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El reeleccionismo podría hundir al PRD
Al parecer el continuismo nunca estuvo ausente de los planes del Presidente Mejía y de sus adláteres dentro y fuera del PRD
Por Gustavo Olivo Peña
La aventura reeleccionista, protagonizada por el presidente Hipólito Mejía y sus seguidores perredeístas y del denominado Proyecto Presidencial Hipólito, podría provocar la división del Partido Revolucionario Dominicano y la derrota en los comicios presidenciales del año 2004.
La semana pasada los medios de información colocaron como noticia principal la aprobación en el Senado del proyecto de reforma de la Constitución de la República con un nuevo ingrediente: se permitiría la reelección presidencial por un período consecutivo.
Como era de esperarse, la noticia provocó revuelo dentro y fuera del oficialista Partido Revolucionario Dominicano.
El hecho de que a la sesión en donde se aprobó en primera lectura, el martes 20, asistieran y se mantuvieran como atentos observadores dos de los funcionarios más cercanos al Presidente - el secretario de Agricultura, Eligio Jáquez, y el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Guido Gómez Mazara - viene a confirmar lo que se había repetido hasta el hastío en los corrillos políticos: el Presidente Mejía tanteaba la posibilidad de buscar la reelección.
El miércoles el Senado aprobó de nuevo, esta vez en segunda lectura, el proyecto, y la reacción del Presidente Mejía fue la de quien no da mucha importancia a un hecho. El mandatario se limitó a una declaración escrita que fue leída por su vocero oficial en el Palacio Nacional, Luis González Fabra, en la cual reiteraba que no estaba detrás de los planes reeleccionistas que sustentaban funcionarios y legisladores.
Pero la suerte está echada, ya es tarde para dar marcha atrás, y el Presidente Mejía y sus funcionarios no pueden seguir negando que el continuismo es parte consustancial de la presente administración perredeísta.
A PARTIR DE AHORA
Habría que pensar hasta qué punto el Presidente Mejía y sus más cercanos colaboradores en su gobierno, en el Proyecto Presidencial Hipólito y en el Partido Revolucionario Dominicano midieron los efectos de sus acciones políticas.
El primer escenario para atisbar los posibles efectos futuros del proyecto reeleccionista es el PRD. El Partido Blanco históricamente ha estado opuesto a la reelección. Es entendible esta oposición histórica al continuismo personalista, porque el PRD se fundó el exilio en 1939, en pleno apogeo de la dictador trujillista, y después tuvo que enfrentar otra dictadura fruto del golpe de Estado contra el líder perredeísta Juan Bosch. Más adelante tendría que luchar contra el continuismo y el autoritarismo del presidente Joaquín Balaguer (1966-1978), continuismo que se renovaría de 1986 a 1994.
Pero si ya no fuese tan importante en el perredeísmo oponerse al reeleccionismo por convicción y principios (después de ciertos pactos, canciones con los brazos en alto y amarraderas de chivas, uno no sabe si quedan principios, perdidos por ahí en algunos resquicios de nuestros partidos), está el hecho cierto de que la reelección atenta contra las aspiraciones presidenciales legítimas de los más importantes dirigentes del PRD.
Está claro que Hatuey Decamps, Milagros Ortiz Bosch, Enmanuel Esquea Guerrero, Rafael Suberví Bonilla, José Rafael Abinader, por ejemplo, no se cruzarán de brazos ante el intento reeleccionista de los hipolitistas.
Y esta oposición que habría de venir de los señalados dirigentes y sus seguidores en el PRD sería entendible no sólo por la competencia interna que existe en todo partido político, sino porque sus seguidores no se sentirían a gusto embarcándose en una campaña electoral para dejar en el poder a los mismos dirigentes a los que ahora acusan de no dar participación en igualdad de condiciones a todos los perredeístas.
Un de las críticas más comunes de las bases perredeístas hacia el gobierno del Presidente Mejía es que ha dado mayor participación e influencia a los recién llegados al perredeísmo vía el PPH o el llamado Sector Externo, ambos grupos dirigidos por amigos y parientes del mandatario, y no por dirigentes del PRD.
GANADORES Y PERDEDORES
El presidente del PRD, Hatuey Decamps, calificó la intentona reeleccionista de los hipolitistas como un "duro golpe" al gobierno, al Partido Blanco y a la propia institucionalidad de la República Dominicana, porque a su juicio los legisladores buscarán a cambio la extensión de su período constitucional más allá del año 2002.
La vice presidenta Milagro Ortiz Bosch, que reaccionó un día después, declaró el jueves que lo que habían hecho los legisladores constituía una "tragedia nacional".
Rafael Suberví Bonilla favoreció el proyecto, y argumentó que no es cierto que la oposición a la reelección sea una cuestión de principios en el PRD.
Las reacciones de los dirigentes perredeístas revelan que si finalmente se reforma la Constitución y se aprueba la reelección con efecto retroactivo para fines particulares del Presidente Mejía, dentro del PRD no será tan fácil para los hipolitistas lograr sus propósitos continuistas.
Incluso en el caso de Suberví Bonilla, que se ha mostrado de acuerdo con la reelección, no quiere decir exactamente que quiere la reelección del actual mandatario. Podría ser que Suberví esté pensando en sus propias posibilidades futuras de convertirse en presidente con la oportunidad de reelegirse.
