Guillermo Moreno
¿Un nuevo pacto PLD-PRSC?
Veintiocho días apenas habían transcurrido desde la muerte del Profesor Juan Bosch, cuando se produjo la reunión del Dr. Leonel Fernández con el Dr. Joaquín Balaguer, en la residencia de este último.
¿Qué razones tan poderosas pueden llevar a la cúpula peledeísta a buscar muevo acercamiento con el Dr. Balaguer, cuando a menos de un mes todos derramaban lágrimas sobre la tumba del líder, proclamando ser fieles a sus ideas y a su conducta política?
Ha trascendido que el propósito de la visita del Dr. Fernández no fue otro que explorar un nuevo pacto entre el PLD y PRSC para las elecciones congresionales de mayo del 2002. El objetivo sería que, por efecto de la alianza de ambos partidos, el Congreso y los ayuntamientos pasen al control de la oposición, desplazando el dominio que sobre ellos tiene actualmente el PRD.
Es decir, se trata de un acuerdo puramente electoral, hecho sobre la base de llevar los candidatos que puedan ganar, y no por un acuerdo programático y con propósitos nacionales trascendentes.
Es indudable que el PLD se aparta notablemente de la ortodoxia política boschiana. Bosch, durante décadas confrontó al Dr. Balaguer y su concepción clientelar de la política, su visión de mantenerse o acceder al poder a toda costa, y sobretodo, ir al poder a servirse de él, y no a servir desde él. Bosch fue reiterativo en su política de alianzas. Estas tenían sentido si las mismas garantizaban no llevar nuevas o peores frustraciones al pueblo. Así se comportó al desbaratarse el Bloque de la Dignidad Nacional. Así actuó cuando rechazó ir aliado al Dr. Peña Gómez en las elecciones del 1990. En uno u otro caso, estas rupturas supusieron su no ascenso al poder. Pero en Bosch, de qué servía acceder al poder maniatado, para luego tener que repetir desde allí lo mismo que se combatía desde la oposición.
El simple asomo de este nuevo pacto ha removido el avispero político local. La reacción de un sector del Partido Reformista no se hizo esperar y lo rechazó de plano. Piensan que tienen la suficiente fuerza como para ganar por sí mismos, y que lejos de aportarle, el PLD les restaría.
Donde no hubo rechazo, hasta ahora, es en la dirección del PLD. Algunos incluso hasta se muestran jubilosos porque creen que este es el camino seguro para acceder al poder. No se dan cuenta de que un sector de la dirección de ese partido está jugando a suplantar al PRSC como partido de los sectores conservadores del país. Que con ello le dejan al PRD, para sí solo, el escenario de los sectores liberales y democráticos. Cuando eso suceda, de Bosch, sólo quedarán sus retratos en los locales.
No menos interesante ha sido la repercusión del pacto en el PRD. El sector oficial de pronto percibe lo que significaría la gobernabilidad, con la oposición del Dr. Balaguer. Este sector, se apresta a utilizar este argumento para seguir demostrando la necesidad de incluir en la Constitución la reelección presidencial y que es necesario hacerlo ahora cuando se tiene la mayoría congresional porque, conforme su pensar, Hipólito Mejía es el único que puede asegurar el triunfo del PRD. Otro sector del PRD argumenta en sentido contrario. Plantea que la posibilidad del pacto PLD-PRSC, es el fruto de la campaña reeleccionista. Que es mejor dejar las cosas como están, y continuar con los auspicios de la Máximo Gómez 25. Todo lo dicho hasta aquí, debe ayudar al amigo lector a comprender en qué están envueltas las direcciones de esos partidos tradicionales, y porqué no tienen respuestas para enfrentar los graves problemas nacionales. Cuando se refieren a ellos es para culpar al gobierno anterior o para hacer campaña desde la oposición. La verdad es que, en la lógica que domina en esos partidos tradicionales, hay poco espacio, o ninguno, para todos aquellos a quienes verdaderamente les duele esta patria y su futuro. Y mientras tanto, ellos tiene la sartén por el mango. Esa es la principal tragedia nacional.
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