El progreso de Santiago

Por Víctor José Delgado Pantaleón
La ciudad de Santiago de los Caballeros ha experimentado un progreso extraordinario en lo que respecta al crecimiento de su urbe y por ende de su economía.
Resulta gratificante ver cómo crecen armoniosamente sus urbanizaciones y cómo las autoridades han logrado controlar la arrabalización de su periferia, factor importante en el crecimiento sostenido de un pueblo.
Todo indica que las autoridades hacen valer el respeto al derecho de propiedad, sin lo cual ninguna nación puede desarrollarse, pues como en cualquier otro sitio siempre hay personas desaprensivas que levantan los clásicos cinturones de miseria como los que actualmente asfixian a la ciudad de Santo Domingo, trayéndoles una serie de males muy difíciles de conjurar, tales como el uso de agua, luz y otros servicios básicos que demandan los núcleos urbanos, pero que no contemplan ninguna contrapartida de parte del usuario.
En Santiago, cuando se produce la ocupación ilegal de un terreno, según me he enterado las autoridades competentes ejercen sus funciones sin caer en la arbitrariedad y al primer llamado del propietario afectado acuden para hacer cumplir la ley, conservando así el entorno de la Ciudad Corazón libre del clásico cinturón de miseria que aleja la inversión, pudiendo aplicarse en este caso el postulado que dice que la grandeza de un pueblo no se mide por la extensión de su territorio, sino por la solidez de sus instituciones, de manera que si Santiago ha progresado se debe a la seriedad de sus autoridades que hacen cumplir la ley.
Hay que recordar que a la caída del régimen de los 30 años los bienes de la familia gobernante y de sus allegados fueron confiscados mediante la Ley 5785, del 4 de enero de 1962, votada por el Consejo de Estado, pasando esos bienes a formar distintas corporaciones según fueran urbanas, rurales o industriales, y en el caso que nos ocupa, Santiago hizo un uso racional de los bienes inmuebles que pasaron a la administración municipal, dando en arrendamiento muchos de esos bienes para liberarlos del pillaje a que fueron sometidos en la capital, donde todavía existen edificios, fincas y solares ocupados por las turbas y convertidas en guaridas de malhechores.
Cuando el crecimiento urbano presionó en Santiago, el Ayuntamiento se vio en la necesidad de recuperar los terrenos periféricos de la ciudad, que había dado en arrendamiento y para que esa recuperación se produjera antes del término previsto en el contrato se recurrió a la 80-20, una resolución del cabildo mediante la cual se le donaba al arrendatario el 20% del terreno arrendado para que devolviera al cabildo el 80% del mismo, y bajo ese criterio el gobierno local de Santiago recuperó grandes áreas que pudo destinar al crecimiento armónico que ha engrandecido la bella urbe y dio oportunidad al arrendatario a unirse a ese progreso, todo en armonía y respetando los derechos adquiridos. Por esa razón, cuando caminamos por las periferias de la capital del Cibao notamos las bellas urbanizaciones que circundan la ciudad del Yaque dormilón, gracias a que sus autoridades saben lo que tienen y lo que quieren. No podemos terminar este artículo dedicado al progreso de Santiago sin hacer mención a la administración municipal de los distinguidos munícipes Jorge Gobaira, Miguel Angel Luna Morales, Marcelino Luna Gil, don Luis Espaillat, Francisco Porfirio Veras (don Lilo), y otros valiosos pilares del desarrollo de Santiago que se entregaron en cuerpo y alma a tan noble tarea.
Ahora Santiago fue premiado con la sede de un Tribunal Superior de Tierras, lo que contribuye a la solución de los problemas que más agobian nuestra sociedad como son los conflictos catastrales, así es que esperamos que ese organismo colegiado y el Abogado del Estado ante ese Tribunal Superior sigan la pauta trazada por las autoridades de Santiago para que todos los santiagueros conserven el orgullo de su pueblo y el progreso no se detenga, que la posteridad sabrá juzgar sus hechos y las futuras generaciones sabrán agradecerles la dedicación y la hombría de bien con que hayan encarado sus funciones, todo lo cual debe servir de ejemplo a nuestra juventud que tanto lo necesita.