24 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,234
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Miguel Febles
El mambí une a tres países


El término mambí estuvo en boca de miles de dominicanos que la primera semana de diciembre asistieron a los apuros del Presidente Hipólito Mejía, al que se le atribuye haber dicho que tenía doble nacionalidad, algo que no tenía la necesidad ni al parecer la intención de decir durante una entrevista en la emisora Radio Mambí, donde habló con desenfado acerca de los dominicanos y los cubanos en Estados Unidos.

De dominicanos y de cubanos se trata, precisamente, cuando se habla del mambí, que en boca de los españoles de 1863 en adelante tenía un solo significado: guerrero o soldado independentista negro de Santo Domingo, primero, y de Cuba, después.

Pero negro independentista, definitivamente de Cuba. Algunos podrían estar preguntándose cómo, si estaba en Santo Domingo durante la guerra de restauración, este nombrete terminó en las provincias orientales cubanas. Y para los que puedan tener la inquietud, cumple decir que el contagio lo llevó Máximo Gómez, que como servidor de los españoles que había sido en República Dominicana, pasó a vivir en Cuba y alllí terminó identificándose con el negro esclavo de las provincias orientales.

Máximo Gómez era un blanco nacido en Baní que no había conocido la esclavitud en la forma cruda en que la practicaban los colonos españoles, ni había conocido la forma bárbara de explotación que se practicó en Haití durante la era de Francia. Si los ejércitos que ingresaron al país procedentes de Cuba hubieran salido vencedores en la guerra de restauración, o si no se produce la guerra, posiblemente hubiera tenido la oportunidad de ver en su país lo que era obligar al negro a látigo y a palos a producir para el amo. Lo que hizo en Cuba --ponerse a la orden de los líderes independentistas--, posiblemente lo hubiera hecho en el Cibao o en las sabanas del Este.

El mambí había sido un azote en Santo Domingo, a donde llegó procedente de Haití, así que el término no solo está ligado con dominicanos y cubanos, sino también con los haitianos, segundo pueblo de América en ganarse su independencia a sangre y fuego. Lo impuso Juan Mambí, un oficial que de servirle a los españoles pasó a capitanear a los haitianos que lucharon por la independencia dominicana durante las jornadas restauradoras. Mambí fue, primero, el haitiano independentista, y luego cualquier negro que interviniera en la guerra.

De Lilís suele decirse que fue un intrépido mambí, a pesar de que no estuvo bajo las órdenes del referido haitiano.

En esta guerra, que es la verdadera independencia dominicana, nació la costumbre de los españoles de llamarle mambí a los guerreros negros. Así que cuando Máximo Gómez se enroló en la guerra de los diez años iniciada contra España en el oriente de Cuba, recibió el calificativo de mambí, a sus negros seguidores les cayó el sambenito de mambises y a sus fuerzas el de ejército mambí.

Nuestro presidente ha venido, 135 años después de que naciera un calificativo que alcanzaría matices míticos, a quedar enredado en las patas de los caballos del mambí.

Desde luego, de los negros haitianos se dice que le tenían pánico al machete del dominicano, y no parece que aprendieran a usarlo con la destreza que lo hicieron nuestros monteros y soldados independentistas. Y todos sabemos, además, que el machete no nos llegó con Juan Mambí, que trajo al haitiano y este agarró el machete como lo agarraban los dominicanos desde hacía ya muchos años.

Los negros cubanos, liderados por Gómez también aprendieron a empuñarlo como lo hacía todo buen dominicano. Eran capaces de cortar una carabina de un viaje. Eran unos mambises de temer.




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