Rafael Peralta Romero
Candidatos y partidos
Entre los beneficios secundarios de la democracia hemos de contar el entusiasmo que generan los procesos electorales, hasta el punto que despiertan el optimismo de muchos y destapan la capacidad de otros para ofrendarse en pro de la colectividad.
El deseo de participación en la competencia en la que se escogerán los legisladores y dirigentes de los gobiernos municipales tiene que interpretarse como una expresión favorable, producto del afianzamiento de la democracia en una sociedad que desea vivir siempre en paz.
Lo que tiene previsto el ordenamiento jurídico dominicano es que al Congreso Nacional y los ayuntamientos se accede con la mediación de las organizaciones políticas, como instrumentos canalizadores del deseo popular.
Pero hay gente que no tiene partido y quiere llegar a los puestos de dirección del Estado. Se hace política, a veces, denostando a los ejecutantes de esta actividad así como a los órganos en que se sostienen, que son los partidos. Desde luego, los dirigentes -sobre todo de alto nivel- ofrecen bastantes razones para que de ellos se diga cualquier cosa.
Ciudadanos que no militan en partidos andan tras la pista de alguna banca en la Cámara de Diputados y algunos pretenciosos quieren llegar al Senado. El Partido de la Liberación ha estimulado el apetito de algunos al ofrecer candidaturas de senador, más o menos a quien la quiera, contrario a las aspiraciones de sus propios miembros. La generosidad del PLD se manifiesta en las provincias donde se sabe perdedor.
Así es como merengueros, peloteros, riferos o comentaristas de radio y televisión se sienten tentados por la idea de terciarse la investidura congresional. En algunos de ellos ha calado tan honda la idea de legislar, que cuentan con que lo apoye el Partido Reformista Social Cristiano, otrora aliado circunstancial del PLD. Esta ilusión ha provocado el desenfreno de un comentarista de televisión a quien atormenta grandemente la posibilidad de que cuaje definitivamente la anunciada alianza electoral entre el PRD y el PRSC.
Los candidatos sin partido deben aprender que lo suyo es un experimento que hacen las organizaciones a ver qué sale. Los miembros del Comité Político del PLD serán candidatos a diputado, mientras la posición de mayor categoría se cede a un advenedizo. Considerable la generosidad peledeísta.
Aún con la sobreoferta de candidatos, algunos partidos carecen de este valioso material para acudir a las urnas. Si un partido no participa en el torneo, tampoco participa de la distribución de fondos que ha de hacer la Junta Central Electoral, conforme lo establece la ley.
El Partido Revolucionario Independiente, aliado del PRD y participante aventajado en el Gobierno, es uno de los partidos que ofrece candidaturas, además de promover a algunos de sus miembros para puestos públicos. Si llegada la hora de las elecciones el PRI mantiene esas candidaturas, habría que suponer que sus amores con el PRD peligran, porque evidentemente hay un interludio en ciertas acciones priístas.
Cuando uno ve a Hamlet Hermann en la televisión hablando de su candidatura a síndico del Distrito Nacional, con la fe que habla, ha de pensar que ese fervor es digno de mayor respaldo. Y siendo Hamlet Hermann uno de los hombres más inteligentes con que cuenta la sociedad política nacional, es para pensar que Jesucristo tenía razón cuando dijo que quien no se hace como un niño no entrará al reino de los cielos.
Hermann, ingeniero civil que sabe de historia, de economía, de gerencia metropolitana y de trato personal, es el candidato del MIUCA (Movimiento de Unidad y Cambio), que era un partido sin candidato. Este grupo, presumo que todavía de izquierda, cuenta con un gran candidato, pero el gran candidato carece de partido.
El MIUCA fue el responsable, en comicios anteriores, de atraerse a un sacerdote de La Vega para la candidatura presidencial, pero el padre Antonio Reynoso (Toño) para hacer más tangibles sus aspiraciones de mando estatal cambio de rumbo.
Otros candidatos sin partido, tras intentos fallidos, han procurado el respaldo de partidos del sistema y se han graduado de políticos tradicionales. Jacinto Peynado es un buen ejemplo de ello, cuando fue postulado a senador por una minúscula organización cuyo dueño aceptó humildemente postularse para diputado. Y ganó. Junto con Peynado andaba Rafael Corporán de los Santos. Ambos lograron su aspiración cuando se hicieron políticos tradicionales.
A Roberto Salcedo el PLD lo lanzó tras la sindicatura cuando Felucho Jiménez prefirió el cómodo sillón de secretario de Turismo. Pero ahora Roberto se ha ganado su asunto, él es un peledeísta más, incluso habla de sacar los talibanes del Ayuntamiento si ganara la sindicatura.
Más cosas se pueden observar en el hecho de que algunos partidos carecen de candidatos y ciertos candidatos no tienen partidos. Pero es mejor quedarse con la idea de que es una manifestación de madurez democrática el deseo de participar en las elecciones.
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