21 de Enero del 2002 • Edición número 1,238
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En los conflictos del arte



Por Jacinto Gimbernard Pellerano

Veamos, ¿al fin de cuentas, el arte es importante? ¿Es el arte una distracción, una abstracción que nos ayuda a escapar de las tremendidades de la vida, de la terrible presencia física del vivir?

¿Es acaso, para el futuro, un testimonio de verdades de su tiempo? ¿O de sueños?

Cuando en el siglo dieciséis Hieronymus Bosch o Pieter Bruegel estaban azotados por el pensamiento medieval en torno a la brujería y la alquimia, la llamada Camerata florentina movía la música hacia la constitución del melodrama y servía a los íntimos y verdaderos intereses espirituales de su época.

El verdadero arte no es mentiroso. No puede serlo. Está empujado por verdades cuya autenticidad los artistas apenas conocen, porque la creación artística tiene mucho de adivinatoria, se mueve entre neblinas y arcanos, sin saber de rumbos o metas definidas, conociendo tan sólo el punto en el cual se encuentra. Como la vida misma, cuya esencia es el desconocimiento.

Se ha dicho, muy a menudo, que el arte es universal. Lo es, pero tal cosa no significa que sea gratuitamente comprensible para todo el mundo.

Su mensaje es demasiado importante para que se pueda ofrecer con frivolidad trivial. Aunque las capacidades perceptivas son esencialmente innatas, no obstante, las sensibilidades se cultivan con interés y trabajo. Se afinan, se acrecientan, y las posibilidades de penetración son ilimitadas y extraordinarias.

Pasada ya la Segunda Guerra Mundial, una cantante negra norteamericana dejó perplejos a los alemanes cantando un recital de grandes lieder germanos con una comprensión y transmisión muy superior a la que lograban afamados cantantes nativos. ¿Cómo era posible? Por la universalidad del arte. Más tarde, músicos japoneses, chinos e hindúes habrían de asombrar a Occidente con su perfecto entendimiento de una música que imaginábamos que debía resultarles tan ajena como para nosotros viene a ser la música china, japonesa o hindú. ¿Qué sucedió? Ellos abrieron su sensibilidad y la enfocaron a nuestro mundo emocional. Con sus refinadas culturas repletas de sutilezas, imagino que fue un descenso acoger los conflictos y tormentos de los occidentales, pero sin duda alguna existió un trabajo, una dedicación y un esfuerzo para percibir las esencias y valores de las artes de Occidente. Nosotros no hemos hecho todavía el mismo esfuerzo, aunque, progresivamente, se van apreciando las delicadas pinturas en seda, los versos de una fuerza poética nuclear, simple y de una profundidad desconcertante, las diversas formas en que las artes recogen el pensamiento y las sensaciones de alta trascendencia espiritual. El arte es importante como testimonio de verdades esenciales. Difícilmente pueda encontrarse un documento más revelador de la dureza y crueldad de la vida en la Holanda del siglo diecisiete, que el que presentan los rostros del cuadro de Franz Hals Las regentes del asilo de ancianos de Haarlem, pintado en 1664. Para sentir el drama de la Europa antes de la Primera Guerra Mundial, cuando se transformaron las violencias y las crueldades, el cuadro de Edvard Munch, Trabajadores rumbo al hogar, pintado en 1913, es de una elocuencia contundente.

La música de Haydn nos testimonia un orden asentado, la de Beethoven una energía revolucionaria que se debate entre la desesperanza y la fe en una humanidad mejor. El agobio y el desconcierto informe que el checo Franz Kafka presenta en sus obras aparece en la música de Arnold Schoenberg, Alban Berg y Anton Webern. El empeño en expresar verdades íntimas que declaraban abiertamente los pintores expresionistas alemanes del grupo Die Brücke (el puente) tuvo una influencia determinante en Schoenberg y sus compañeros. Kandinsky definía el expresionismo como "la presentación de una expresión interna en forma externa y visible" y eso era lo que perseguían los músicos de su tiempo.

En esencia, autenticidad.
La importancia del arte está en que, cuando es quintaesencialmente veraz, es la puerta para penetrar en iluminadoras comprensiones y dimensiones.

Para asomarnos al elusivo misterio de la verdad.


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