Rafael Peralta Romero
El policía legítimo
El martes ocho de enero, entre una y dos de la tarde, el salón de conferencia del palacio de la Policía Nacional estaba atestado de personas, mayormente periodistas y oficiales de esta institución. Estaba el secretario de Estado de Interior y Policía, Pedro Franco Badía; el consultor jurídico del Poder Ejecutivo, Guido Gómez Mazara, y el jefe de la Guardia Presidencial, mayor general Jorge Radhamés Zorrilla Ozuna. Desde luego, se encontraba también el general Jaime Marte Martínez, recién designado jefe policial. Se miraban unos a otros y chequeaban sus relojes. Esperaban por alguien importante.
El acondicionador de aire resultaba insuficiente, pero pese al apretujamiento los presentes guardaban su formalidad en la indumentaria. Los civiles se mantenían con chaqueta y corbata y los uniformados con su traje militar. ¿A quién esperamos?, repetían algunos, cuando se vio el movimiento de alguien que se abría paso. Era el mayor general Pedro de Jesús Candelier. Llegaba en mangas cortas y sin corbata.
El doctor Franco Badía habló para dejar en posesión de su cargo al general Marte Martínez. Al ministro de Interior le precedió, en el uso de la palabra, el doctor Gómez Mazara y le siguió el nuevo jefe policial, quien habló en forma sosegada y con marcado comedimiento. Habló de la paciencia y la prudencia.
Cuando terminó de hablar Marte Martínez, sin que nadie lo presentara, el general Candelier tomó la palabra y respondió lo dicho por su relevo. Sobre todo no le gustó que Marte Martínez se definiera como un hijo legítimo de la academia de cadetes de la Policía Nacional, para hacer referencia al hecho de que sólo dos graduados de la institución que forma a los oficiales policiales han ocupado la jefatura del cuerpo del orden.
Durante mucho tiempo los miembros de la PN han tragado en seco cada vez que se les ha designado un comandante ajeno a la institución. Era un reclamo de los grises el ser dirigidos por uno de ellos. Desde la jefatura de Antonio Imbert Tessón, que terminó en marzo de 1996, no comandaba la PN un policía profesional.
A Imbert lo relevó un miembro del Ejército Nacional, el mayor general Enrique Pérez y Pérez, quien permaneció en el puesto pasadas las elecciones del 96, ya que fue puesto allí con una misión muy específica. Tras Pérez y Pérez entró el vicealmirante Camilo Nazir, en junio 1996, el cual timoneó la Policía hasta mayo de 1997.
El general José Aníbal Sanz Jiminián pertenecía a las filas de la PN cuando en junio del 97 fue puesto al frente de la misma. Inició su formación en el Ejército norteamericano y la culminó en la residencia de la Máximo Gómez número 25. En realidad, llevaba once años en la institución cuando se le nombró jefe en la Policía.
A este oficial lo sustituyó, el primero de marzo del 99, el general del Ejército Nacional, Pedro de Jesús Candelier, quien ocupó el puesto por casi tres años. Tuvo el privilegio de ser designado por un Presidente y ratificado por otro.
El día que tomó posesión como jefe de la Policía, Candelier llevó un discurso escrito en el que hablaba de tiro y batalla y lo dirigía a soldados. En las breves palabras que pronunció Marte Martínez, en similar circunstancia, se dirigió a los agentes como su público.
Si Candelier hubiera querido, su sustitución como jefe de la Policía Nacional no hubiera sido recibida en la opinión pública como una destitución. El tiempo que llevaba como jefe de la institución debió serle suficiente para salir de ella satisfecho. Eso le pudo permitir recibir al general Marte Martínez como merecía ser recibido, pues éste no asaltó la jefatura, sino que fue puesto en la posición por el Presidente Hipólito Mejía, jefe supremo de la Policía Nacional.
Los dos diarios de la tarde enfatizaron en la destitución de Candelier para realizar sus primeras páginas. El protagonismo de Candelier quedaba evidenciado. Como evidenciado quedaba también que creó una imagen indefinida durante su gestión, pues mientras unos lamentaban su sustitución, otros incluidos miembros de la PN- querían arrastrar latas con sus vehículos, como cuando gana el Licey.
La prensa de los días siguientes trajo otras noticias en las que el general Marte Martínez aparece junto a la cúpula militar del país, en las que éstos muestran claramente la satisfacción por el cambio. El secretario de las Fuerzas Armadas, teniente general José Miguel Soto Jiménez, dijo sin ningún rubor que con la designación del nuevo jefe policial serán revalidados los lazos que deben existir entre las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Más claro ni el agua.
Se siente una esperanza de que el nuevo jefe conduzca hacia la nueva Policía. Un punto en el que coinciden el padre Rogelio Cruz y el Cardenal Nicolás López Rodríguez es digno de tomarse en cuenta. Ambos confían en la buena gestión del general Marte. Tal vez estamos en presencia del polícía legítimo. |

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