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Reflexiones sobre soledad
y poder
Pero no es asunto de mal carácter. Franz Schubert era un tímido y transigente personaje y también dejó escrito: "Dichoso aquel que encuentra un amigo verdadero".

Por Jacinto Gimbernard Pellerano
Un distinguido periodista me refiere admirado una frase de Gabriel García Márquez. El novelista colombiano habría dicho que la soledad de la gloria sólo es comparable con la soledad del poder. Lo primero que me vino a la mente fue el recuerdo de un bellísimo dibujo realizado en ese peculiar estilo que une la caricatura con el minucioso diseño, estilo que alcanzó espléndidos logros en las portadas del Saturday Evening Post y en los diseños femeninos de Vargas para Playboy. Aquella ilustración presentaba a un poderoso magnate entrado en años, grueso, rozagante y espléndidamente trajeado, con flor en el ojal, ante un enorme escritorio. En cada pierna tiene sentada a una despampanante secretaria. Un joven acaba de entrar en la oficina y está boquiabierto. El pie del dibujo dice: Mi primera lección para prepararte para ocupar mi puesto, hijo mío, es que eso de la soledad del poder, no es más que un cuento.
No le mencioné el asunto al periodista, pero me ha estado dando vueltas lo de la soledad del poder. Creo que la soledad viene como un monstruo fiero cuando se pierde el poder. Cualquier tipo de poder.
Pienso que la soledad de la gloria, de la celebridad, de la gran fama, a la que se refería García Márquez, tiene aspectos más terribles y más auténticos que los de la cantaleteada soledad del poder material, físico, político o empresarial. Es que la celebridad, la gloria del reconocimiento a lo que realiza una persona, no desde la posición transitoria de un cargo, sino desde la perennidad de una función creativa, no tiene respiro, no tiene descanso, no cesa hasta la muerte. Los grandes y afamados artistas son, mientras viven, grandes solidarios.
Beethoven, en una carta a Bettina von Arnim (1810) le decía "Yo no tengo un solo amigo; debo vivir por mí mismo". Se podría argumentar que Beethoven tenía mal carácter y además él creía que la verdadera amistad sólo puede basarse en la conexión de naturalezas semejantes. Así lo escribía en su Diario (1812-1818), y él, consciente de su valía ¿a quién iba a encontrar con "una naturaleza semejante" a la suya?
Pero no es asunto de mal carácter. Franz Schubert era un tímido y transigente personaje y también dejó escrito: "Dichoso aquel que encuentra un amigo verdadero".
Los creadores exitosos no tienen amigos. Viven siempre solos. Si tienen suerte, con la sola compañía de una mujer comprensiva, empapada de amor y respeto por su compañero. En cuanto a las mujeres exitosas, desgraciadamente su soledad es aún más compleja, porque si no son lesbianas y encuentran un amor femenino reverencista y consecuente con las necesidades vitales suyas, difícilmente encuentren un hombre que asuma un rol de apoyo, comprensión y paciencia ante el oleaje que golpea, a veces furiosamente, las realidades esenciales de un artista creador.
El amigo periodista me contaba que cuando le tocó cubrir los detalles del cambio de mando presidencial en 1978, cuando el Presidente Balaguer perdió las elecciones y tuvo que entregar el poder al Presidente Electo Antonio Guzmán, le impresionó la soledad de aquel hombre hermético, que había gobernado como un emperador durante doce años. Sólo un automóvil de escolta lo acompañaba. Más que su figura, se veía su soledad, su condición de abandonado. No más enjambre de militares con quepis rameados, incapaces de una sonrisa, que superan en inmobilidad facial a los famosos guardias del Palacio de Buckingham en Londres, que los turistas se empeñaban en hacer reir, inútilmente. No más alfombras rojas, ni más reverencias. Ya no es más que un "ex". Y los "ex" no cuentan.
Entiendo que a Mister Clinton ya lo hicieron renunciar a la barra de abogados por haber mentido en el caso Lewinski. Si no renunciaba, sería expulsado.
Es un "ex".
Bueno es que recuerden y tengan presente quienes alcanzan el inmenso poder que aquí tiene un Presidente de la República, la frase que en el ceremonial de la consagración de un Papa se repite tres veces: Reverendissime Pater: Sic transit gloria mundi.
Toda la parnafernalia desaparece cuando termina un mandato presidencial.
El más sorprendente logro del doctor Balaguer, es haber logrado no ser nunca un "ex". Haber conseguido una vigencia a base de gran astucia política.
Y de soledad bien utilizada.
Dentro y fuera del poder.
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