4 de Febrero del 2002 • Edición número 1,240
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El colapso de la industria de calzados
De 360 fábricas y talleres de calzados que había registrados en esta ciudad a mediados de los años 80 sólo 52 se mantienen en actividad




Por Tony Rodríguez

SANTIAGO.- Una industria que tuvo su esplendor en el país en los decenios 60 y 70 apenas sobrevive. La fiebre de las importaciones y el contrabando prácticamente sacó del negocio a los productores nacionales de calzados.

De 360 fábricas y talleres de calzados que había registrados en esta ciudad a mediados de los 80 sólo 52 se mantienen en actividad actualmente.

La carencia de una política oficial para controlar el ingreso al país de grandes cantidades de zapatos del extranjero, la proliferación del contrabando desde Haití y la utilización de métodos fraudulentos para burlar al fisco en las aduanas son las causas del desplome de la industria criolla de calzados.

El gobierno, en un intento por salvar de la quiebra a los productores de calzados, ordenó la fabricación de 200 mil pares de zapatos para ser entregados a los estudiantes de las comunidades más pobres del país. Esto ha motivado la reactivación de múltiples industrias y la reincorporación al mercado laboral de los obreros del área del calzado.

Unas 25 zapaterías de Santiago recibieron en conjunto un pedido de 31 mil pares de zapatos para escolares. Lo propio está ocurriendo en otros centros de producción como San Francisco de Macorís, Moca, La Vega y Santo Domingo.

Luis Valerio, presidente de la Asociación de Productores de Calzados de Santiago, asegura que el calzado nacional tiene tanta calidad como los importados de superior clase.

Pero está el escollo de que los fabricantes nacionales no reciben el apoyo financiero y asesoramiento de diseños y tecnologías de parte del Estado como lo proporcionan otros países a sus productores.

Las asociaciones de productores de calzados de todo el país se reunieron recientemente con el presidente Hipólito Mejía y abogaron por una ley anti-dumping que grave con un 300 porciento de impuestos al calzado importado para que éste sea considerado un producto de lujo, y disponga como norma en las tiendas dedicadas a las ventas de calzados que sean abastecidas con un 75 porciento de productos nacionales.

Valerio considera que la intención del gobierno de reactivar la industria nacional del calzado debe estar acompañada de un pliego de normas que garanticen para el futuro el incremento de la demanda y la adecuación de las estructuras productivas a los parámetros internacionales de competitividad.

“LUNES ZAPATERO”
Era tal la influencia de las zapaterías en el modo cultural de los barrios de Santiago que todavía en la memoria social se conserva el dicho de que “lunes es día de zapateros”. Era el día del ausentismo laboral por la resaca que quedaba del día anterior. Muchos establecimientos de bebidas alcohólicas y organizadores de fiestas llegaron a promover actividades dedicadas a los obreros del calzado.

En los barrios Pueblo Nuevo, La Joya, Ensanche Bolívar y Ensanche Bermúdez era donde estaba la mayor concentración de zapaterías. Para los pobladores ésta era su principal actividad económica.

Pero ahora queda la nostalgia de aquellos tiempos románticos, ya que desaparecieron las fábricas de los clásicos productores como Jaime Mustafá, Bienvenido Peña, Juanito Raposo, Augusto Rodríguez, Opinio Pérez, Plinio de la Cruz y otros.

Se fueron con ellos las fiestas soneras y bachateras de La Joya y Pueblo Nuevo, los arropó la avalancha de los zapatos usados traídos al país con supuestos fines caritativos y los que penetraron por las aduanas declarados como zapatillas de ferretería.

HACIA LA ZONA FRANCA
La factibilidad de incorporar la mano de obra especializada vacante fue bien analizada por los operadores de zonas francas, quienes lograron atraer a connotados productores mundiales de las más afamadas marcas.

Múltiples empresas de zonas francas reciben órdenes de ensamblaje de calzados para ser exportados a todos los destinos del mundo, dejando en el país sólo el pago de ajustes por mano de obra, y llevándose los jugosos beneficios a los destinos de los inversionistas. Una parte de estos calzados regresa al país como importaciones.

El declive de la industria nacional del calzado está marcada por el descuido de la responsabilidad estatal de resguardar fronteras y aduanas. En 1999 se importaron 16 millones de pares de zapatos. Del contrabando de calzados por la frontera dominico haitiana no se tiene cifras.

Una modalidad utilizada en el pasado por los importadores para estafar al Estado era traer zapatillas declararlas como artículos de ferretería.


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