Claudia Mejía Ricart
La fuerza de la mayoría
En la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio, celebrada en el Emirato de Qatar, se empezó a notar la diferencia entre los que antes fueron los países en desarrollo, quienes por un sinnúmero de razones desconocían los acuerdos y consecuencias de acuerdos cuando firmaban, y los países en desarrollo de la actualidad, los cuales a fuerza de pagar las consecuencias de acuerdos mal negociados hicieron sus estudios, plantearon sus intereses, defendieron sus posiciones y estructuraron sus estrategias.
En un foro donde el consenso es necesario es justo el lugar para que los que tradicionalmente no tenemos fuerza mostremos nuestra unión, para que por lo menos logremos que los que sí tienen manejo materialicen sus compromisos antes de tener que ceder a apoyar una nueva ronda de negociaciones liberalizadoras del comercio mundial, que nos obligará a bajar aún más nuestros aranceles, lo que significará que el reto recaudador del Estado cada día será más demandante de creatividad en cuanto a cómo obtener ingresos para cubrir las necesidades sociales de una nación en crecimiento.
En Doha, y desde la preparación de esta ministerial, los países en desarrollo empezaron a considerar la rebeldía ante las naciones desarrolladas, que han sido los peores ejecutores de la liberalización comercial en el mundo y no han cumplido con la parte que les correspondía en varios acuerdos, especialmente en aquellos relacionados con la abolición de los subsidios agrícolas y en materia de acceso a sus mercados.
Los países en desarrollo tenemos poco que ganar de la nueva ronda y el costo de la introducción de nuevos temas es muy alta para quienes a partir de la firma del GATT nos hemos mantenido en una reestructuración constante en todos los temas que intervienen en el comercio internacional, y nuestros beneficios de estas reestructuraciones han sido mínimos. Si a partir de la ronda liberalizadora del GATT se ha incrementado anualmente el comercio mundial y las exportaciones en un 6%, eso ha sido básicamente para beneficiar las economías de las naciones que tienen un historial de ejecutoriedad de lo firmado muy pobre.
En este planteamiento de la ronda los países nuevamente estuvimos divididos de manera tajante respecto a intereses. A las naciones desarrolladas no se les hizo sencillo convencer a los países en desarrollo de que les apoyaran en sus nuevas agendas con todos los temas de su interés, sin antes lograr objetivos a favor de nuestras naciones, que hace tiempo ya deberían haberse estado poniendo en práctica.
Entre la revisión de la aplicación de los acuerdos firmados en la Ronda de Uruguay, los temas relacionados a los subsidios de exportación y otros tipos de subsidios agrícolas y las excusas para mantenerlos, la problemática en introducir el medioambiente como un sistema más de barrera comercial, la intervención del tema de inversiones y la utilización de los estándares laborales, que fueron los temas principales de la reunión ministerial, el interés mayor de nuestras naciones era el relativo a la aplicación de los acuerdos firmados en Marraquesh, y veremos cómo se materializan las ejecutorias, pues los temas de implementación entraron en la declaración.
Naciones en desarrollo como la República Dominicana hemos llevado a cabo cambios muy significativos en nuestras estructuras recaudadoras, fiscalizadoras y de orden general que nos han costado mucho, y luce que las hemos llevado a cabo para favorecer el comercio con nosotros desde fuera hacia dentro, pero no al contrario. Es muy gratificante reconocer que tanto República Dominicana, al igual que otras tantas naciones en desarrollo, hemos aprendido a utilizar nuestra porción de poder para ver si en el nuevo proceso de negociación logramos no tener que lidiar con sistemas de cuotas, con barreras no arancelarias, con picos arancelarios, con estándares fitosanitarios inalcanzables, para sólo mencionar algunas situaciones constantes.
República Dominicana y su delegación merecen un gran aplauso en sus esfuerzos por aunar adeptos en sus ideas, y el hecho de que nuestros representantes adoptaran posiciones poco complacientes para con los países desarrollados, y defendieran hasta el último minuto nuestros intereses por encima de todo, nos deja la esperanza de que estamos cada vez más claros respecto a lo que son nuestros intereses nacionales. |

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