21 de Enero del 2002 • Edición número 1,238
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Reelección y la encrucijada del PPH
La repetición de un capítulo oscuro en la historia del partido blanco



Por José P. Monegro

Las encendidas polémicas que escenifican los más importantes dirigentes que al interno del Partido Revolucionario Dominicana se hacen llamar Proyecto Presidencial Hipólito (PPH) y el presidente de la organización oficialista, Hatuey Decamps, además de recrear episodios similares del pasado, son una expresión de la carencia de figuras presidenciables que le permitan al actual grupo palaciego mantenerse en la cúspide del poder más allá del 16 de agosto del 2004.

Por mucho, el PPH aglutina a la mayor cantidad de militantes al interno del PRD, gracias a que desde el momento en que el país conoció sobre la enfermedad terminal que afectaba a José Francisco Peña Gómez una confesión del doctor de cabecera del extinto líder colocó a Hipólito Mejía en la primera línea de la sucesión por la candidatura presidencial para las elecciones del 2000. Tan arrolladora era la entonces precandidatura de Mejía, que hasta importantes cuadros de Milagros Ortiz Bosch y Hatuey Decamps se le sumaron en el entendido de que el “guapo de Gurabo” era un “clavo pasao”, tanto en la convención interna como en la elección presidencial.

Sin embargo, pasado ese proceso los dirigentes que se aglutinaron en torno al PPH han descubierto que sus posibilidades de permanencia y control del Poder Ejecutivo podrían estar limitadas a cuatro años porque a su interior no hay ninguna figura que pudiera enfrentar a los presidenciables ya existentes, como son los casos de Hatuey Decamps, Milagros Ortiz Bosch, Rafael Suberví Bonilla, Enmanuel Esquea Guerrero y Ramón Alburquerque.

El más próximo a ser presidenciable de las personas cercanas al presidente Mejía es el actual secretario de Agricultura, Eligio Jáquez, pero son reducidas sus posibilidades reales de enfrentar a los ya establecidos y, mayor aún, de crearse una figura de potencial triunfador con tan poco tiempo por delante.

De ahí surge la necesidad de utilizar todos los recursos a su alcance, incluyendo los del Estado, para impulsar el proyecto reeleccionista con tal de mantener las posibilidades de que el actual mandatario pudiera volver a optar por la candidatura y así poder prolongar su dominio del Poder Ejecutivo.

Esa es una de las razones por las que Hatuey Decamps, Ramón Alburquerque y la vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch les han salido al frente a las pretensiones reeleccionistas impulsadas desde el Palacio Nacional. Rafael Suberví Bonilla y Enmanuel Esquea Guerrero han tenido una postura de compresión al PPH ante el convencimiento de que si no prosperan las pretensiones de que se restablezca la reelección ese grupo deberá buscar una de las figuras presidenciables actuales para presentarla a la hora de escoger candidatos para el 2004. Incluso, en el caso de que se presente Eligio Jáquez, son amplias las posibilidades de que muchos hipolitistas busquen amparo en figuras con mayor posibilidad de triunfo.

Una de las muestras más contundentes de la carencia de figuras presidenciables que tiene ese grupo lo constituye la precampaña para escoger el candidato a síndico por el Distrito Nacional. En un acto celebrado en un hotel de la capital el máximo dirigente del PPH, Eligio Jáquez, presentó a Tomás Hernández Alberto como el precandidato de ese grupo, sin embargo, varios meses después éste debió retirarse debido al poco empuje que estaba teniendo su precandidatura.

Incluso, muchos “pepehachistas” decidieron respaldar a otros precandidatos a los que les veían mayores posibilidades, como son Peggy Cabral y el actual síndico Juan de Dios Ventura Soriano.

LA MISMA ESTRATEGIA
Los temores de que ese ejemplo se repitiera con una candidatura presidencial creó pánico y los llevó a tomar la firme decisión de “enfrentar a quien haya que enfrentar” con tal de volver abrir las posibilidades para que Hipólito Mejía pueda buscar la reelección. Precisamente ese grupo utiliza las mismas estrategias del pasado buscando los mismos fines, aunque con escenarios diferentes.

El grupo que hoy se agrupa en el PPH era el mismo que a mediados del 1980 propició la radicalización de las luchas de tendencias en el PRD en sus esfuerzos de impedir que el Congreso perredeísta introdujera la prohibición de la reelección en la Constitución de la República y en sus pretensiones enfrentó de manera frontal al entonces presidente de la Cámara de Diputados, Hatuey Decamps, y al entonces secretario general del partido, José Francisco Peña Gómez.

Luego de ganar las elecciones abrumadoramente en 1978, el fantasma de la división del PRD sacó la cabeza dos años después por los esfuerzos reeleccionistas del grupo del entonces presidente Antonio Guzmán, muchos de los cuales son otra vez funcionarios y vuelven a sus antiguas andanzas.

La oposición provino de todos los otros grupos del PRD, incluyendo el del entonces vicepresidente, Jacobo Majluta, que aunque era cuidadoso al hacer sus planteamientos no dejó de adversar públicamente esas pretensiones y hasta llegó a advertir que se podía estar propiciando la división de la organización política.

Peña Gómez hizo causa común con el grupo de Salvador Jorge Blanco, que en 1980 era un precandidato presidencial con muchas posibilidades de obtener la nominación ante la ausencia de figuras del grupo de Guzmán que le pudieran adversar y que todavía Jacobo Majluta no se veía como un fuerte rival.

Ese pleito llevó a la ruptura partido-gobierno y creó los cimientos para la división que se produjo en 1986 y permitió el retorno al poder de Joaquín Balaguer.

EL MISMO PLEITO
Un buen ejemplo de cómo en la actualidad se repite el mismo pleito que se inició en 1980 y con los mismos protagonistas es un análisis publicado en la edición 883 de [A]HORA, de octubre de 1980, escrito por la periodista Margarita Cordero. Uno de los párrafos del escrito comentando sobre el enfrentamiento entre el grupo de Antonio Guzmán y el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Hatuey Decamps Jiménez, rezaba: “Donde sí ciertamente se han adoptado posturas radicales es en la defensa de cuestiones no ligadas umbilicalmente a los intereses populares o que si pudieran estarlo también interesan de manera particular a los grupos que se mueven dentro del PRD. Verbigracia, el proyecto de reforma constitucional que se redujo en las discusiones intraperredeístas a una sola reforma: la que prohíbe la reelección presidencial”.

Como la Constitución vigente en 1980 era la que se aprobó en 1966, que permitía la reelección presidencial, la alta dirigencia del PRD quiso cumplir con su predicamento histórico de prohibir la reelección. En ese entonces no se pudo lograr prohibirla debido a que se necesitaba una posición homogénea de los legisladores perredeístas, ya que el Senado de la República estaba controlado por el Partido Reformista.

Las luchas internas y los enfrentamientos partido-gobierno provocaron que el 23 de agosto de 1980 José Francisco Peña Gómez anunciara su decisión de pasarle “cruz y raya” al Palacio Nacional, lo que representó una verdadera ruptura de la organización con el Gobierno.


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