24 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,234
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Los cabos sueltos en el asesinato del senador Darío Gómez

Las pruebas de balística que se le hicieron a los casquillos encontrados en el lugar del crimen, cinco en total, revelan que dos de ellos salieron del arma del legislador, una metralleta marca Uzi



En el caso del asesinato del senador Darío Gómez hay muchos cabos sueltos y las respuestas a las interrogantes sobre el móvil del crimen aún no están muy claras.

La Policía Nacional presentó el pasado domingo a cuatro reconocidos delincuentes que confesaron haber cometido el hecho. La esposa del malogrado legislador, quien también se encontraba presente en la rueda de prensa, identificó a uno de los homicidas y dijo que al momento del asalto a la residencia del comerciante Martín Durán éste la sujetó y echó a un lado.

De acuerdo a las declaraciones dadas a la prensa por testigos, los hombres irrumpieron en la casa del comerciante y uno de ellos llamó por su nombre al senador. Se oyó claro “Darío Gómez”… y le apuntaron con el arma, lo que provocó que el senador se levantara de su asiento y enfrentara a su agresor tratando de quitarle el arma. Los disparos comenzaron a sonar.

En las confesiones que hizo uno de los detenidos, Carlos Manuel Gerónimo Alfonseca, quien dijo ser el cabecilla de la banda Los Collares, él y sus acompañantes salieron de sus casas con el objetivo de robar. Dijo que recorrieron varias zonas de la capital y no encontraron nada. Decidieron entonces ir a la zona oriental y al pasar por la calle Cuarta número 15, del sector Vista Hermosa, encontraron una yipeta estacionada en la calle y un portón semiabierto. Allí estaba el senador Gómez junto a su esposa Marina Mercedes, quienes habían ido a felicitar al comerciante Durán que cumplía 72 años el día siguiente.

Los delincuentes entraron a la residencia y apuntaron sólo al senador. En la casa había ocho personas, de acuerdo al testimonio del comerciante Martín Durán.

En una breve conversación con esta reportera, Durán comentó que “lo de aquella noche fue un campo de batalla en ese rinconcito”, señalando el lugar donde estaba sentado el legislador.

LA HIPÓTESIS DE ROBO
Se ha dicho que el móvil de la tragedia fue el robo, sin embargo cuando malhechores se aprestan a penetrar algún local comercial o residencia para robar el patrón que utilizan es el de apuntar a todo el que esté presente, es decir, amedrentar y desprender a las víctimas de prendas, dinero y cargar con objetos de valor, si los hay, del lugar de los hechos. En este caso, la esposa del senador, Marina Mercedes, se quitó sus prendas y las entregó a uno de los delincuentes, quien minutos más tarde las dejó en el lugar. En ningún momento los testigos dijeron que se trató de un robo, por el contrario, se comentó lo de las prendas de la señora Marina Mercedes y se comenzó a descartar esa hipótesis.

Otro detalle que no está muy claro es con relación al arma del senador. En las declaraciones dadas a la prensa por los testigos se dijo que el arma de Darío Gómez nunca fue usada, porque estaba en la yipeta. Se sostuvo siempre que el chofer, Rubén Espinal, intentó buscarla en el momento en que los delincuentes disparaban, empero uno de los homicidas lo aguantó, le propinó un golpe en la cabeza y otro le dio un disparo en el muslo. El chófer está fuera de peligro.

LAS INTERROGANTES
Sin embargo, las pruebas de balística que se le hicieron a los casquillos encontrados en el lugar del crimen, cinco en total, revela que dos de ellos salieron del arma del legislador, una metralleta marca Uzi. Esta información fue suministrada a [A]HORA por un informante, cuyo nombre nos reservamos.

¿Quién tomó, entonces, esa arma y disparó? El arma fue encontrada en poder de los delincuentes, según la Policía. ¿Cómo la obtuvieron los delincuentes, si éstos no permitieron que nadie se acercara a la yipeta? ¿Quién abrió la yipeta del senador?

Pero lo más insólito es la sangre a la altura de la rodilla que aparece en los pantalones de Carlos Collar ¿De dónde salió? ¿Fue que no tuvo tiempo de quitarse el pantalón? Porque él dijo que fue herido la noche del atentado. Además, no daba muestras de dolor, ni incomodidad por la herida… Esas son interrogantes que mucha gente se hace y a las que sólo la Policía Nacional podría dar respuesta en su debido tiempo.

Esta tragedia no parece ser el resultado de un acto delincuencial común, por la forma en que sucedieron los hechos. Es claro que el objetivo era el senador Darío Gómez y que los homicidas fueron precisos en lo que buscaban. Todos estaban armados y, por demás, los proyectiles disparados eran semiblindados, los cuales son utilizados por criminales para hacer mucho daño. Estos proyectiles cuando son disparados se abren como una roseta de maíz.

Pero aquí no terminan las interrogantes. La más preocupante es que uno de los asesinos presentados el domingo por la Policía Nacional había sido condenado en el 1997 a 30 años de cárcel por la muerte del comerciante Pedro Pérez del Rosario, hecho ocurrido el 3 de junio de 1994.

Ernesto Meléndez Vásquez, conocido como Chino, de 32 años, se negó a hablar a la prensa y se mantuvo cabizbajo. El caso de este joven delincuente despierta muchas suspicacias en el entendido de que éste fue condenado a 30 años de prisión por la Cuarta Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia y que de repente aparece como uno de los cómplices del crimen contra Darío Gómez.

La Policía Nacional, luego de una “profunda e intensa búsqueda”, según relata la nota de prensa dada a conocer por la institución, logró apresar a los autores del abominable hecho. Los detenidos son Domingo Daniel Minaya (Domingo a Ford o El Mago, de 35 años); Carlos Manuel Gerónimo Alfonseca (Carlos Collar o King, supuestamente de 19 años); Ernesto Meléndez Vásquez (Chino), de 32 años; Ramón Antonio Rosario Taveras (El Gringo, de 22 años) y Pedro Urbano Piña (Kelly, de 23 años).

Todos admitieron haber baleado al senador Gómez y a su chofer Espinal ese martes 11.

Los investigadores recuperaron en poder de los detenidos una pistola FM-HI Power, número 397119, propiedad del senador, así como dos pistolas de juguete, de color negro, que fueron dejadas abandonadas en la azotea de una vivienda en el barrio de Guachupita.

La Policía, se dijo, pudo dar con los homicidas cuando uno de ellos confesó a su mujer que había participado en ese hecho. La joven se lo habría comentado a una prima, y la prima se lo dijo a otra persona en el barrio Guachupita.

El jefe de la banda Los Collares, y quien actuó encapuchado, fue sometido a la justicia el 22 de junio de 1999 por la muerte de Julio César Soto y el marinero Luis Ramón Báez Valenzuela, adscrito a la Amet.

El Chino había sido sometido a la justicia en varias ocasiones y sentenciado a 30 años de prisión en el 1997. Domingo La Ford también había sido sometido a la justicia por distintos atracos y asaltos a mano armada, así como robo de vehículos, 200, según la Policía. (ET)


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