Rafael Peralta Romero
Dos noticias sobre sexo
Las reclusas de la cárcel preventiva de Najayo fueron noticia recientemente porque se amotinaron reclamando trato igualitario con los presos masculinos en cuanto a relaciones sexuales. Eso, al menos, dijo el señor Ismael Paniagua, alcaide de la prisión. Posteriormente las detenidas negaron que fuera ésta la causa de su rebeldía.
Un cable de la agencia EFE fechado en Sao Paulo y publicado discretamente en la prensa dominicana, da cuenta de que los habitantes de Esperantina, un remoto municipio del noreste de Brasil dedicarán un día de año ( 9 de mayo) a reflexionar sobre el orgasmo, por una disposición del gobierno municipal.
La insólita jornada consigna la agencia española de noticias- tendrá como objetivo tratar de descubrir formas para que los 35,000 habitantes de Esperantina puedan mejorar su desempeño sexual, considerado catastrófico por los concejales, quienes se basaron en un estudio hecho por estudiantes de la Universidad del Estado de Piauí, según el cual apenas 28.7 por ciento de las mujeres del municipio llegan al clímax en sus relaciones sexuales.
En el plano local, el funcionario judicial citado defendió su decisión de prohibirle a las reclusas sostener relaciones sexuales en el penal, acción que sí es permitida a los hombres. Las visitas conyugales son un logro de una concepción moderna y justa de la política penitenciaria. Ismael Paniagua alegó para defender su actitud, el problema que representan los embarazos entre las prisioneras.
Hay una evidente contraposición entre la actitud de las autoridades de la cárcel de Najayo y las del municipio brasileño mencionado, en lo que respecta a la sexualidad, como necesidad de las personas. No siempre ocurre que la práctica sexual se vea como algo propio de las personas y resulta una de las acciones más sujeta a la hipocresía y la simulación.
Una publicación posterior contradice la primera versión y plantea que la causa del amotinamiento no fue la falta de sexo, sino los abusos que padecen las reclusas. Ellas quieren también agua potable, medicamentos y otros requerimientos propios de los seres humanos, no importa su condición jurídica.
En otras ocasiones, autoridades nacionales, sobre todo de la Policía Nacional, se han ufanado al mostrar como logros de su gestión el despojo de artículos personales usados por presidiarios para hacerse más ligera su permanencia en prisión. Entre los bienes incautados siempre aparecen televisores, radios, abanicos y cosas similares.
Quien guarda prisión, no importa el delito por el que haya ido a la cárcel, pierde algunos derechos civiles y políticos, pero no pierde la condición humana. Una concepción justa y adecuada de la dirección de un centro carcelario, implica necesariamente que los detenidos tengan de qué ocuparse: trabajo, diversión, lectura,
Sexo y deporte han sido considerados, junto a la terapia ocupacional, como vías de escape para hacer más llevadera la prisión. Bastará con privar a la gente de su libertad para que purgue su culpa. La confortabilidad del recinto carcelario no le resta la condición de prisión, pero sí puede contribuir a menoscabar la dignidad de las personas afectadas.
Cuando las reclusas de Najayo dieron una declaración posterior al amotinamiento y aclararon que no fue en demanda de sexo que hicieron su manifestación violenta, señalaron que con ello se buscaba desacreditarlas. Porque reclamar un derecho de ese tipo, en una sociedad como la nuestra, permeada de fingimiento, es causa de vergüenza.
El instinto sexual es connatural en las personas. Los concejales de Esperantina lo tomaron tan en cuenta que entre las motivaciones de su resolución para declarar un día de reflexión sobre el orgasmo, consideraron que las dificultades para llegar al orgasmo constituyen un problema social, pues provocan crisis conyugales, separaciones y traiciones.
Carlos Gustavo Jung, un siquiatra suizo discípulo de Freud, planteó con anterioridad algo similar. El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre: está relacionado con la más alta forma de espíritu, dijo.
Un hombre o una mujer podrá ser indiferente o apático respecto de la política, de la naturaleza, del arte, del origen del mundo, de la relación con la divinidad, de las desgracias que afectan a los otros, o frente a cualquier otro elemento de los que suelen llenar su vida la mayoría de las personas. Pero resultará muy difícil que persona alguna logre emanciparse plenamente del influjo del sexo. Por más displicente que se muestre, ignorar el impulso erótico le resultará trabajoso.
Durante mucho tiempo, sin embargo, hemos pretendido ocultar esta realidad y forjamos patrones de conducta que nos sirven de máscara para cubrirnos el rostro en la actuación. Lo que pasa con las reclutas de Najayo guarda relación con este comportamiento.
Al respecto vale citar el señalamiento de la Sociedad Dominicana de Sexologia: Un ser humano cuya sexualidad no esté satisfecha, tiende a mostrarse agresivo, irritable, depresivo e incluso se afecta su capacidad productiva.
|

|
Otros
articulistas
Max Puig
Los partidos políticos
en la encrucijada
Guillermo Moreno
¿Un nuevo pacto PLD-PRSC?
Miguel Febles
Más sobre la gobernabilidad
|