24 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,234
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
El alucinante viaje de cinco escritores


Por Luis Martín Gómez

El avión nos dejó, tomamos las maletas, hicimos trámites de inmigrantes, salimos y de inmediato el dinámico Danilo Manera, ideólogo, coordinador y realizador de esta Primera Semana de la Literatura Dominicana en Italia, nos condujo a ciento veinte kilómetros por hora desde el aeropuerto Malpensa hasta la Estación Central Milano para abordar un tren de alta velocidad con destino a Roma. Fue el primero de los nueve trenes, además de numerosos subterráneos, autobuses y taxis, que debimos tomar para cumplir con la apretadísima agenda que incluyó 13 lugares en cuatro ciudades. Si al concluir la semana nos hubieran preguntado qué nos parecía Italia, hubiésemos dicho que “edificios, monumentos y campiñas vistos temblorosamente con la esquinita del ojo a través de los cristales húmedos de las ventanillas de un tren o un taxi”. Afortudamente, los anfitriones incluyeron visitas a museos, catedrales y plazas, que nos permitieron apreciar la riqueza cultural de una Italia que no se rinde a los avances tecnológicos y mantiene viva su tradición histórica.


Luis Medrano
Roma es historia. Caminar por sus calles es como andar sobre el libro de Ciencias Sociales de octavo grado. Dondequiera que pisas, dondequiera que miras, hay un monumento, una pared, un ladrillo, que habla de batallas o intrigas políticas o esplendor artístico. En esta ciudad con calles estrechas y miles de motocicletas, que fuera una vez el centro del mundo, comenzamos formalmente nuestra gira. El vice-alcalde de la Comune di Roma, Enrico Gasbarra, nos recibió en el Palacio Municipal, situado al lado de las ruinas de la Roma Imperial. Allí el dr. Marcio Veloz Maggiolo, que encabezaba la delegación dominicana en su doble condición de escritor y subsecretario de Cultura, recibió la Medalla Conmemorativa de la Ciudad de Roma.

En la Casa de la Literatura, en Piazza dell’ Orologgio, fuimos recibidos por su directora, María Ida Gaeta, y por Gianni Borgna, asesora de política cultural de la Comune di Roma. Los profesores Danilo Manera y Silvio Mignano motivaron el primer contacto de los escritores dominicanos con el público italiano en un cálido encuentro en el que Marcio Veloz Maggiolo habló sobre cultura dominicana y mestizaje cultural; Angela Hernández Núñez trató el tema Apuntes sobre demiurgia: acercamiento al cuento dominicano; Rafael García Romero ofreció su parecer sobre la Literatura dominicana actual; Manuel Llibre Otero se refirió a los Temas recurrentes y nuevas visiones en la literatura dominicana; y Luis Martín Gomez, o sea yo, hablé sobre Periodismo y literatura en Santo Domingo y presenté los videos Marcio, Cafetera El Conde; Angela, a mil pies de altura; y Rafael, Expreso Santo Domingo; sobre los escritores Marcio Veloz Maggiolo, Angela Hernández Núñez y Rafael García Romero. Los libros de estos tres autores: Biografía Difusa de Sombra Castañeda, Cómo Recoger la Sombra de las Flores y la Sórdida Telaraña de la Mansedumbre, traducidos y publicados por Editorial Perosini como parte de su colección “Alfabeti”, más la novela Ritos de Cabaret, también de Marcio Veloz Maggiolo, traducida y publicada por Editorial Besia, fueron puestos a circular unas horas más tarde en la Antica Libreria Croce, una de las más importantes de Roma. Terminada la primera jornada, regresamos caminando por el centro histórico de la ciudad.

Un tren de alta velocidad nos llevó a Milano, una ciudad que tiene la rapidez de Nueva York pero el encanto europeo, con edificios vetustos salpicados aquí y allá por catedrales y castillos. Arribamos a la Biblioteca Cívica di Cologno Monzese quince minutos tarde, algo ofensivo según el código milanés. Tras las excusas de rigor por la tardanza y porque no pudimos cambiarnos la ropa, el señor Mauro Madella dio inicio a una velada cultural tan entusiasta que borró rápidamente el enojo del retraso. Se proyectaron los videos sobre Marcio, Angela y Rafael, y estos autores, junto a Manuel Llibre y quien escribe, leímos fragmentos de novelas, cuentos y poemas, y respondimos preguntas del público que llenó la sala.

