21 de Enero del 2002 • Edición número 1,238
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Las dos caras de la presencia haitiana en Santiago

En la actualidad la presencia haitiana está en todos lados: en la actividad agropecuaria de los municipios de la sierra (Jánico y San José de las Matas), en el tabaco y el arroz de Villa González y Navarrete, en la porcicultura y avicultura de Licey, y en la agricultura y el comercio informal de Tamboril



Por Tony Rodríguez

La dinámica de la construcción, la deserción de la mano de obra criolla, el agravamiento de la crisis política y económica en Haití y la deficiencia en el nivel de vigilancia de las autoridades al contrabando y comercio ilegal han favorecido la incursión de inmigrantes haitianos en esta ciudad.

Hoy día miles ciudadanos del vecino país están incorporados a la producción y desarrollan un rol de importancia en la economía y en el proceso de desarrollo de Santiago.

Hasta mediados de los 80 la presencia haitiana era muy reducida en esta urbe: apenas algunos vendedores de maníes y jornaleros campesinos dedicados a la recolección de tabaco y frutos menores. Pero el auge de la construcción y la depresión de los salarios trajo como consecuencia la incorporación de haitianos a esta actividad y convirtió esta ciudad en el destino migratorio de miles de ellos.

El economista Radhamés García ha analizado el factor de la presencia haitiana en la economía local en dos vertientes. Por un lado, es factor clave para el desarrollo de la construcción y la agricultura, dado que los extranjeros, ilegales en su mayoría y desprovistos de todas las prerrogativas laborales, rinden un servicio a bajo costo y su ausencia traería una gran crisis para ambos renglones productivos.

De otro lado, la presencia haitiana ha contribuido a deprimir el salario real, lo que se traduce en una deserción de la mano de obra nativa. El proceso de sustitución de mano de la obra dominicana por haitiana ha llevado a que muchos antiguos albañiles estén ahora ligados al motoconcho, al trabajo en las zonas francas y otros han emigrado al extranjero.

García minimiza el factor fuga de capitales, dado que las remesas que envían los dominicanos desde el extranjero superan con creces a las que exportan los haitianos desde aquí hacia su país.

El proceso migratorio de haitianos hacia República Dominicana fue auspiciado en gran parte por la necesidad del sector cañero de importar mano de obra para el corte y la molienda. Era habitual la contratación de Estado a Estado para que desde Haití vinieran al país miles de haitianos a participar de las labores de los ingenios y las industrias cañeras.

Pero la situación se desbordó en los años 80 con la crisis política del vecino país y trajo como resultado la incursión de los haitianos en nuevas áreas como la construcción, la agricultura ordinaria y en el comercio informal.

EN TODAS LAS ÁREAS

En la actualidad la presencia haitiana está en todos lados: en la actividad agropecuaria de los municipios de la sierra (Jánico y San José de las Matas), en el tabaco y el arroz de Villa González y Navarrete, en la porcicultura y avicultura de Licey, y en la agricultura y el comercio informal de Tamboril. Radhamés García indica que los renglones de la construcción y la agricultura, no sólo en Santiago sino en todo el país, entrarían en una gran crisis de mano de obra si se expulsaran a los haitianos que actualmente participan en ellos.

En el comercio informal la presencia haitiana cada vez se hace más notoria. En el mercado de pulgas de los jueves en el Mercado Central de Pueblo Nuevo decenas de haitianos participan ofertando ropas, calzados y perfumes.

Los haitianos han ido desplazando en múltiples actividades a los santiagueros. Por ejemplo, la venta callejera de helados, verduras, frutas, cargadores de productos ferreteros y agrícolas y en las labores de vigilancia nocturna (serenos). Asimismo, es notoria la presencia de prostitutas haitianas en determinados lugares como el parque de Los Rieles, en el sector Pueblo Nuevo. También hay canjeadores de pesos por gourdes y transportistas de remesas.

Según el director del hospital José María Cabral y Báez, doctor Daniel Rivera, un cinco porciento del presupuesto de ese centro de salud se consume en brindar servicios a la comunidad haitiana.

Decenas de haitianos viven de la mendicidad, la que ejercen en diversas calles y avenidas de Santiago. Las autoridades de Migración suelen con frecuencia auspiciar jornadas de detención y deportación de los mendigos.

En Villa González, Migración opera un campamento de acopio de los ciudadanos haitianos que son detenidos en las calles de Santiago, donde son evaluados para determinar su estatus en el país. La mayoría de los que llegan allí son deportados.

EL CONTRABANDO
Un elemento nocivo a la producción nacional lo constituye el contrabando desde Haití de mercancías que compiten con productos y tiendas locales. La evasión fiscal que deriva del contrabando de ropas, calzados, perfumes –observa el economista García– afecta al fisco, a los fabricantes criollos y a los comerciantes que cumplen con el pago de sus impuestos. Los productos contrabandeados y los comerciantes informales haitianos (denominados Pepés) compiten de manera desleal con los productores y comerciantes nacionales.

En los últimos años decenas de zapaterías que constituían una fuente importante de mano de obra en los barrios de Santiago desaparecieron a causa del contrabando de calzados traídos desde Haití y por los puertos marítimos.

La Asociación de Dueños de Tiendas del Centro Histórico de Santiago mantiene una campaña contra el contrabando de mercancías desde Haití y las ventas informales de ropas y calzados usados que realizan los denominados Pepés.

García se mostró solidario con la posición asumida por el presidente Hipólito Mejía de que la comunidad internacional adopte mayor responsabilidad con Haití, el país más pobre del hemisferio occidental.


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