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Alfonso Soriano
Jugar en New York implica algo
"El nativo de San Pedro Macorís definió el ambiente del estadio de los Yanquis como único e inimitable".
Por Juan Mercado
No hay dudas de que el jugador dominicano Alfonso Soriano, de los Yanquis de Nueva York, disfrutó al máximo de su primer año en la Gran Carpa: una campaña envidiable e inolvidable. Durante la misma alcanzó con gran rapidez escalar niveles inesperados, hasta el punto de llegar a sorprender y conquistar con sus buenas actuaciones a la fanaticada más exigente del béisbol de las Grandes Ligas. Alfonso Guilleard Soriano, entrevistado por [A]HORA en la residencia de sus padres en el ingenio Quisqueya de San Pedro de Macorís, sostuvo que durante la campaña en Nueva York presenció muchas cosas que todavía las analiza y les resultan inexplicables. Entre ellas citó el descenso en la calidad de juego de los equipos contrarios al llegar a esa ciudad, la afición de los fanáticos, el poder de la prensa y la velocidad con que se desenvuelven las personas en la vida neoyorquina.
"De verdad que no sé explicar lo que pasa, pero durante la temporada regular y en la pos temporada en las visitas que realizaban los equipos contrarios a nuestro estadio, pude notar que sus jugadores no actuaban de la misma forma como en las demás sedes", explicó Soriano, quien además agregó: "Con esto no digo que sintieran presión, sin embargo, quien se interesó en seguir de cerca el comportamiento de los equipos que enfrentamos en la pos temporada, es decir, Oakland, Seattle y Arizona, sabe de lo que estoy hablando".
Soriano se amparó en los siguientes ejemplos: El equipo de Oakland se presentó con el mejor material humano y en los primeros dos juegos de la serie en su casa lucieron imbatibles; sin embargo, cuando llegaron a Nueva York se desplomaron y de ahí en lo adelante parecieron ser otro equipo. Los Marineros de Seattle, el mejor equipo de la temporada regular con 116 victorias, se flojaron desde el inicio, aunque ganaron el primer y único juego en Nueva York. Por último, los hoy campeones mundiales, Arizona Diamondbaks, no consiguieron ninguna de sus victorias en Nueva York. Por tales razones, fue enfático en afirmar que: "Jugar en Nueva York implica algo".
El estadio de los Yanquis está ubicado en la calle161 Este esquina y avenida River, en el Bronx; funciona desde 1923.
Durante todo ese tiempo ha servido de albergue a legendarios jugadores como Babe Ruth, Mickey Mantle, Joe Dimaggio y otros que hicieron de esa franquicia una dinastía, la cual se mantiene con el pasar de los tiempos. Es más, hay quienes todavía le llaman ser la casa del "Super Baby", en alusión a la figura de Babe Ruth.
Soriano destacó además el ambiente que impera en esa ciudad, donde hay que mantenerse todo el tiempo atento a todo lo que sucede, y hacerlo con cuidado ya que en el momento menos esperado puedes entrar en una línea de fuego. "Cuando juegas en Nueva York debes mantenerte al tanto de todo lo que te rodea, porque de lo contrario y sin darte cuenta puedes estar en el ojo del huracán. Allí no debes descuidarte, la fanaticada y la prensa son muy exigentes, además forman parte decisiva en la vida neoyorquina", explicó Soriano.
Asimismo, agregó que nunca tuvo temor de la ciudad de Nueva York debido a la experiencia que adquirió en Japón, adonde llegó en 1995 a los 17 años, sin saber nada del idioma ni de las costumbres de aquel país del Lejano Oriente. "En Japón enfrenté la dura realidad de vivir como un extraño. Pero me adapté y aprendí que el cariño de los fanáticos se gana con un buen desempeño en el terreno, ya que de lo contrario te sepultan y eso mismo es lo que sucede en Nueva York".
