Guillermo Moreno
¡Cuánta Desvergüenza!
No están blancos aún, en su tumba, los huesos de José Francisco Peña Gómez, y ya una parte de sus seguidores echan por tierra su prédica y su lucha de décadas contra la reelección presidencial.
Juan Bosch y Peña Gómez se opusieron a la reelección, sistemática y tenazmente, por la conciencia que tenían del daño que ésta le causa a la precaria institucionalidad democrática, en un país como República Dominicana.
La reelección presidencial es inaceptable entre nosotros, porque ha prohijado regímenes personalistas, en los que los gobernantes se llegan a creer imprescindibles, colocándose por encima de las instituciones y de las leyes. Porque al aspirar a reelegirse, un presidente que esté en funciones, desde su posición privilegiada, pone el presupuesto del Estado y los recursos del poder, al servicio de su campaña electoral. Además, la reelección estimula a los gobernantes a hacer uso de su poder para cometer grandes fraudes electorales. El atractivo de reelegirse lleva a los gobernantes a crear, a costa del herario público, bolsones de millonarios, entre parientes, amigos y partidarios, con el objetivo de que luego éstos aporten recursos en la campaña reeleccionista, bajo el estímulo de que con el triunfo, duplicarán lo invertido.
En la Constitución del 63, como reflejo de las convicciones democráticas de Bosch y del PRD, quedó prohibida la reelección presidencial, siendo Joaquín Balaguer quien la reintroduce en la Constitución del 1966. Uno de los ejes cardinales de la reforma constitucional del 94 fue precisamente la eliminación de la reelección, punto en el cual, Peña Gómez, fue intransigente.
La vigencia constitucional de la reelección presidencial, fue lo que estimuló a Balaguer a mantenerse en el poder, por 12 años, en un primer período, y por 10 años, en un segundo, sin tener que dar golpes de Estado, sino simplemente organizando, cada cuatro años, los más grotescos fraudes electorales de los que se tengan noticias en nuestra historia republicana.
Bosch y Peña Gómez, junto a la inmensa mayoría de nuestro pueblo, fueron las víctimas, y por eso, la denunciaron y la combatieron sin cuartel por más de tres décadas.
Por todas estas circunstancias es que ha impactado tanto, que un grupo de funcionarios y legisladores del PRD estén propiciando la modificación de la Constitución, para introducir en ella la reelección presidencial. Para sorpresa de todos, los reformistas, esta vez no están de acuerdo. ¡Qué ironías tiene la vida! Los perredeistas ahora son reeleccionistas, mientras los reformistas son antirreeleccionistas.
Pero hay mucho más. Esta es una acción de la tendencia del PRD que hoy gobierna. Su objetivo no es otro que mantenerse, como grupo, a toda costa, en el control del poder. Lo que buscan es evitar que otro candidato dentro del sector oficial (Milagros o Suberví), o de otra tendencia dentro del PRD o el candidato de un partido distinto, pueda ganar las elecciones del 2004. Se trata de oportunismo político a ultranza porque en función de sus conveniencias, están dispuestos a aprovechar la mayoría de que hoy disfrutan dentro del Congreso para modificar nuestra Carta Magna. Ni piensan ni les importa el daño que con ello le hacen a su partido y al país. Su ego y sus intereses de grupo, no se lo permite.
En este bajo mundo político, si la tendencia oficialista dentro del PRD se sale con la suya e introduce la reelección en la Constitución, el presidente se convierte en el seguro político de este sector. Hipólito Mejía, hasta ahora, por lo menos públicamente, ha rechazado la reelección, aunque no deja de llamar la atención que se haya visto precisado a escribir una declaración pública para distanciarse de lo que están haciendo sus seguidores, quienes por demás son subordinados suyos y a quienes, inexplicablemente mantiene en sus cargos, a pesar de comprometer su imagen y credibilidad con la propuesta de la reelección, por ser él su beneficiario directo.
Cuando este sector oficialista tenga la puerta abierta para la reelección, entonces centrará su campaña en que Hipólito Mejía es el único que puede asegurar el triunfo al PRD. En ese momento, no es previsible si el presidente resistirá la presión de su entorno directo y de un importante sector de las bases, para que, en aras de que el partido continúe en el poder, se sacrifique 4 años más. Una premisa importante de esta estrategia es apuntalar a Leonel Fernández como líder de la oposición. Si el liderazgo de éste se desmorona, a propósito de los expedientes de corrupción de su gobierno, no habría justificación para apelar a la necesidad de la candidatura de Hipólito Mejía.
Esta no es la primera vez que se intenta restituir la reelección. En el gobierno anterior no faltó ni la intención ni la gestión, incluyendo tratativas para la compra de legisladores, y si no se produjo, en palabras del Presidente del Senado de la época, fue por falta de pantalones. Estamos ante una prueba más de la crisis de legitimidad que abate al sistema de partidos tradicionales y con ellos a nuestro sistema político.
¿Es que vamos a permitir que estos personajes nos sigan robando el único país que tenemos? Parece necesario que las conciencias activas de la nación se movilicen. El silencio o la indiferencia es el caldo de cultivo para que triunfe este tipo de despropósito. Es tiempo ya de detener a estos mercaderes de la política, cuyas ambiciones desmedidas, comprometen seriamente el futuro de nuestra democracia.
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