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Tigres del Licey
Un nombre que impone respeto
en el béisbol
[Desde el inicio de la serie final el equipo del Cibao fue dado por los expertos como el amplio favorito, pero los Tigres sorprendieron a las cuyayas y se quedaron con la corona número 17 de la historia del béisbol profesional dominicano, que le convierte en el equipo más ganador]
Por Juan Mercado
Antes de iniciar la serie final de la campaña 2001-2002 del béisbol profesional de la República Dominicana entre las Águilas Cibaeñas y los Tigres del Licey, todos los pronósticos corrieron en una sola dirección: Las Águilas Cibaeñas ganarían fácilmente la corona de campeones del torneo dedicado a la memoria del doctor César Dargam.
Esa fue una verdad relativa, la que muchos entendidos en la materia quisieron hacer ver como absoluta. Era común escuchar: Se van en cuatro o cinco. Algunos más conservadores, respetando la tradición del equipo añil, le daban la oportunidad de un sexto, pero muy pocos se atrevieron a aventurarse y señalar que la serie podría extenderse a un séptimo y mucho menos pensar que el Licey, con un equipo inferior, le quitaría la supremacía al equipo más ganador de los últimos años. Sin embargo, la realidad fue otra. El Licey, amparado en su mística y jugadores que se entregaron en cuerpo y alma, le ganaron a las Águilas en el séptimo juego en el Estadio Cibao, mejor conocido como el Valle de la Muerte. Revalidaron así su poder dentro del béisbol profesional dominicano.
Los Tigres y las Cuyayas, rivales por excelencia, abrieron la temporada como los máximos ganadores del torneo local, empatados con 16 coronas de campeones. Por una coincidencia les correspondió la disputa del desempate.
Los mameyes eran defensores del título que les ganaron a los Leones del Escogido en la temporada anterior. Es decir, buscaban vencer en forma consecutiva a los dos equipos de la capital. De su lado, los Tigres llegaron hasta la final en el filo de la navaja durante la serie semifinal o Round Robin. Tuvieron que sobreponerse a muchas interrogantes, entre ellas la caída ofensiva y defensiva de jugadores que disfrutaron de una buena serie regular, incluyendo lesiones de jugadores importantes. Además, dejaron en el camino al equipo de las Estrellas Orientales, quienes conformaron un dream team, y eran los favoritos para disputar el torneo hasta el final a las Águilas del Cibao.
Los Orientales incluyeron en su equipo a los supercotizados jugadores del béisbol mayoritario Vladimir Guerrero, quien participó en torneo local después de cinco años de ausencia; Alfonso Soriano y Pedro Julio Astacio, quienes se complementaron con Félix José, Jugador Más Valioso; el estadounidense Morgan Ensberg y otros.
De ellos se esperaba que le pusieran fin a la cadena de 34 años sin ganar que tiene el equipo oriental. Sin embargo, no pudieron colarse, ya que con una victoria en el último partido del Round Robin pudieron haber dejado fuera a los Tigres. Pero perdieron en su casa, el Estadio Telelo Vargas, frente a un débil equipo que le presentaron las Águilas. Esa oportunidad fue aprovechada por el Licey, quien se aplicó al máximo y venció a los Toros del Este.
EXCELENTE ASISTENCIA
La serie final fue muy reñida desde el principio hasta el final. Aunque los fanáticos pasaron por muchos sinsabores y disgustos al momento de conseguir las boletas, le dieron un gran respaldo al evento. La asistencia promedio de los siete juegos fue de unos 22 mil parroquianos, quienes en muchas oportunidades tuvieron que pagar al mercado negro los precios que éste les impusiera.
La cobertura televisiva nacional e internacional fue excelente; la misma estuvo a cargo de la televisora local Digital 15 y de la internacional Fox Sports. Los principales diarios locales resaltaron el seguimiento que le dio a la serie la población, ya que todo el país se mantuvo muy atento a todas las incidencias del evento. Por ejemplo, el pasado 30 de enero, día del séptimo juego, el principal titular de la portada del vespertino El Nacional resalta: El país en pelota. Ambos conjuntos complacieron a sus seguidores y se mantuvieron ganando como home club, es decir en su casa, hasta el último día cuando se definió la serie.
LOS ENCUENTROS
Todos los partidos estuvieron cargados de emoción y no hubo triunfos fáciles. Las Águilas concluyeron con la mejor marca del Round Robin y se ganaron el derecho de abrir la serie final en el Estadio Cibao.