Su carrera
Soriano inició la práctica del béisbol a muy temprana edad en la liga Rufino Linares del ingenio Quisqueya, donde permaneció hasta los 15, cuando decidió marcharse a la de Domingo de la Cruz que dirigía Johnny Campos, quien le ayudó bastante y lo elevó hasta dar el salto al profesionalismo con los japoneses de Hiroshima Toyo Carp, con quienes firmó el 14 de noviembre de 1994. Al año siguiente, participó en la Liga de Verano de la República Dominicana. En 1996 y 1997 viajó a Japón, donde despertó el interés de las organizaciones de las Grandes Ligas estadounidenses. En 1998, con la colaboración de su abogado Don Nomura decidió rehusarse a firmar con los japoneses y buscó a través de un juicio legal su libertad. La consiguió mediante un proceso que calificó como muy difícil y traumático, el cual le apartó del béisbol por siete meses.
Una corte japonesa dictaminó a su favor y por medio de la agencia libre, el 29 de septiembre de 1998, consiguió firmar con los Yanquis de Nueva York un contrato de US$3.1 millones de dólares. En 1999 fue asignado al equipo Norwich, sucursal doble A de los Yanquis donde bateó para promedio de .305, 15 jonrones y 68 carreras impulsadas. Más adelante fue subido al Columbus, la sucursal triple A, y finalizó con el equipo grande de los Yanquis, con quienes debutó el 14 de septiembre de ese año. En el 2000 se pasó todo el año con el Columbus, hasta que fue reclamado por el equipo grande al final de la temporada. Con el Columbus, en 459 turnos bateó para .290, 12 jonrones y 66 impulsadas, incluyendo 90 carreras anotadas, 32 dobles y seis triples.
En el 2001, llegó a los campos de entrenamientos con una meta definida y clara. "No volver a las menores". Así lo hizo desde que comenzó a recibir el chance, luego de una lesión de la estrella del conjunto Derek Jeter. Soriano con su buen desempeño le creó un agradable problema al dirigente Joe Torre, quien le comunicó su intención de dejarlo en el equipo grande, pero le pidió si estaba dispuesto a aceptar ser cambiado de posición y marchar al outfield. "Yo lo único que busco es una oportunidad de quedarme en el equipo no importa en qué posición", le contestó el dominicano.
La suerte de Soriano se centró en los problemas del segunda base titular Chuck Knaublauch, quien no pudo afinar su puntería en los disparos a la primera base, llevando al dirigente Torre darle la posición al dominicano. Desde el inició hasta final Soriano demostró ser un jugador muy especial, finalizando tercero en las votaciones por el premio al "Novato del Año", que ganó el japonés Ichiro Suzuki, de los Marineros de Seattle.
Su actuación durante la temporada no hizo quedar mal a sus dirigentes al finalizar con excelentes registros: bateó para promedio de .268, con 18 jonrones y 73 carreras remolcadas. Logró además 43 bases robadas, 34 dobles y una gran actuación en la postemporada, donde casi hasta el último momento tuvo asegurado el galardón de "Jugador más Valioso" de la Serie Mundial. En definitiva, Alfonso Soriano demostró ser el novato correcto para los Yanquis de Nueva York.
Su familia
Alfonso Soriano nació el 1ro. de julio de 1978, en el ingenio Quisqueya, San Pedro de Macorís. Es el más pequeño de cuatro hijos nacidos del matrimonio de Carlos Guilleard y Andrea Soriano. Cuenta que desde muy temprana edad fue protegido por sus abuelos maternos Cecilio Guzmán y Modesta Soriano, a quienes definió como decisivos en su formación. "Mis abuelos son parte de mi.
Siempre he estado con ellos, aunque actualmente su estado de salud me tiene muy apenado", dijo Soriano.
Sus demás hermanos responden a los nombres de Damary, Julio y Federico, éstos últimos fueron quienes le sirvieron de inspiración para involucrarse en la actividad del bate y la pelota.
"Julio y Federico desde que yo tenía seis años de edad se hacían acompañar de mi cuando iban a jugar al play del ingenio Quisqueya y me inyectaron el virus que produce el juego de béisbol", recordó Soriano, quien además reconoció los aportes de su tío Hilario Soriano, ex receptor de los Tigres del Licey. Alfonso es un buen muchacho, quiera Dios que se mantenga con la humildad que le caracteriza.
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