24 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,234
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
Cristianismo y concubinato

La decisión de la Suprema Corte de Justicia sobre el concubinato pone el dedo en una llaga que la sociedad ha intentado ocultar durante mucho tiempo



Por Felipe Rincón Vásquez

El 17 de octubre del 2001 la Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana evacuó una sentencia donde reconoce que una mujer que vive en concubinato tiene derecho a reparación o reclamación por la muerte de su compañero.

La respuesta de la Iglesia Católica, en boca de su máximo representante en el país, fue de que la misma “no está cónsona con los principios cristianos” porque “Jesucristo planteó un ideal de vida que es el matrimonio” .

Es de todos conocido que el cristianismo se divide en dos grandes sectores, el catolicismo con sus ramificaciones y los protestantes (evangélicos) con sus ramificaciones, sin contar las varias sectas seudocristianas que funcionan en el mundo. Los evangélicos surgen en un momento histórico fruto de la Reforma, y se caracterizan por su sometimiento a la Biblia como única regla de fe, teniendo a Cristo como la cabeza de la Iglesia. En tal sentido se toman la libertad de escudriñar las Escrituras para establecer su dogma y no esperan que un concilio les trace las pautas del dogma a seguir. Esto ha provocado que existan diferentes denominaciones que se agrupan según sus interpretaciones escriturales y en tal sentido no existe una voz única que pueda recoger el punto de vista de todos los evangélicos. Un líder protestante sólo representa a todos aquellos que están bajo su denominación y han acordado o refrendado una confesión de fe que los unifica.

De lo antes dicho se desprende que no todos los cristianos valoraran la sentencia supra indicada desde una misma perspectiva.

¿Es esta sentencia contraria a los principios cristianos?

Para ello empezaremos definiendo el matrimonio. Debemos empezar notando que cada definición corresponderá a un interés marcado. En el sentido legal, que corresponde al ordenamiento jurídico, el matrimonio es la unión legítima de un hombre y una mujer para llevar vida en común y fundar un hogar. Desde el punto de vista de la Iglesia es el sacramento por el cual hombre y mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia. Es notorio señalar que el Diccionario de Sinónimos y Antónimos del grupo editorial Norma da como sinónimo de matrimonio los términos enlace y unión, entre otros.
En una exposición de la Confesión de fe Bautista de 1689, por Samuel E. Waldrow, se define como “una promesa pública y formal jurada por un hombre y una mujer mutuamente que los introduce a una unión matrimonial que tiene el propósito de proporcionarles un compañerismo multidimensional durante toda la vida”. La Biblia al referirse al matrimonio dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” De todo lo anterior resalta que los elementos distintivos del matrimonio son: unión, propósito y heterogeneidad.

EL VERDADERO MATRIMONIO
La relación sexual de dos personas de manera ocasional, que no se han jurado un pacto de unión matrimonial es una transgresión de la ley de Dios. Ahora bien, ¿qué es lo que hace que la unión entre un hombre y una mujer sea un matrimonio? ¿Será el hecho de estar inscrito en el libro que a tal efecto lleva el Oficial del Estado Civil? ¿O acaso lo es la ceremonia sacramental llevada a cabo según lo establece la Iglesia? No. Lo que hace el Oficial del Estado Civil es darle legalidad y publicidad a la decisión de los contrayentes de unirse en matrimonio, lo mismo la Iglesia, la cual celebra una ceremonia pública en la que se hacen votos y se intercambian anillos entre los testigos presentes. En ninguno de estos hechos está la naturaleza del matrimonio, éstas son solamente formalidades, una de carácter legal y otra de carácter religioso. Una para recibir la aprobación de la sociedad, la otra para recibir la bendición de Dios a través de sus representantes en la Tierra.

En el caso de una mujer que vive y cohabita con un hombre como si éste fuera su marido formando una familia, sin que ninguno de los dos tengan ningún lazo o unión con la otra persona, lo que el Estado y la Iglesia deben hacer es facilitar la seguridad y protección de esta familia. Ha sido una mala interpretación de la Iglesia el hecho de que la familia es aquella que se constituye exclusivamente sobre el matrimonio registrado, sin tomar en cuenta que la institución familiar presenta diversas formas de convivencia, las cuales deben estar bajo el amparo de la ley, y de la misma Iglesia, que no ha tomado en cuenta los resultados de esas uniones.

Es triste observar cómo la Iglesia ha maltratado a hombres y mujeres que conviven maritalmente, con consecuencias negativas para sus hijos. Recientemente conocí a una mujer que le fue negada la comunión católica a menos que se casara formalmente con su marido con quien tenia varios hijos en una unión de largos años. Según la Iglesia estaba en fornicación. Fornicación sólo porque su unión no estaba registrada en el libro del Oficial del Estado Civil; si estuviese registrado la naturaleza de la unión hubiera cambiado radicalmente.