Por el momento han salido ganancioso en este conato de crisis el presidente del PRD, Hatuey Decamps, porque ha logrado sumar opiniones similares, como las de Milagros Ortiz Bosch.
Si bien es cierto que no se puede adelantar la materialización de un pacto formal entre Decamps y Ortiz Bosch, no es menos cierto que, de alguna manera esta coincidencia de criterios contra la reelección neutraliza la posibilidad de un acuerdo político de milagristas e hipolitistas en el futuro inmediato. Decamps, que al igual que Enmanuel Esquea Guerrero, decidió no ir al gobierno para concentrarse en el afianzamiento de su liderazgo dentro del PRD y en sus aspiraciones presidenciales, es visto en estos momentos como el principal interlocutor, el principal líder contestatario frente al gobierno, tanto dentro como fuera del perredeísmo.
Probablemente estén pensando en apoyar a Decamps, a Ortiz Bosch o a Enmanuel Esquea Guerrero los sectores perredeístas que se habían mantenido al margen de las luchas grupales, pero que siempre han rechazado la idea del reeleccionismo. Se trata de esos perredeístas de voto duro, que votan por el candidato que escoja su partido, sin involucrarse en la competencia interna previa a las elecciones nacionales.
De la misma manera, la vice presidenta Ortiz Bosch, que hasta el momento había mantenido una prudente cercanía con el Presidente Mejía, ha marcado distancia con sus pronunciamientos anti reeleccionistas y ha enviado una clara señal a sus seguidores.
En estos momentos los milagristas en el PRD saben que sus afectos no están ni deben estar con quienes apuestan a la reelección, y como la gente de Suberví Bonilla simpatizan con lo aprobado por los senadores, es lógico pensar en un acercamiento entre Decamps y Ortiz Bosch. En consecuencia, la vicepresidenta Ortiz Bosch y el presidente del PRD, Decamps Jiménez, y el doctor Esquea Guerrero probablemente estén cosechando desde ahora los frutos del error político de los hipolitistas.
UNA BATALLA MAS DIFICIL
Si finalmente se aprueba la reelección entonces el Presidente Mejía tendría que derrotar a sus competidores dentro del PRD.
Quizás el error de los seguidores de Mejía resida en que no han tomado en consideración que el 70 por ciento de respaldo que recibió de los perredeístas en las primarias para las elecciones del 2000 no se mantiene intacto y fiel, ni se mantendrá para el año 2004.
En el PRD, históricamente ha sido así, las bases apoyan a quien entienden que puede ganar con mayor facilidad unas elecciones presidenciales. Pero tan pronto el partido llega al poder se comienza a observar a otros potenciales candidatos, y en esa medida se va mudando la simpatía de los perredeístas.
Así ocurrió con Antonio Guzmán, quien ganó las primarias para los comicios del 1978, pero no pudo garantizarle el triunfo a su candidato Jacobo Majluta, quien fue derrotado por Salvador Jorge Blanco. De igual manera, Jorge Blanco no pudo traspasar su popularidad a José Francisco Peña Gómez, quien fue derrotado por Majluta para los comicios del 1986.
Pero, además, se olvidan los hipolitistas que, si su hombre consigue de nuevo la candidatura presidencial, tendrá que enfrentarse a una campaña electoral más cruenta y descarnada que la del 2000.
Los chistes y salidas repentistas del agrónomo Mejía no serán celebrados y aplaudidos por tratarse de algo novedoso, auténtico. En la campaña del 2004 se hablará de corrupción, y las acusaciones tocarán muy de cerca al equipo de gobierno que ocupa el Palacio Nacional.
Cuando se hable de los robos del PEME, de los grado a grado y de otras barbaridades de la administración peledeísta, los dirigentes del PLD y del PRSC tendrán mucho que enrostrar al Presidente Mejía y al PRD.
Claro que ya nadie podrá presumir de limpieza y transparencia, ni se podrá dividir al país entre peledeístas y corruptos; más bien se tratará de una guerra de acusaciones acerca de quién robó más, quién permitió mayor impunidad, quién protegió más a los saqueadores del Estado.
¿Creerá la población al agrónomo Mejía, al candidato Mejía, cuando repita que él es un hombre de palabra? ¿En dónde habrá quedado la promesa de no lanzarse a la reelección?
El genial humorista mexicano Mario Moreno creó un personaje emblemático en la cinematografía de habla hispana: Cantinflas.
De aspecto descuidado y pobretón, la figura del "peladito" Cantinflas se hizo famoso entre los hispanoparlantes por su capacidad de hablar mucho sin decir nada. De esa manera la palabra "cantinflismo" vino a ser sinónimo de nominalismo, de palabrerías sin sustancia.
Y cantinflismo, y no otra cosa, ha sido el discurso del grupo de dirigentes perredeístas que gobierna desde el 16 de agosto del año 2000.
Se habló mucho durante la campaña electoral; se siguió hablando mucho en los tres meses de la transición, y se ha continuado hablando sin parar desde el Palacio Nacional y dos o tres secretarías e instituciones descentralizadas del Estado.
Talvez no sea ocioso pensar que este proceder viene a darle el sentido exacto a la expresión "soy un hombre de palabra", es decir de hablar mucho, no de cumplir con lo prometido. ¿O dónde quedó la promesa de irse a la casa tan pronto terminase el período constitucional 2000-2004?.
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Rafael Santos
Candidato a diputado por el PRD
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