Ese primer juego fue abierto por los lanzadores Julián Tavárez, por las Águilas, y el boricua Enrique Calero, por el Licey. Fue un gran partido en el cual las Águilas picaron delante y vencieron a sus oponentes con marcador de cuatro por tres. Tavárez lanzó excelentemente, maniató la ofensiva de los Tigres al lanzar siete sólidas entradas en blanco, con seis hits permitidos y siete ponches propinados, aun así salió sin decisión, la misma recayó sobre el relevista Edwin Almonte. Calero salió de juego por lesión en la segunda entrada. Melqui Torres fue el derrotado. El partido se empató en la novena entrada a tres carreras por un indiscutible de DAngelo Jiménez a Luis Vizcaino y un error de Romtrez Johnson. Las Águilas ganaron en la décima con un indiscutible de Raúl Mondesí, quien empujó dos carreras. Stanley Javier y Alberto Castillo despacharon dos hits. Por los Tigres, DAngelo conectó tres indiscutibles, Chad Moeller dos hits y Israel Alcántara un jonrón.
El segundo partido cambió de escenario: el estadio Quisqueya de la capital. Los Tigres se desquitaron y le vencieron con el mismo marcador de cuatro por tres. Andy Abad con fly de sacrificio impulsó a Cristian Guzmán con la carrera de la victoria. El partido lo ganó Félix Rodríguez y lo perdió Hipólito Pichardo. Los lanzadores del encuentro fueron Fernando Hernández, por las Águilas, quien luego de esa apertura tuvo que abandonar el equipo, y por el Licey lo hizo Manny Aybar.
DAngelo volvió a brillar con su bate, esta vez conectó dos indiscutibles, con dos anotadas y una remolcada, Israel Alcántara, Andy Abad y Ronny Belliard remolcaron una carrera cada uno. Por las Cuyayas, Tony Batista conectó dos indiscutibles y Alberto Castillo conectó cuadrangular.
En el tercer enfrentamiento, las Águilas en su parque le rindieron un gran homenaje a Stanley Javier, quien se retira del béisbol. Las Águilas se impusieron con marcador de nueve por seis. Ganó Juan Francisco Peña y perdió Kevin Foster. Raúl Mondesí y Tony Batista coronaron la ofensiva de las Águilas al conectar jonrones de tres carreras cada uno. El de Mondesí fue decisivo y vino en la quinta entrada frente a los envíos de Julio Mañón, mientras el de Batista llegó en la primera entrada frente al norteamericano Kevin Foster. Miguel Tejada conectó tres indiscutibles y anotó tres. Luis Polonia y Alberto Castillo conectaron dos hits. DAngelo siguió bateando por el Licey y conectó de cuatro-tres, con dos anotadas; Andy Abad de 5-2, con una impulsada; Manny Martínez, un jonrón de dos carreras.
En el cuarto juego los Tigres sorprendieron con Ramón Ortiz, de los Angelinos de Anaheim, quien amarró los bates de los contrarios y en seis entradas solamente permitió dos hits, entre los cuales figuró un jonrón de Raúl Mondesí. Joaquín Benoit, Lanzador del Año, fue un digno rival y en seis entradas permitió tres hits y una carrera. El partido finalizó con marcador de 4-2 y fue ganado por Melqui Torres (1-1) y perdió Juan Peña (0-1). Juego salvado para Félix Rodríguez. Cristian Guzmán fue el héroe ofensivo al disparar triple de dos carreras en la séptima entrada frente a Javier de la Hoya. Antes vino un costoso error del torpedero Miguel Tejada. Luis Castillo acompañó a Guzmán con dos hits y dos remolques.
El quinto juego, que fue en Santiago, lo ganaron los dueños de la casa con marcador de seis por cinco. Ganó Hipólito Pichardo (1-1), salvó Luis Vizcaino y perdió Melqui Torres (1-2), quien le permitió jonrón desicivo de dos carreras a Mendy López en la sexta entrada, que desempató el juego a cuatro. Abrió Salomón Torres y tiró cuatro entradas y dos tercios, con siete hits, cuatro carreras, tres de ellas limpias. Stanley Javier, Miguel Tejada, Mendy López y Romtrez Johnson comandaron la ofensiva de las Águilas. Manny Martínez conectó de 4-2, con dos remolques.