Uno de los destinos más importantes de esta Primera Semana de la Literatura Dominicana en Italia: la Universidad Estatal de Milano. Con el saludo del señor Fabrizio Conca, decano de la Facultad de Literatura y Filosofía, y de Salvatore Carruba, asesor cultural de la Comune di Milano, se inauguró un sobrio acto conducido por Emilia Perassi, docente de literatura hispanoamericana, y que contó con la participación de Gina Lagorio, una de las más importantes escritoras italianas contemporáneas. Don Marcio Veloz Maggiolo leyó en italiano su ponencia Italianos en la vida dominicana; Angela Hernández Núñez expuso su tema Poetas dominicanas de los 80: desvío fundacional; Rafael García Romero habló sobre la Narrativa de Juan Bosch; Manuel Llibre Otero abordó el tema Escribir desde la provincia: Santiago y la costa Norte; y yo, cerré con una pequeña antología de viaje que titulé ¿Cuántos cuentos caben en una mochila?, con mis diez cuentos dominicanos preferidos.

En la Alcaldía de Verona nos recibieron las principales autoridades civiles y militares de la ciudad. La alcaldesa, señora Michela Sironi, nos dio la bienvenida, y el señor Enzo Melegari, presidente del Movimiento Laico América Latina, explicó que una parte de los beneficios generados por las obras publicadas por Editorial Perosini se destinarán a obras sociales en países del tercer mundo, incluyendo República Dominicana. Esto significa que Marcio Veloz Maggiolo, Angela Hernández Núñez y Rafael García Romero, con los libros que les tradujeron y publicaron en Italia, también están colaborando con estos proyectos de ayuda a personas necesitadas. Luego cada autor ofreció un breve testimonio sobre la experiencia del viaje y se proyectaron una última vez (era justo) los videos sobre Marcio, Angela y Rafael.

Verona es una ciudad hermosísima. En Combina la riqueza cultural de Roma con un poco de la modernidad de Milano en dosis que no le permiten ser ni una ni otra sino ella misma. Los techos color ladrillo de las casas compiten con un cielo limpio que uno deja de admirar sólo si camina cerca del río poblado de peces y gaviotas y reflejos de ciclistas bordeando sus orillas. Sobre estas aguas cruza el Puente Romano de piedra, y a un lado y a otro desafían el tiempo numerosos monumentos, como el Teatro Romano, el Museo Arqueológico, la Arena, tan bien conservado que a uno le parece escuchar gritos de gladiadores, y cuatro catedrales, en una de las cuales, la de San Zeno, yace el cuerpo incorrupto de este santo que es el protector de la ciudad. En Verona también está la Casa de Julieta, inmortalizada por Shakespeare en su famosa obra de teatro. La casa tiene un balcón, según me contaron, construido para que hiciera juego con la imaginación del dramaturgo inglés, y cada pulgada de las paredes frontales de la vivienda está forrada con graffitis de amor hechos por las parejas visitantes. Cerca de la puerta hay una estatua en metal de Julieta que está sucia de hollín y polvo menos en un sitio: la teta derecha. Esta apetecible parte de la novia trágica brilla porque es tradición que todo visitante varón le frote el seno para lograr suerte en el amor. (Yo también hice lo que debía, previa autorización de mi esposa). En esta ciudad que transpira arte en cada piedra, Angela Herandez Núñez y Rafael García Romero presentaron sus libros Cómo recoger la sombra de las flores y la Sórdida Telaraña de la Mansedumbre, traducidos y publicados por Editorial Perosini, en actos que se llevaron a cabo en la Librería Rinascita, equivalente a la Trinitaria de nosotros; en la Universidad Popular de Valpolicella, en el Liceo Científico Estatal Primo Levi y en el Instituto Técnico Marco Polo.

En la parte final de la gira, el grupo se dividió en dos. Unos nos quedamos en Verona y Marcio Veloz Maggiolo, su esposa Norma, su hija Larissa y Danilo Manera, viajaron en tren a Génova, donde Marcio pronunció la conferencia Antropología para curiosos: los pueblos originarios del Caribe y la cultura taína. En la ciudad natal del Almirante, don Marcio visitó la tumba de sus ancestros y encontró en los archivos oficiales su árbol genealógico, lo que quizás le valga el pasaporte de la Comunidad Europea. Los que permanecimos en Verona tuvimos el placer de alojarnos en Casa Poiega, una construcción del siglo XV hecha en ladrillo, madera, cristal y libros, localizada en el paradisíaco Valle de Valpolicella, zona productora de Amarone, uno de los mejores vinos italianos.

En esta casa, donde te tratan como a uno de la familia, sus propietarios, Ferruchio y Juliana, demostraron lo que es ser un anfitrión italiano, especialidad que comprobamos más tarde con el excelente trato que también nos brindaron Pierluigi Perosini, Franco Ceradini, Giorgio Gabanizza y Carlo Baccini, héroes de este hermoso proyecto editorial veronés.


Otros
artículos


Acerca de la interioridad de ascensos y descensos
Danza con fuego, la escritura de
Avelino Stanley

LIBROS

Cristianismo y concubinato


VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados