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Navidad con Libertad
Era 1961 y la población dominicana tirada a las calles exigía poner término a los últimos resabios de la dictadura de los Trujillo
Por Santiago Estrella Veloz
Los gritos de ¡Navidad con Libertad! ¡Navidad con Libertad! sonaban atronadores en las calles y plazas dominicanas cuando a finales de 1961 la dictadura de Trujillo daba sus últimos coletazos. El pueblo estaba tirado de la calle al medio y remanentes de la familia Trujillo se proponían cometer una verdadera masacre, a tal punto que Estados Unidos movilizó unidades de su flota hacia las costas dominicanas y una amenazadora escuadrilla de once aviones de reacción, procedente de Puerto Rico, sobrevoló la entonces pequeña Ciudad Trujillo, como una clara señal de que los Trujillo no se saldrían con la suya.
Han transcurrido exactamente 40 años de tales acontecimientos y los más viejos recordarán la famosa huelga general de doce días decretada en diciembre por la derechista Unión Cívica Nacional para obtener la renuncia del entonces presidente Joaquín Balaguer, quien para ganar tiempo prometió que lo haría apenas se levantaran las sanciones impuestas al país por la Organización de Estados Americanos (OEA) en San José de Costa Rica el 21 de agosto de 1960, por la clara participación del régimen de Trujillo en un atentado que por poco cuesta la vida al presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt.
La consigna ¡Navidad con Libertad! fue adoptada como una bandera de lucha de la oposición, para aquella época mayormente representada por el Partido Revolucionario Dominicano y la UCN, aunque existían otros grupos menores, entre ellos una agresiva izquierda partidaria de la revolución cubana.
La gente confiaba en que al final de 1961 habría, ciertamente, Navidad con Libertad, durante la cual predominara un ambiente democrático, sin asesinatos ni persecuciones, algo común durante la tiranía de 31 años cuyo Jefe principal fue muerto a tiros el 30 de mayo de ese año, en un atentado en la autopista 30 de Mayo, en las cercanías de la Feria Ganadera.
En los meses subsiguientes las turbas irrumpieron en las calles de Ciudad Trujillo, tanto en persecución de los espías o calieses, como en demanda por parte del pueblo-- de mayores conquistas políticas, económicas y democráticas. Los bustos, estatuas y símbolos del dictador, que entonces proliferaban en plazas, parques, escuelas y edificios del gobierno fueron derribados y destruidos, mientras manifestaciones de la oposición eran drásticamente reprimidas por la Policía, con muertos y heridos. Las haciendas, casas y negocios de familiares, funcionarios o allegados a la familia Trujillo fueron saqueados, a menudo ante la mirada indiferente de la Policía, muchos de cuyos miembros recibieron su ración de arepa por su notoria complicidad.
El 24 de octubre, luego del discurso de Balaguer en las Naciones Unidas, en el que sutilmente trató de alejarse de la tiranía con promesas de reformas democráticas, el ex presidente Héctor Bienvenido y José Arismendy --Petán--Trujillo abandonan el país para regresar amenazadores el 15 de noviembre.
Petán Trujillo se apoderó de la emisora La Voz Dominicana, que fundara, mientras su hermano Negro desfilaba por las calles de la capital con un gran aparataje militar, encabezado por oficiales de alto rango, todos los cuales al parecer creían que el régimen al que sirvieron saldría airoso de su tremenda prueba con la muerte de el Jefe.
Los dos hermanos Trujillo, antes de su primera salida del país, habían quedado como los hombres fuertes, pues la esposa del dictador y generalísimo María Martínez-- y su hijo Radhamés lo habían hecho a finales de agosto.
No es sino dos meses más tarde, bajo la presión de Washington, que ceden y se alejan. Haití, Jamaica y las Bermudas son sus refugios sucesivos, donde siguen conspirando, dice el historiador francés Lauro Capdevila en su obra La Dictadura de Trujillo, publicada originalmente en París en 1998 y luego en español en el 2000 por la Sociedad de Bibliófilos.
UN BAUTIZO DE SANGRE
La indignación popular había crecido no solamente por los abusos incalificables cometidos por la tiranía trujillista contra el pueblo dominicano, sino además porque en esos días fue mucha la sangre que corrió. El país estaba al borde de una guerra civil que sólo Dios sabe cómo no llegó a producirse.
El 15 de noviembre Petán y Negro abandonaron el país definitivamente --con varios millones de pesos robados al pueblo-- luego de que el general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría se sublevara contra ellos, enviando sus aviones para que ametrallaran las inmediaciones de los campos militares favorables al clan de los Trujillo y proclamara su apoyo a Balaguer. El 18 salió del país Ramfis Trujillo, no sin antes ejecutar a tiros a los participantes en el atentado contra su padre --Pedro Livio Cedeño, Huáscar Tejeda, Roberto Pastoriza Neret, Salvador Estrella Sadhalá, Luis Manuel (Tunti) Cáceres y Modesto Díaz--acontecimiento ocurrido esa misma tarde en la Hacienda María, cerca de la ciudad de San Cristóbal. Sólo sobrevivieron, porque se ocultaron, Antonio Imbert Barrera y Luis Amiama Tió, posteriormente reconocidos como héroes y convertidos en generales del Ejército. Amiama Tió murió hace algunos años.
El grupo apresado había sido trasladado desde el penal de La Victoria, donde sus integrantes guardaban prisión, hasta el sitio donde mataron a Trujillo, supuestamente para interrogarlos al respecto; luego los llevaron al Palacio de la Policía y posteriormente los trasladaron a la Hacienda María, donde serían ejecutados. Todos fueron tiroteados y ametrallados por el propio Ramfis, mientras bebía tragos con parte de su clan. Los prisioneros habían sido atados a varias matas de coco existentes en el lugar. Los cadáveres fueron hechos desaparecer, presumiéndose que los tiraron al mar.
La versión oficial de una supuesta fuga fue completada con el asesinato a tiros de metralleta de los tres infelices policías que sirvieron de custodias a esos presos históricos. El camión policial utilizado fue baleado y abandonado en un camino al Sur de la cárcel de La Victoria, suceso del que dio cuenta, en la página 5, el matutino El Caribe, diciendo que los seis prisioneros habían dominado a los guardias y se habían escapado.
Era el estilo de Trujillo y un tributo a su Policía y su prensa, todavía supervivientes de la manera más absoluta, dice el fallecido periodista Bernard Diedrich en su libro Trujillo, la muerte del Dictador, un clásico sobre el tema. El jefe de esa aberrante operación fue el entonces comandante de La Victoria, el tristemente célebre capitán Américo Dante Minervino, propietario de una perra llamada Diana que solía azuzar contra los apaleados prisioneros de la cárcel de torturas La 40, luego de dejarla varios días sin darle comida. Se dice que ese sujeto fue ejecutado durante la revolución de abril de 1965.
Los agitados días de diciembre, incluida la huelga de la UCN contra Balaguer, comenzaron a normalizarse al acercarse las Navidades. El 17 fue que Balaguer dijo que renunciaría si se levantaban las sanciones, lo que ocurrió al mes siguiente, el día 22, cuando así lo decidió el organismo hemisférico que las había impuesto, la Organización de Estados Americanos (OEA).
La partida de los buques norteamericanos se produjo el 19 de diciembre y, tras las Navidades con Libertad, Balaguer dispuso el día 28 la disolución del Partido Dominicano, único que pudo funcionar legalmente a todo lo largo de los 31 años de la dictadura de Trujillo y en el que debían inscribirse todos los dominicanos mayores de 18 años. En caso de no hacerlo eran considerados enemigos del régimen, lo que significaba el exilio, la prisión o la muerte.
Las Navidades de ese mes, hace 40 años, fueron las primeras celebradas en un ambiente de libertad por el pueblo dominicano, conquista que se ha mantenido hasta hoy gracias a las grandes luchas para mantener la democracia que, aun con sus imperfecciones, todos disfrutamos.
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