En el sexto partido, en la capital, los Tigres no tenían mañana, las Águilas comandaban la serie tres-dos y se presentaron con Julián Tavárez, su lanzador estelar. El Licey volvió a sacar otra carta por debajo de las mangas y se presentó con el novato Juan Carlos Cruz, de los Cachorros de Chicago, quien hizo su debut en la pelota criolla y lanzó por espacio de tres entradas y dos tercios, con una carrera limpia.
Los Azules se apoyaron en la ofensiva de DAngelo Jiménez, quien conectó dos triples y remolcó tres carreras. Los batazos fueron disparados de ambos lados del plato. El juego finalizó con marcador de cinco a dos a favor de los Tigres. Félix Rodríguez (2-0) fue el ganador y Benito Báez (0-1) el derrotado. Salvó Rafael Roque. El jardinero central Romtrez Johnson tuvo una noche perfecta y finalizó bateando de cuatro-cuatro, con una remolcada. Además realizó la jugada defensiva de la noche y de la serie. La misma vino con un largo batazo de Manny Martínez sobre su cabeza y éste con un gran fildeo la pudo atrapar llegando a la zona de seguridad. Esa victoria le abrió a los Tigres la oportunidad de disputar, nueva vez, el séptimo partido de una serie final frente a las Águilas. Las veces anteriores fueron en 1952 y 1984.
EL JUEGO DECISIVO
El séptimo juego fue celebrado en Santiago y no fue recomendable para personas que sufren de hipertensión. El mismo fue cargado de mucha incertidumbre y estrategias desde las oficinas centrales de ambos equipos. Los Tigres se manejaron con gran dramatismo y dieron a conocer la posibilidad de que el lanzador de ese partido lo sería nada más y nada menos que el astro de Boston, Pedro Martínez, a quien además lo colocaron en la nómina del día, aunque ni por asomo estuvo en el parque de pelota. El lanzador abridor fue Rafael Roque, quien lanzó bien durante cuatro entradas, en las cuales permitió cinco hits y dos carreras.
De su lado, las Águilas respondieron enviando al lanzador Bartolo Colón, quien sí lanzó y lo hizo excelentemente durante las primeras cinco entradas, en las cuales no permitió ningún indiscutible frente a los Tigres.
Se desplomó en la sexta donde fue presa del cansancio y se fue en bolas hasta llenar las bases sin out. Cuando abandonó el partido tenía ventaja de 3-0. El zurdo Aaron Fultz no pudo contener a DAngelo Jiménez, quien conectó el primer indiscutible del Licey, que valió para remolcar dos carreras. A partir de esa entrada el juego se mantuvo cambiando de mando en el marcador.
Los Tigres se rebelaron y fabricaron cuatro carreras en la séptima y se fueron delante por tres. En el cierre de la octava, las Cuyayas ripostaron y realizaron cuatro y llegaron al noveno con ventaja de siete a seis. En esa situación el dirigente Félix Fermín depositó toda su confianza en su relevista estelar, Luis Vizcaíno, quien inmediatamente fue castigado por los bates azules y perdió la ventaja y el partido. Chad Moeller lo saludó con hit al jardín izquierdo. Luis Castillo lo imitó con indiscutible al derecho. DAngelo falló en intento de toque. Pero el norteamericano Andy Abad le desapareció la pelota del parque por el jardín derecho y le dio ventaja al Licey de nueve por siete. Melqui Torres salió a lanzar en el noveno por los Tigres y sacó fácilmente los dos primeros outs.
Luego le dio la base por bolas a Félix Martínez, quien se robó la segunda y anotó por hit de Luis Polonia. Tejada siguió con indiscutible al derecho. El dirigente Bob Geren llevó a lanzar a Claudio Galvá, quien transfirió a Jimmy González. En esa situación vino a batear Tony Batista, quien había conectado jonrón de dos carreras en la octava frente a Félix Rodríguez. Geren trajo a lanzar a Julio Mañón, segundo mejor lanzador de la Liga de Venezuela, donde actuó a título de préstamo, quien en conteo de 0-1 dominó a Batista con fly al center. El partido concluyó con marcador de nueve a ocho. Ganó Félix Rodríguez (3-0) y perdió Luis Vizcaíno (0-1).
Los Tigres sorprendieron a las Águilas y se quedaron con la corona número 17 de la historia del béisbol profesional dominicano, que le convierte en el equipo más ganador. En todo el país se escuchó a una sola voz:
¡Licey campeón! ¡Viva el glorioso!
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