21 de Enero del 2002 • Edición número 1,238
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Los analfabetos
Una encuesta de la Secretaría de Trabajo revela que 455,500 menores de entre cinco y 17 años, sobre un total de 2.4 millones, no saben leer ni escribir, es decir que son analfabetos. El dato podría no sorprender a nadie en un país como el nuestro, sin embargo llama la atención un hecho simple: Desde 1978 cada gobierno viene anunciado el gasto de un dineral en campañas de alfabetización. Si tales campañas se desarrollaron, ¿cómo se explica que haya tantos miles de niños y adolescentes analfabetos? La palabra la tiene cada ex secretario de Estado de Educación que hemos tenido desde 1978, cuando se anunció un pomposo programa de alfabetización.

Buscaban a un policía
El presidente Mejía acaba de revelar que el mayor general Pedro de Jesús Candelier fue destituido de la jefatura de la PN porque había fuertes presiones de los policías para que en su lugar fuese designado un “policía”. Candelier proviene del Ejército Nacional y no es la primera vez que un “guardia” ocupa la jefatura de la PN. Recordemos que el doctor Balaguer tuvo la especialidad de colocar en el puesto a miembros del Ejército Nacional, y un caso sonoro fue la designación del general Ramiro Matos González, quien dedicó parte de su tiempo en la jefatura policial a arengar en contra de los “comunistas” nacionales. La declaración con la cual se estrenó el sustituto de Candelier, el mayor general Jaime Marte Martínez, lo evidenció cuando dijo que su principal misión era unificar a la Policía Nacional.

Haití otra vez
El periódico Hoy publicó en su edición del lunes 14 de este mes de enero la versión sobre la renuncia del primer ministro haitiano, Jean Marie Cherestal, lo que complica aún más la situación política en la vecina nación. Sin quererlo, los dominicanos hemos sido arrastrados a un conflicto en el que no tenemos vela. El gobierno de Haití asegura que varios golpistas conspiran contra el presidente Jean Bertrand Aristide desde la República Dominicana. No faltará quien acuse al gobierno dominicano de protegerlos y hasta de auparlos, porque en ambos lados de la isla hay personas dedicadas a enturbiar las relaciones entre las dos naciones que comparten “La Española”. Suscribimos, en toda su dimensión, una expresión del Canciller de la República, Hugo Tolentino Dipp, cuando refiriéndose a esos grupos advirtió que “no juguemos con candela”, y nosotros le agregamos: No desatemos demonios que luego no podamos controlar.

Cuidado con Hugo Chávez
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, alienta a sus seguidores para que se manifiesten contra el periódico El Nacional, de Caracas. Que vayan y organicen turbas frente a las instalaciones del rotativo, al que acusa de manipular la verdad. Todo eso porque el citado periódico mantiene una postura crítica contra muchas de sus acciones, que a todas luces son dictatoriales. Una muestra de que el propio Chávez incita agresiones físicas contra los medios que no son complacientes con él fue su última intervención en el programa “Aló, Presidente”. “Seguirán las manifestaciones del pueblo en contra de los medios de comunicación en todo el país si insisten en seguir atropellándonos con mentiras y manipulaciones”, dijo el presidente de Venezuela, lo cual también es un claro indicativo de que no hará caso a las opiniones que pueda tener una comisión de la OEA que visitará ese país para evaluar las presiones que se ejercen contra la prensa.

Pobre Colombia
Las negociaciones para lograr la paz en Colombia sucumbieron. No hubo forma de que el gobierno y la guerrilla se pusieran de acuerdo. Las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC) decidieron volver a la selva, ahora con armas más sofisticadas y mayor dominio de las zonas rurales. Los narcotraficantes, por supuesto, están de pláceme porque podrán moverse a sus anchas en las zonas controladas por la guerrilla. Se agudizará la incertidumbre, volverán las matanzas de guerrilleros, militares y paramilitares. Ni las FARC ni el gobierno le hicieron caso al clamor de un pueblo cansado de sufrir por la guerra. Los campesinos, sin importar que no dominen bien la ortografía, se las arreglan para escribir carteles que dicen: “Por favor, no más guerra. Déjennos vivir en paz”.

¿Por qué insistir?
La Fiscalía del Distrito Nacional y la Procuraduría General de la República insisten en creer que el juez Francisco Ortega Polanco, a quien toca decidir sobre una parte importante del caso PEME, está vinculado al Partido de la Liberación Dominicana, y quizás porque a la llegada de esa organización política al poder este joven abogado fue designado ayudante fiscal, durante la gestión de Guillermo Moreno. Ortega Polanco nació y se crió en Salcedo, por lo que es amigo de todos sus compueblanos, lo que parece motivaría al Ministerio Público a imaginarse que es peledeísta porque allí también nació el exvicepresidente Jaime David Fernández Mirabal. Pero quienes conocemos al juez Ortega Polanco sabemos perfectamente que, por encima de cualquier relación de amistad, tratará de mantenerse apegado al dictamen de todo código legal. Conocemos de su honestidad, y yerra el Ministerio Público cuando acusa a jueces de políticos tendenciados, porque el propio Ministerio Público está integrado por connotadas figuras del PRD, y tal cosa importa poco a la sociedad.

Conspiración contra la Suprema
No hay que ser un genio para llegar a la conclusión de que hay montada una conspiración contra la Suprema Corte de Justicia y, a su vez, contra la independencia del Poder Judicial. ¿Cómo es posible que un grupo de congresistas quieran vengarse del máximo tribunal por éste haber dictaminado que una ley aprobada por el Congreso de la República no cumplió los requisitos que establece la Constitución? Durante años el propio Partido Revolucionario Dominicano (PRD) convenció al país de que era malo para la democracia que los jueces estuvieran atados al vaivén de la política, que desde oficinas del Palacio Nacional se decidieran sentencias y que los magistrados dependieran de la voluntad de los senadores para su permanencia en el cargo. Ahora, cuando es el PRD que está en el poder y no Joaquín Balaguer, resulta que eso es lo correcto y que la maldad está en la independencia del Poder Judicial. Pareciera que el presidente Hipólito Mejía se molestó también con la Suprema porque el tribunal acogió la instancia que el propio Poder Ejecutivo sometió para que se declarara inconstitucional la ley que convocaba a la Asamblea Constituyente. De no ser así, cómo explicar que el Presidente salga ahora diciendo que no está de acuerdo con la inamovilidad de los jueces. Sin dudas, andamos por mal camino.




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