31 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,235
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Rafael Peralta Romero
Astutos como serpientes...


El Partido Revolucionario Dominicano –o mejor dicho, muchos de sus dirigentes- suelen alimentar la ilusión de sus adversarios en cuanto a las posibilidades de división. La convención perredeísta del 2000 alentó en todo momento la esperanza del Partido de la Liberación Dominicana, que contó con la fragmentación perredeísta, que desgraciadamente para los miembros de la organización morada, el partido blanco salió airoso. De verdad, que el PRD vive de una prueba a la otra, pero las peores situaciones que lo han afectado son producto precisamente de maniobras procedentes de sus miembros y sobre todo de altos dirigentes. Amenazas como “echarle jabón al sancocho” y denuncias como que “el padrón es un tollo”, emanadas de líderes de tendencias perredeístas ante el pasado proceso electoral interno, son las que originan el “ataque de nervios” que a veces se apodera del partido mayoritario del país.

De nuevo el partido del jacho vuelve al tapete en forma controversial. Mientras el Partido Reformista Social Cristiano, amoldado a las directrices de su líder inmóvil, escoge sus candidatos municipales y congresionales–últimamente se dice congresuales por cada provincia del país, y el PLD realiza la suya con notable éxito, excepción del reclamo de Eduardo Selman, el PRD debate cuándo realizará su convención.

Predije en artículos publicados en el desaparecido diario La Nación, que en lo adelante al PLD le llegaría el momento de los debates amargos, pues las cosas han cambiado, en término de aspiraciones e intereses en esa organización. El inicio de un nuevo sistema de votación, que rompe el hermetismo y el perfil de secta que caracterizó al partido morado, significó una buena prueba para ese partido.

El PRSC, acostumbrado a maniobrar desde el poder para ganar posiciones electivas, en este momento vive uno de los momentos más aproximados a la democracia interna, que no ha sido habitual en esa parcela política. Organizarse desde abajo para ganar realmente las posiciones, no es cuestión de ilusos, y para ello ya no se cumple aquello de “con votos o con botas”.

Mientras esto ocurre con sus adversarios, el PRD se deja arropar por disparidades internas que obligan a posponer la actualización de su dirigencia para luego ocuparse de las convenciones en que han de escogerse los candidatos que formarán la boleta en las elecciones del 2002.

En marzo vence el plazo para el registro de candidatos para las elecciones de mayo, de modo que al partido blanco le quedará el espacio de tiempo comprendido entre enero y febrero, pues lo que queda de diciembre es para “fiesta y mañana gallos”. Ojalá que el PRD no se deje coger la noche en los empeños de organizar –o peor, acomodar- convenciones.

Un locutor que es viejo militante perredeísta me decía recientemente que el PRD tiene que actuar como un partido maduro. Pero no es sólo él quien esto reclama, es una aspiración de todo ciudadano sensato. El PRD es un partido que tiene hasta nietos, lo cual debe acercarlo a esa deseada madurez.

La actitud de muchos dirigentes es la de quien está dispuesto a romper la olla en la que se cuece la sopa, aunque nadie coma de la misma. Ese comportamiento, a todas luces, ni es sabio ni es razonable, pero ha permitido a ciertos “líderes” mantenerse en posiciones y ganar terrenos que de otro modo les hubiera costado mucho más esfuerzo obtener.

El doctor Enmanuel Esquea Guerrero, a quien tocó presidir el PRD en los momentos difíciles de la convención extraordinaria del 2000, señaló recientemente que si bien el partido blanco no está en peligro de división, podría estarlo “si no endereza el camino” por el que transita.

Y recordó la dura experiencia que significó permanecer catorce años en la oposición, la cual no parece haber sido asimilada por muchos dirigentes del partido del jacho. Su planteamiento incluye la observación de que para arbitrar justamente el proceso interno el partido no puede ser presidido por un aspirante a la candidatura presidencial. Es una obvia referencia al licenciado Hatuey De Camps.

Hay una situación irregular en la dirección del PRD y en medio de ella se encuentra con la necesidad de seleccionar los candidatos a senador, síndico, diputado y regidor en todo el territorio nacional. Un amplio sector perredeísta plantea la conveniencia de ajustar su partido a la legalidad en lo inmediato.

En el pasado, la escogencia de candidatos se ha resuelto mediante la distribución “equitativa” pautada por los cabezas de tendencias. Pero esta vez no será así, estando como está el país poblado de pre-candidatos que tejen sus ilusiones en torno a las posiciones en las que han puesto el ojo. Gran desbarajuste habrá de armarse si a estos dirigentes medios y provinciales se les despoja de los cargos ganados en sus localidades para complacer acuerdos de “líderes”.

El PRD transita como ovejas en medio de lobos. El momento es de prudencia y serenidad. Sobre el particular recomendaba Jesucristo “ser astutos como serpientes y sencillos como palomas.”




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