, no se piensa en la preparación para tener oportunidades.
[A]. ¿Cuál es el mayor reto que debemos enfrentar?
MAC. Sin duda que la pobreza que va creciendo y hace la vida más difícil, ese es un gran reto para los gobiernos, pero también para la sociedad en su conjunto. Todos debemos colaborar.
[A]. Usted visita con frecuencia escuelas, centros de salud y cárceles en pueblos que pertenecen a la diócesis
¿En sentido general, cuál es la situación?
MAC. Son los mismos problemas de siempre. Carencia de agua potable, ausencia de centros de salud o mal estado de éstos, niños que reciben clases en lugares inadecuados, como el caso que vi en estos días en la entrada de Constanza, donde los niños no tienen donde sentarse; problemas con la energía eléctrica, caminos vecinales en mal estado, la carretera La Vega-Salcedo, que tiene 10 años paralizada
etcétera
Sin embargo, hay que destacar las cosas buenas. Aquí en La Vega el síndico está haciendo un magnífico trabajo, es un hombre que se preocupa por la gente y por la ciudad, es asequible, pero claro
hacen falta muchas cosas
[A]. ¿Qué le recomienda al gobierno y a los políticos?
MAC. Mi consejo es que no descuiden el trabajo porque es lo fundamental. Lo que acredita a un político es la eficiencia en su misión. Esa es su carta de triunfo
Ojalá y vengan tiempos mejores para que sigamos avanzando y asumamos el compromiso con mayor entereza y disponibilidad.
[A]. ¿Y a la gente?
MAC. El dominicano tiene muchas iniciativas, pero también necesita respaldo, por eso siempre recomiendo tratar de cultivar el amor al trabajo; que nunca hable mal de su trabajo, porque luego los niños se hacen una idea negativa del trabajo y entienden que es algo penoso. |
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