Y cuántas familias han destruido los líderes evangélicos en su errada interpretación, cuando llega un confesante, si éste está unido a otra persona y, aunque tengan hijos, sea una unión con el modelo de convivencia desarrollada en los hogares de las familias fundadas en el matrimonio, es decir una relación pública y notoria, con una familia estable y duradera fundamentada en lazos de afectividad, y a éste se le indica que esa unión es pecaminosa, que debe casarse legalmente o dejar a esa compañera y casarse con otra, con alguien que sea de la Iglesia. Y por ahí va un tropel de mujeres arrastrando niños que fueron abandonadas por orden de las iglesias a sus compañeros a quienes ahora les ofrecen una mujer más fresca que aquella a quien le acabaron su juventud. ¿Es esa la enseñanza del cristianismo? Mil veces no. Esos matrimonios de hecho deben ser guiados por los líderes religiosos a cumplir con los requisitos legales, pero jamás destruirlos. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer con el propósito de complementarse mutuamente y formar una familia. La Suprema Corte de Justicia ha afirmado que las uniones no matrimoniales, consensuales, libres o de hecho, no constituyen un hecho ilícito, pues un hecho es ilícito en la medida en que transgreda una norma previa establecida por el legislador; que en este aspecto la unión consensual que nos ocupa se encuentra considerada o aceptada por el legislador dominicano en el ordenamiento legal como una modalidad familiar, criterio que debe ser admitido siempre y cuando la convivencia se encuentre revestida de las características siguientes: a) Una convivencia ‘more uxorio’, o lo que es lo mismo, una identificación con el modelo de convivencia desarrollado en los hogares de las familias fundadas en el matrimonio, lo que se traduce en una relación pública y notoria, quedando excluidas las basadas en relaciones ocultas y secretas; b) Ausencia de formalidad legal en la unión; c) Una comunidad de vida familiar estable y duradera, con profundos lazos de afectividad.; d) Que la unión presente condiciones de singularidad, es decir, que no existan de parte de los dos convivientes iguales lazos de afectos o nexos formales de matrimonios con otros terceros en forma simultánea, o sea, debe ser una relación monogámica.

LA CEREMONIA SACRAMENTAL
La Iglesia en su mayoría predica que la ceremonia sacramental es la que encarna el pacto matrimonial o en su defecto la formalidad por ante el oficial del Estado Civil. Pero podríamos preguntarnos ¿acaso era la ceremonia matrimonial en tiempo de Cristo de la misma forma que lo es hoy? ¿Cuál sería la forma sacramental correcta? ¿Y que de los matrimonios de otras culturas que tienen celebraciones diferentes a la nuestra? ¿No son esos matrimonios? El matrimonio no es una formalidad, es una unión con los propósitos divinos para el hombre y la mujer.

El matrimonio fue instituido para la ayuda mutua de los esposos, para la multiplicación del género humano y para evitar la impureza. Aunque el matrimonio está formado por el mutuo consentimiento de la pareja y el pacto de unirse y ser fieles el uno al otro, se requiere que se dé cumplimiento a las leyes establecidas para formalizar el matrimonio, pues éstas tienen el rigor de garantizar la protección de la familia y darle la publicidad requerida, es decir hacer público el pacto de los contrayentes. Además, la Biblia ordena a los creyentes a cumplir con las leyes a menos que las mismas sean contrarias a la Ley de Dios. La gente sencilla no contrae matrimonio legal, sino que se junta y crea una familia con los mismos rigores, condiciones y cuidados de un matrimonio legal, pero sin que la ley lo haya sancionado. Según datos estadísticos, el 56% de la población dominicana está unida en concubinato o unión de hecho. La Iglesia debe jugar un papel de orientadora y facilitadora a esas familias. Pues la Iglesia tiene el poder para ayudar o dañar.

Nosotros entendemos que la decisión de la Suprema Corte de Justicia, a diferencia de como otros religiosos la han juzgado, es justa y de innegable valor para la inmensa mayoría de las familias dominicanas, y no está opuesta sino por el contrario es cónsona con los principios bíblicos y la fe cristiana. El cristianismo es una doctrina que viene a defender a las viudas y necesitados, ¿porque negarle la justicia a los desamparados aduciendo formas y reglas? Acaso no fue esto mismo lo que atacó Jesucristo en su ministerio terrenal cuando se enfrentó a los escribas y fariseos que estaban muy atentos a los rigores de la ley, mas no al espíritu de la misma. Ellos juzgaban según las apariencias, no según el corazón. Por ello Jesús les dijo: “oísteis que fue dicho por los antiguos... mas yo os digo”. La interpretación que los de antaño nos han dado de las enseñanzas de Cristo no es la correcta, debemos revisar nuestra teología.


Otros
artículos


Acerca de la interioridad de ascensos y descensos
El alucinante viaje de cinco escritores
LIBROS

Danza con fuego, la escritura de
Avelino Stanley



VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados