10 de Diciembre del 2001 • Edición número 1,232
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El PRD y el peligro de la división



Los afanes continuistas del grupo fiel al presidente Hipólito Mejía, más las disputas internas por puestos directivos del partido y las candidaturas, colocan al PRD ante una difícil prueba

Por Gustavo Olivo Peña

Los actos de proclamación de las candidaturas de Guido Gómez Mazara y Tony Peña Guaba, efectuados el domingo por separado en el Club San Carlos y en el pabellón de voleibol del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, de alguna manera van a definir la suerte del Partido Revolucionario Dominicano para los comicios del próximo año y los del 2004.

En efecto, el respaldo decidido dado por los grupos de Hipólito Mejía, Rafael Suberví Bonilla, entre otros, a Guido Gómez Mazara para la secretaría general del PRD, habla de diferencias profundas entre el grupo del Palacio Nacional, por demás reeleccionista y continuista, y el sector que encabeza el presidente del PRD, Hatuey Decamps.

Aunque el propio Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo trató de lanzar un ramo de olivo al licenciado Hatuey Decamps, lo cierto es que la mayoría de los discursos estuvieron sesgados por el rechazo al presidenter del PRD, aunque sin citarlo por su nombre. En el acto de lanzamiento de la candidatura de Peña Guaba no fue tan notoria la presencia de altos funcionarios, y el secretario de la Juventud aprovechó para enrostrar a sus competidores un alegado uso de los recursos del Estado.

Lo que en estos momentos vive el PRD es una intensa lucha entre los grupos que se disputan los cargos de dirección, sobre todo la secretaría general, y las candidaturas para las elecciones del próximo año y las del 2004.

Pero, contrario a las históricas batallas políticas grupales entre perredeístas, en esta ocasión no existe un líder que pueda persuadir a los cabezas de grupos para que depongan actitudes extremas y se avengan a lo más conveniente para el Partido Blanco.

Y como si las rebatiñas por los cargos públicos y empleos que dependen de la voluntad del presidente Hipólito Mejía y sus funcionarios no fuesen suficientes, recientemente el grupo perredeísta que controla el Palacio Nacional se lanzó a una loca carrera por la reelección y el continuismo.

Al malestar generado por el reeleccionismo se une ahora la carrera por los cargos directivos, y sólo a la secretaría general hay cuatro aspirantes: Rafael -Rafa- Gamundi Cordero, Carlos Gabriel García, Guido Gómez Mazara y Tony Peña Guaba.

Del comportamiento que asuman los dirigentes que encabezan grupos dentro del PRD dependerá en gran medida la suerte del Partido Blanco, es decir la posibilidad de conservar gran parte del poder que el pueblo le otorgó en 1998 y en el 2000.

RELACION PARTIDO-GOBIERNO
A partir de ahora se hará evidente el deterioro que habrá de sufrir las relaciones entre el Gobierno y el PRD, que hasta el estallido del presente conflicto habían sido armoniosas.

Contrario a lo ocurrido en los gobiernos de Antonio Guzmán (1978-1982) y Salvador Jorge Blanco (1982-1986), contra los cuales del PRD protagonizó la oposición, hasta el momento los principales dirigentes perredeístas que no están en la administración del Presidente Mejía han sido colaboradores y respetuosos.

La actitud asumida por Hatuey Decamps, Enmanuel Esquea Guerrero, entre otros, ha sido la de señalar los que han considerado errores del gobierno de su partido, pero no se han constituido en opositores tremendistas ni en críticos mordaces.

Pero en política, más que en cualquier otra actividad humana, la igualdad de condiciones es fundamental para mantener la armonía en las relaciones entre parciales y entre contrarios.

Por tanto, si los dirigentes no alineados con el Palacio Nacional se convencen de que el apoyo dado por el gobierno al docto Gómez Mazara o a cualquier otro candidato a cargos directivos o puestos en el Estado pone en peligro su propia influencia en la organización, habrá que esperar que luchen para evitar el triunfo oficialista en las convenciones para cambiar los cuadros directivos y en las primarias para elegir candidatos.

Aunque no cuenten con candidatos favoritos en todos los casos, está claro que los dirigentes no afectos al Palacio Nacional optarán por apoyar a quienes puedan competir con mayor éxito frente a aquellos que apoye la casa de gobierno.

Además de resquebrajar y debilitar internamente al PRD, esta competencia desmedida por cargos directivos y candidaturas a puestos en el Congreso y los ayuntamientos llevará a que la mayoría de los funcionarios descuiden sus responsabilidades en el Estado, y el Gobierno termine perdiendo popularidad.

Un gobierno impopular podrá imponer candidatos para el Congreso y los ayuntamientos, porque siempre será más fácil en estos casos que cuando se trata de la candidatura presidencial, pero éstos cargarán con la impopularidad de esa administración, tendrán que luchar muy duro para poder vencer a la oposición.

Y si el PRD no hace un buen papel en los comicios congresionales y municipales del próximo año, los disgustos internos le dificultarán la lucha por mantener el poder en las elecciones presidenciales del año 2004.

Esta posibilidad habrá que tomarla en cuenta sobre todo si el oficialismo termina por imponerse en las primarias para elegir el candidato presidencial.


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